LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Viernes - Primero/3
En este día tropical y magnífico, Humberto Suárez Suárez despega de un lugar
cuyo nombre ha olvidado ya y se prepara para ganarse el pan que irá
consumiendo durante los próximos meses. Además de las viandas de explorador
sacrificado que porta en un refrigerador mínimo comprado en Nueva York, lleva
dos paquetes de dimensiones respetables cubiertos de plástico y hechos de
ladrillos del polvo blanco que hace fortunas instantáneas. Su misión es
relativamente fácil: deberá hallar un rectángulo de luces en la selva colombiana
del Inírida, descenderá hasta casi ver las caras pintadas de sus accidentales
asociados en esta operación y dejará caer su carga de modo que la encuentren
en el centro de esas luces, o poco menos.
Después, ya liviano, conectará el tanque adicional de combustible que ha
montado en su Cessna 150 e intentará volver a casa rozando los árboles durante
varios kilómetros hasta decidir que no habrá moros en la costa y  elevarse hasta
alcanzar una respetable altura de crucero. Comerá entonces la mitad de un pollo
frito y visitará poco después a sus amigos, los Yuqui, cuya única concesión a la
civilización occidental fuera la adopción del taparrabos en 1973.
Suárez Suárez vuela en pleno día porque goza de la protección de los capi di capi
de la industria a la que sirve con periódicos cargos de conciencia. Tales elegidos
no son más de una docena y gozan de ese privilegio especial porque su foja de
servicios es en verdad excepcional. Cabeza de un escalafón jamás escrito, son la
crema del oficio: después de ellos aparecen los militares de alto grado, los de
medio grado y los que nunca gozaron de ninguno o fueron degradados. Luego se
anotarían los civiles con conexiones internacionales, los que tienen compadres
sólo en el país, los que no tienen ni siquiera primos hermanos en el negocio pero
sufren de ambiciones desmedidas y finalmente los que improvisan un despacho  o
dos, los meten en preservativos comprados a ocultas de sus esposas, se los
tragan y van a comprar juguetes de Navidad en Miami.
Estadísticas que nada importan a nuestro buen aviador, quien devora con los ojos
las bellezas que le ofrece el país virgen de toda mala intención. Son esas
imágenes las que siembran de recuerdos gratos su mente ágil que bien puede
ejecutar maniobras difíciles sin abandonarlos.
Siguiendo la obra ya clásica de su héroe favorito, el famoso Willy Kenning, Suárez
visitó durante los años recientes los bosques húmedos orientales, y recuerda
como si fueran las fotografías de Kenning el Legendario lugares tales como las
Salinas de San José, la Catarata Arco Iris, el río Pauserna,  la Sierra de Caparús,
el  río Itenez, Cachuela Esperanza, Santa Rosa de Isiboro,  los ríos Tahuamanu y
Manuripi, el inmenso río Madre de Dios, el río Mamoré, la principal vía fluvial del
país, abandonada hace años porque todos prefieren las carreteras y los camiones
y, por supuesto, el magnífico río Orthon, a cuyas orillas pasara una dulce y trágica
luna de miel
Volando sobre las sabanas y a través de los años, el Gordo Suárez  cruzó y
recontracruzó las  pampas de Mojos, se baño a la luz de la luna en el río Blanco,
hizo siestas en las sabanas arboladas de Chiquitos, irónico nombre para esa
inmensidad, nadó en El Pantanal y el río Negro, buscó sin hallarlo el tesoro de
Khanzer en las lagunas Mancornadas y en la laguna El Triunfo, vivió dos semanas
en Magdalena y tres meses en Yaguarú entre los pocos Guarayos que quedan,
sobrevivió una aventura mortal en la Laguna La Gaiba y no le sucedió nada en las
sabanas del Cerrado.
La Chiquitania, con sus misiones de Zapocó y Tobité, el Rincón del Tigre y Puerto
Paz, la mole vertical de El Portón (una roca casi comparable al castillo azul acero
de Isabela), la serranía de Susnás, la de Parabanó y la de Santiago serían
siempre sus preferidas, además del Cerro Pelado en los bosques semi húmedos
que le dieran sus escenarios preferidos para pasar días de paz secreta más cerca
de Dios, como lo serían en El Chaco el río Otuquis, el inmenso Pilcomayo, la
serranía de Aguaragüe, un fantasmal escenario de la Guerra del Chaco, El
Palmar, el río Parapeti, el cerro San Miguel, tan diferente de este planeta y, en fin,
la serranía de Chochís, misteriosa y amenazante como siempre.  
Volando con su piloto automático, Suárez Suárez se metió con la imaginación en
los valles interandinos  y vio el Tunari y las Dunas de Tajzara como si los tuviera
ante la nariz, deseó retornar al río Grande y explorar otra vez el río San Juan del
Oro, husmear entre las ruinas de Samaipata, pasar tres noches en la serranía Los
Volcanes, dos en el Cerro de la Cueva, tres más en el Valle de Tariquia, una en el
Cañón de Torotoro, y dos horas en el río Caine, una corriente de pésimo humor.
