LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Viernes - Tercero/4
Este es el día del mes en que la Sra. Ifigenia Muraña Vasconcelos ejecuta su Plan
Social en competencia con la Oficina de la Primera Dama de la Nación, la
Municipalidad de La Paz, La Iglesia Católica y  medio millar de instituciones
públicas y privadas dedicadas a reducir la miseria, el hambre, la desnudez y la
desesperación de una masa de indigentes que jamás parece disminuir su
desmesurado número ni aliviar sus álgidos sufrimientos mientras aumenta en
forma constante la violencia con que expresa sus necesidades primarias.
Dado su sensible temperamento, la Sra. Ifigenia ha elegido los tercer jueves
porque los astros indican que en ese día su suerte será más benigna y la
posibilidad de que los indigentes caigan sobre ella como un malón de bárbaros
argentinos será menor aunque cuenta ya con tres eventos de este tipo entre sus
dolorosas experiencias de benefactora incansable. Varios huesos rotos y la
necesidad de someterse a un programa intenso de baños con desinfectantes
peligrosos por lo concentrados para quitarse de encima el olor a la sal de la tierra
son parte menor de esos recuerdos, y ella lucha con furia por obnubilarlos a la
brevedad posible. A pesar de todo, Lady Láyqa continúa valiente con su ambición
de aplastar sin misericordia y como gusanos a sus competidores en esta humana
campaña.
Le auxilia en este esfuerzo una mujer delgada como un tallarín, ciega como un
topo y fea como el cáncer de ovario que es además huérfana de padres, tíos,
abuelos y antepasados, un raro ejemplo de generación espontánea que lleva el
nombre, cruel en su caso, de Felicidad Esperanza del Carpio, Secretaria Social de
Lady Láyqa. Para ello, Felicidad se sirve de la prensa local, sin la que ni la una ni
la otra podrían comenzar siquiera sus giras de beneficencia tan esforzadas.
Hoy, Felicidad cuenta con varios recortes y algunas direcciones precisas para
ayudar a su patrona a dejar caer sus abultados cheques con la precisión de un
bombardero B-52.            
—        ¿Por dónde comenzamos, Felicidade?
Una de las ventajas de haber recogido a esta mujer casi invisible en plena vía
pública cuando tenía no más de ocho desnutridos años es la posibilidad de
juguetear con sus nombres y apellidos como si Esperanza fuera sietemesina de
mono, libertad que invita al pícaro sentido del humor de la bruja negra a ensayar
las más estúpidas variaciones que le dicta su cacumen.
—        Hoy tenemos a las pildoritas, Doña Ifigenia.
Felicidad clava el siguiente recorte ante la nariz afilada de Ifigenia, la cual aparta
el papelucho con el gesto aprendido de la Cleopatra del cine y demanda que
Esperanza se lo lea ya mismo. Felicidad obedece de prisa:

Dos "pildoritas" robaron joyas a un tío y su sobrino
Dos simpáticas jóvenes de 20 y 28 años, conocidas como "pildoritas", pusieron a prueba sus
atributos y robaron joyas y dinero a un tío y su sobrino, después de que hábilmente pusieron
somníferos en las bebidas que compartían en la Plazuela de la Recoleta, donde los afectados
durmieron profundamente por varias horas.
Las pildoritas se encontraban en el local "El Canguro", donde sus víctimas acudieron para
festejar el tradicional viernes de soltero. Las mujeres, utilizando sus encantos, convencieron a
sus recientes amigos para llevarlos hasta la Plazuela de La Recoleta, donde ejecutaron su
plan. En el céntrico lugar, el tío y su sobrino fueron despojados de 300 dólares, 400 bolivianos,
una esclava, cadena, anillo y un pendiente de oro.
Ericka Pozo de 28 años, alias "La Maradona" y Carmen Sosa, alias "La Daniela", fueron
capturadas por la policía esta madrugada. Entre sus prendas fueron halladas las joyas que
robaron.
Durante este año, treinta de estas jóvenes fueron detenidas por los policías, acusadas de
participar en el robo de unos 10 vehículos en el Trópico de Cochabamba y esta capital. Ellas
fueron reconocidas por los chóferes que fueron sus víctimas.
        

