Su Opinión
Arturo
Nuevos Disparates de Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa cree que hay dos tipos de izquierda en Latinoamérica (según la prensa
internacional) y que son la "democrática" y la "prehistórica", esta última representada por
Hugo Chávez y Evo Morales.
"Hay un ala izquierda positiva y democrática en Chile, Brasil y Uruguay, comprometida con
políticas de mercado. Pero hay también un ala izquierda que es prehistórica, la de Hugo
Chávez y Evo Morales", dijo Varguitas al Folha de Sao Paolo, feroz representante de las
políticas de mercado, fue citado por EFE, formidable agente de esas políticas, y todos son
citados aquí por mi muy humilde persona, hincha eterno del Bolívar.
Según Varguitas y esos titanes de la prensa "independiente",  Alan García ganó las
elecciones en el Perú porque se basa en un programa de izquierda democrática.
"Eso hizo que muchos que no eran seguidores de García, como yo, votaran por él", dicen
que dijo Varguitas.
Este disparate tan simpático me lleva a copiar mi nota de hace unos meses sobre el
monstruo ese de García,  nota que titulé sin vacilaciones como "Alan García, Asesino", y  es
como sigue.
---¿Están todos locos en el Perú? Solo así se explica el triunfo electoral de Alan García.
García comentó en su momento que la presencia de Hugo Chávez en la reunión de Iguazú
(en el norte de la Argentina) y en apoyo de Bolivia, fue "una pistola que apunta a la cabeza
del Brasil".
El comentario es notable porque viene de un experto en "balazos a la cabeza" en nuestro
continente. Haremos bien en recordar algunos crímenes de su primera presidencia.
El más feroz fue, sin duda, la bárbara masacre cometida el 18 de junio de 1986 en las
cárceles limeñas, cuando fuerzas especiales de la marina peruana invadieron El Frontón, la
penitenciaría de San Pedro en Lurigancho y la cárcel de mujeres de Santa Bárbara en El
Callao. Los criminales ignoraron la resistencia de los gobernadores de estas cárceles y,
cumpliendo órdenes directas del entonces Presidente García, asesinaron a 120 presos con
sendos disparos en la nuca e hirieron a otros 20.
García es también directo responsable de la tortura y el asesinato de 17 peruanos cuyos
nombres no se ha perdido, a diferencia de tantos otros: Robinson Martín Silva Mori, José
Ignacio Escobar, Garnelo Escobar, Juan Pablo Carbajal, Maria Zavalaga, Armando
Huamantingo, Hugo Bustio Saavedra, Pedro Jorge Navarro, Walter López Loyola, Eleodoro
López Ballardo, José War Mounts, Mamerto Huamani Chillcce, Rina Mamani Checuari,
Gregoria Yucra, Ignacio Pizarro Najarro, Andrés Gutierrez, Julio Najarro Palomino, Tito
Ramírez Remond, Dolphin Ortiz Serna, Teofilo Rimac y Lino Right Guevara.
Los 17 fueron asesinados durante el primer régimen de Alan García, todos con balazos en
la nuca.
Debemos recordar también las masacres de Pucayacu, Accomarca, Umaru, Bellavista,
Parcco, Pomatambo, Cayara, Santa Ana, Pampamarca, Chumbivilcas y Calabaza.
Anotemos:
Pucayacu: dos campesinos ametrallados tras ser forzados a cavar su propia tumba.
Accomarca: más de 70 personas, entre hombres, mujeres y niños, asesinados por el
ejercito del Perú.
San Sebastián: siete ancianos decapitados por tropas peruanas.
Umaru y Bellavista: 14 personas asesinadas, cuyos restos fueron hallados en una tumba
común el 19 de noviembre de 1985.
Cayara: el ejército del Perú asesinó a cincuenta campesinos. Una investigación de los
senadores Javier Canseco y Gustavo Mohme demostró la culpabilidad del jefe militar de la
zona, pero Gracia defendió y apoyó a los asesinos.
Ahora es clara la preferencia de García por la expresión "tiro en la nuca", la que sin duda
repetirá como nuevo títere del Imperio en su sufrido país.
Sobre García, será bueno recordar las palabras del difunto presidente peruano Fernando
Belaunde Terry, quien dijo que: "Si nuestro Congreso descalifica a Fujimori por 10 años,
Alan García debe ser descalificado por 30 años, por lo menos".
Cuando el temor a cambios vitalmente necesarios lleva a un pueblo a elegir a un político
como Alan García, ¿qué esperanza puede albergar ese pueblo sobre días mejores? Como
una multitud de ciegos, el Perú marcha entre tropiezos y temores hacia otro sangriento
régimen represor y asesino.
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Sobre Bachelet, diré tan sólo que su democracia es tal, que los niños de secundaria fueron
a parar a sus cárceles cuando protestaron hace unos meses contra el régimen de
hambruna. Nadie más se atreve a protestar contra las horribles diferencias económicas que
sufren los chilenos. Creo que su posición de heredera de Pinochet, el dictador que torturó a
la misma Bachelet y a su familia, la descalifica en lo moral y lo ético, por lo que, si bien no
es un monstruo como García, sin duda pertenece a una “clase aparte” de conciencia
adormecida.