Cuando se disponía a hacer un recuento mental y similar de las maravillas de los
Yungas y de la Puna, del occidente de su país y escenario de extraños mundos,
Suárez Suárez se vio obligado a retornar al suyo porque vio, contra el sol y
volando como sombras de mal agüero, dos F-16* negros de los que usa una
agencia muy conocida pero tan misteriosa que ni siquiera es permisible
nombrarla, aparatos a reacción que, después de pasar sobre su avión como dos
halcones sobre una paloma, retornaron rugiendo como para asegurarse sobre su
identidad y volvieron a picar contra su Cesnna 150 haciendo toser sus cañones
de 20 mm. capaces de desmenuzar una camioneta con cada proyectil.
Con tiempo para un Padrenuestro, nuestro piloto sacrificado atinó apenas a
dejarse caer como piedra después de hallar el punto muerto en que su aparato
obedecía la ley de la gravedad para tocar tierra a la brevedad posible y, agitando
lo que quedaba de sus alas como aletea una perdiz herida de muerte, halló en un
tris un camino rural que le pareció hecho de tiza, ejecutó el más difícil de sus mil y
pico de aterrizajes, aplicó el freno y pasó a mejor vida aún sentado en su cabina
pero hecho un colador sangrante.    




Abandonan ‘narcoavioneta’ accidentada cerca de San Julián
La comunidad de San Julián fue testigo de un accidente en el que presuntos narcotraficantes
abandonaron una avioneta que chocó contra un puente.
Según las autoridades locales, el hecho ocurrió ayer a las 10:00, cuando la aeronave aterrizó
sobre la carretera ripiada a dos kilómetros de San Julián. Allí  esperaban al menos dos
personas en una camioneta Toyota, color azul, a la que pasaron varias bolsas de la aeronave,
presuntamente con cocaína. Mientras descargaban las bolsas, otros dos individuos con los
rostros cubiertos con capuchas y armados con metralletas custodiaban la avioneta.
Una de las alas del aparato chocó contra un puente, una rueda salió volando y la avioneta se
arrastró varios metros  para quedar finalmente en una cuneta. La camioneta se aproximó al
lugar del accidente. Uno de los ocupantes de la avioneta estaba ensangrentado, según los
vecinos. Trasladaron las bolsas del aparato y una persona herida que se desangraba hasta la
carrocería y se dieron a la fuga.
Antes de fugar, los ocupantes entregaron a dos niños cien pesos bolivianos y les pidieron que
incendiaran la avioneta. Varias personas mayores comenzaron a saquearla. Desaparecieron
cuatro asientos, una computadora, la batería, una llanta y otros objetos. Los vecinos
comentaron que un menonita había desarmado el motor y estaba a punto de llevárselo cuando
intervinieron las autoridades locales y trasladaron el aparato en un camión hasta la escuela 10
de Noviembre, donde quedó a la espera de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico
que hasta anoche no había acudido al lugar.
“No es la primera vez que ocurre algo así. Hace un par de años también por esta zona fue
incinerada una avioneta y sus ocupantes escaparon. Lo que pasa es que no existe ningún tipo
de control y los narcotraficantes la ven fácil venir por acá”, dijo el alcalde, Lorenzo Cuñaca.






(Para beneficio de quienes planean una visita a la patria de Suárez Suárez
durante la próxima quincena, se anota lo que el piloto recordaba pero no alcanzó
a disfrutar mentalmente antes de presentarse a su Creador:
En los Yungas, en las faldas de los Andes, las serranías Mamuque y Chepite, los
ríos Surutú y Tuichi, Amboró, los ríos Kaka, Tipuani (donde hay oro en
abundancia, dicen) y Challana en Guanay, el río Quiquibey, las serranía
Muchanes, las poblaciones de Rurrenabaque y San Buenaventura,el  río Beni con
su estrecho del Bala.
En la puna y las cordilleras, la Laguna Loromayu, el volcán Sajama, el más alto
del continente, el Lago  Titicaca, el santuario de Copacabana, la  Isla Pescado, el
salar de Uyuni, el río Desaguadero, el lago Poopó, la Cordillera Real, la Cordillera
de Tres Cruces, el salar de Coipaza, el Pico Condoriri, los volcanes Payachatas,
Parinacota y Pomerape, el Cerro Quisi Quisini, Chacaltaya, la pista de ski más alta
del mundo, el Huayna Potosí y su espléndida cabeza nevada, el, río Suches, la
laguna Khara Khota, el volcán Uturuncu, el “tigre que duerme” y que despertó
hace poco, el río Quetena, la laguna Colorada que hace honor a su nombre y la
isla del Sol, donde el Inca almacenaba sus vírgenes, según la leyenda. )
*Llamado Halcón Luchador,
entre sus armas incluye un
cañón rotatorio de 20
milímetros. Un sistema
estabilizador computerizado
emite comandos continuos
para controlar la superficie
de la cola y las alas, y un
sistema de instrumentos
proyecta datos sobre su
vuelo y de combate sobre
una pantalla transparente
frente al piloto. Además, un
sistema altamente
sofisticado de dirección de
bombas que usa un medidor
de distancias láser y
procesos de datos digitales
a alta velocidad permite
dirigir bombas “tontas” y
lanzarlas con exactitud y
precisión desde baja altura
.
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