Ifigenia vacila un segundo o dos, decide que conocer a esas chicas será
interesante y ordena al conductor mudo y hermano de otros dos mudos cuya
perra suerte introdujera en mala hora a esa familia de minusválidos en la mansión
de los Wergeld que dirija el Cadillac negro y enorme que Lady Láyqa dedica a
estos menesteres hacia la cárcel de mujeres más próxima que, siendo la única en
la ciudad, no es difícil de ubicar.
Quince minutos después, nuestra benefactora se encuentra en un patio muy
similar al de San Pedro, el Panóptico tan fácil de recordar después de haberlo
visitado un par de veces, y encuentra que navegar a contracorriente en un
océano de mujeres calvas cuya conversación cotidiana imita el cacareo de doce
mil gallinas hasta nivelarse con el rumor de las olas de Mollendo, famosas por lo
inmensas como sabe cualquier nadador púber, no es tarea para señoritas.
Felicidad, que será casi ciega pero idiota no es, extrae la explicación para la
calvicie femenina general que han venido a descubrir tan de golpe y es fruto de
muy respetadas tradiciones milenarias. Se la muestra a Ifigenia sacudiendo un
segundo recorte de prensa como si fuera una wipala, la multicolor bandera
indígena tan grata a la vista de propios y extraños. Esa explicación dice así:

Cortan cabello de presuntas ladronas
Comerciantes del mercado San Antonio detuvieron ayer por la tarde a tres presuntas ladronas
a quienes las amarraron y les cortaron sus cabellos como represalia a su labor delictiva
efectuada cotidianamente en desmedro de los compradores y vendedores de la zona.
La intervención policial pudo lograr que los comerciantes frenen su agresión hacia las mujeres
que detuvieron y remitieron a las oficinas de la Policía Técnica Judicial.
Las supuestas ladronas de 30 a 40 años aproximadamente según las comerciantes
constantemente están provocando más de un problema. "Caminan con sus bolsas y meten
las cosas que roban dentro de éstas para luego escaparse", comentó una de ellas.
Otra advirtió que ya no quieren verlas más y que la próxima vez el castigo que se dé contra
estas personas será peor. Según las comerciantes, las presuntas ladronas son conocidas por
su acción delictiva y señalaron que estarán pendientes para impedir que vuelvan a entrar al
mencionado centro de abasto.

—        Joder, mejor nos vamos… No sea cosa de volver a bañarse… Ya me
entiendo yo.
La paciencia siempre incipiente de nuestra protectora de los pobres está por
estallar a causa de ese rumor cacareado tan intenso cuando una mujer mas
cobriza que blanca, más fea que atractiva, más alta que baja y más delgada que
gorda se acerca a Ifigenia y le planta un codazo diseñado con perfección
envidiable para cortarle la respiración.
—        ¡Usted me ha embrujado, Lady Láyqa! ¡Sólo usted pudo hacerme un daño
así!
Luchando por respirar casi de modo normal, la mujer negra como la noche mira a
su interlocutora y, después de un segundo de vacilación y duda, lanza un grito de
sincera sorpresa:
—        ¿Ramiro? ¿Eres tú? ¡Ramiro!
Ramiro Ordoñez del Pozo, en su forma femenina y calva, mira con odio
reconcentrado a la bruja que teme en el fondo de su corazón y  levanta un puño
que tiembla de modo evidente contra la nariz de la dama.
—        ¡Sólo usted pudo hacerme esto! ¡Estoy que me ahogo en alcohol! ¡La sed
me mata y el whisky también! ¿Por qué? ¿Por qué hacerme algo tan cruel?
—        ¿Y el chiste que nos hiciste en Ivirgarzama no cuenta? ¿Los destrozos en
nuestra mina de Oruro tampoco? ¿Quién va a pagar esos platos rotos? ¿Quién?
—        ¡Cumplo un deber sagrado, Lady Láyqa! ¡Usted jamás podrá
comprenderme! ¡Jamás de los jamases!
—        ¡Pues mira tu futuro, Ramiro, y prepárate para el Infierno!
Ifigenia extrae del enorme bolsón que le acompaña en toda gira social una botella
diminuta y verde de las que regalan en los aviones norteamericanos llenas de
agua sucia. Dentro de la misma flota una miniatura de Ramiro desnudo parecida
al original por todos los lunares que lleva sobre su poco favorecida humanidad,
allí atravesada por agujas de diverso largo y variado calibre. Fea la figura no es,
pero algo tiene de horrible que provoca una sed inesperada.
Ramiro abre los ojos de modo desmesurado y obsceno bajo la calva cobriza que
ha logrado mediante una peluca de costo millonario porque nada cuesta más que
imitar la ausencia del cabello y cae de rodillas boqueando como ballena. Se sabe
perdido, pero no se rinde.
—        ¡Encontraré a la hija de mi amigo aunque tenga que matar a Lady Láyqa!
¡Juro!
Pero ya se pierde entre los cacareos abundantes esta mujer sin alma, seguida de
su fiel escudera y sus recortes de prensa. Antes de salir del patio que le parece
ahora una sucursal del Averno, Ifigenia ríe su amargura sin poder contenerse:
Ramiro le ha vencido para siempre en el arte del disfraz como lo practican los
verdaderos virtuosos.
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