En Brasil, uno de cada tres brasileños nace tonto gracias a la dieta de hambre a que se
someten los reyes del samba. Lula es un buen tipo, pero no hay que olvidar a Sao Paolo en
poder del bandidaje local, hijo de una injusticia social centenaria, ni la tremenda situación
en que viven las clases populares del país. Se necesitarían diez Lulas para corregir ese
infierno.
El ex-Tupamaro que gobierna el Uruguay simplemente no existe para el mundo. Está oculto
en un lugar raro por sobre el cual pasan las cosas, el progreso y la esperanza, y gobierna
como si manejara un rancho de diez mil cabezas. Ni él mismo recuerda los sacrificios de
quienes vieron ahogadas en sangre hasta la más ínfima de sus esperanzas.      
¿Es posible una explicación para los disparates que dice el bueno de Varguitas cada vez
que abre la boca? No, sin conocer el Perú. Y menos, sin haber leído las cosas peores del
autor de la mejor novela del Siglo XX.
Basta con pasar un par de horas en el aeropuerto de Limatambo para oler el enrarecido
ambiente social que distingue a esa sociedad que Salazar Bondy calificara como “Lima la
Horrible”.
Lima vive de espaldas al “Perú Profundo” de que hablan autores menos conocidos cuando
se refieren al resto del país, y no es exagerar mucho cuando se dice que, de haber podido,
Lima hubiera asesinado ya a ese Perú Profundo. También Buenos Aires vive esa historia
de oposición entre la capital y el país todo, pero en el Perú la cosa es tan clara que lastima.
Lima, capital de la Perricholi, la Perra Chola a la que envidiaba toda limeña porque era
amante del Virrey, hizo durante cinco siglos lo mejor que pudo no para imitar a Madrid, sino
para superarla. La corte del Virrey fue, así, una imitación horrenda de los vicios sociales de
toda corte europea, entre las que el desprecio por las clases populares es un signo
distintivo.
Tal desprecio alcanzó en Lima niveles inhumanos, al punto de que las clases populares
adivinaron que su mejor modo de supervivencia sería aparentar y pretender que cada
habitante de la ciudad era pariente del Virrey y, merecía, por tanto, las mismas ventajas e
iguales privilegios. Si bien las clases sociales guardan celosamente los límites que las
separan, todas sienten hacia los habitantes de la Sierra, como llaman a los Andes, el más
irracional desprecio. No pueden aceptar su pasado indio.
Es un desprecio asesino. Se manifiesta en hazañas como las cometidas por Alan García y
por la Marina peruana, entre los servicios militares el menos mestizo y el más “blanco” y
“decente”, encargado por ello de los mayores crímenes que el Perú no puede olvidar.
Es esa singular historia de crímenes, puteríos, masacres, mariconadas, indios reducidos al
nivel animal y “señoritos” dueños de vidas y haciendas lo que Vargas Llosa ha intentado
tergiversar apenas descubrió que sus habilidades de escribidor no bastarían en el Perú
para hacerle Virrey putativo, algo que Vargas no duda por cierto de que mucho lo merece.
Conocemos la historia. El Perú Profundo prefirió a un nisei, hijo de japoneses, antes que a
su campeón de las letras. Lo hizo tras haberle leído bien lo bueno y lo malo, es decir,
haberle conocido bien. Vargas Llosa condujo su campaña presidencial como un capitanejo
enviado por la Casa de Indias y no vaciló en subrayar las diferencias entre su augusta
persona y los peruanos usando idiomas europeos que, a su modo de ver, demostraban su
superioridad. No logró engañar a nadie. Pero ese desprecio en francés no fue su primer
gesto hacia sus gentes.
Varguitas intentó mentir al mundo sobre el Perú. Creyó que su talento le alcanzaría para
cumplir con éxito esa gran falsificación. Las historias de este escribidor presentan al mundo
el Perú que a Vargas Llosa le gustaría y no hallan lugar para dar una explicación humana ni
justificación histórica alguna del APRA como fenómeno político ni mucho menos de Sendero
Luminoso. El mismo se mira como un campeón de la civilización de Europa, esa que ha
provocado dos guerras mundiales, ha asolado al mundo colonial y es tan poco civilizada.
Rechazado por el Perú, buscó refugio en la corte de Madrid y allí es donde agota sus días
sin pena ni gloria pero con bastante publicidad. Será un fracaso como político y un chiste
como comentarista internacional, pero el Imperio no tiene muchos sirvientes a mano y
además, paga bien. Es por ello que Varguitas continúa diciendo disparates al desgastar
una vejez atontada y se une a mercenarios como Montaner y otros del mismo calibre.
Pero en Varguitas hay una diferencia, pues al fin y al cabo es limeño. Ante sí mismo,
Varguitas no es Pizarro. Es la Tatcher del Perú.      
    
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Dic.06