LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Viernes - Segundo/4
Taxistas y Chóferes tomaron hoy la autopista La Paz - El Alto
En repudio a las constantes marchas que los perjudican en sus labores.
La Confederación Sindical de Chóferes anunció para hoy la toma de la autopista La Paz - El
Alto por parte de sus confederados como medida de rechazo contra las constantes marchas y
movilizaciones que se registran en las arterias de la sede de gobierno y que los perjudican en
sus ingresos económicos.
La advertencia fue lanzada por el principal ejecutivo de los chóferes sindicalizados, Romualdo
Villagomez, quien manifestó que se dejará de pagar peajes en la Ceja de El Alto y que no se
permitirá cualquier arremetida por parte de las fuerzas del orden.
"Se dejará de pagar peajes y se tomará gran parte de la autopista en vista a la inatención que
se ha hecho sobre algunos requerimientos que se hizo al Servicio Nacional de Caminos'", dijo.
"También por las diferentes marchas y movilizaciones que se hacen a diario. Es Lamentable,
pero en la ciudad de La Paz, que aparte de convertirse en un marchódromo, es imposible para
los transportistas encarar un trabajo normal. Esto nos causa un gran perjuicio", afirmó el
ejecutivo de los chóferes sindicalizados.




El vuelo de retorno hasta El Alto careció de incidentes dignos de anotarse, a
diferencia del viaje en jeep desde la pista hasta la Plaza de los Colgados, llamada
también Murillo en homenaje al más famoso entre ellos, Pedro Domingo Murillo, a
quien colgaron los chapetones no antes de que declarara “Muero, pero la tea que
dejo encendida nadie la apagará”, frase repetida por sus compatriotas en
circunstancias de todo tipo que ilustraron siempre el jodido espíritu rebelde y
libertario de los habitantes de la Hoya a la que no pudieron ingresar nuestros tres
personajes llegados desde el Chapare sino después de cuatro horas de tira y
afloja con los tres mil y tantos taxistas cansados de demostraciones como la que
montaron con sus taxis aquel día contra toda clase de demostraciones, incluso la
suya, impidiendo todo tráfico público o privado por la muy importante vía.
El viaje se hizo más pesado aún porque en aquella misma fecha se celebraba la
festividad del Señor del Gran Poder, una fiesta de intensa fe religiosa que treinta
mil paceños prefieren expresar con los pies y bailando durante esas 24 horas
como si se hubieran contagiado el Mal de San Vito en su versión más rabiosa. Los
endemoniados danzarines lujosamente disfrazados ocuparon las principales vías
de la ciudad con una algazara de cantos y sones folklóricos a cuyo ritmo furioso,
como poseídos, inspiraban en las masas de espectadores un empeño terco por
danzar también las glorias del Jesús del Gran Poder entre nubes y alientos
alcohólicos capaces de sofocar un regimiento de elefantes.
Veteranos de lides más peligrosas y sin haber perdido más que el buen humor,
nuestros viajeros lograron presentarse en el dormitorio en que Tosferino sufría de
su embrujamiento y del recuerdo de Fresia con intenso frenesí, fiebre que intentó
dominar el ver el rostro cansado y nada lampiño de sus visitantes.
—        ¡Por fin! ¡Ah, cuánto te lo agradezco, Tinino! Por supuesto, a ustedes
también, Huascar…  Jim, por haber acompañado al coronel en su peligrosa
aventura…
—        Cállate nomás, Mike, no vayas a hacernos llorar. Además, todavía no
sabemos si la receta del Jovero te pondrá tan bueno como eras antes, o mejor, o
no logrará efecto alguno. Después de todo, el Jovero, que en paz descanse, no
nos dio ninguna garantía.
—        ¿Qué? ¿Murió Benavidez?
—        ¡Y cómo! ¡Parecía una película de cucos! Vimos su cadáver hecho
pedazos, descuartizado mejor dicho, lanzando chorros de sangre negra como su
alma, vimos los caballos blancos y negros que le arrancaron brazos y piernas,
vimos… ¡Vimos…!  
—        ¡Cálmese, Tinino, que le vencen los nervios!
—        ¡No es para menos, carajo! Si esto está cada vez peor… Y fue desde la
llegada de este caballero Endara. Lo habrán notado ustedes también, ¿no?
—         No sea ridículo, coronel. Entre ustedes tres, que son profesionales de la
muerte, ¿va a acusarme a mí de tanto crimen y violencia? Use la cabeza, Tinino,
antes de hablar.
—        Es verdad, Tinino. No tiene usted base alguna para esa acusación.
—        No, pero mis intuiciones, como dice usted, Morgan…
—        Bueno, acábenla ya. ¿Me curan a o no me curan? Ya estoy hasta aquí de
estar tendido como un muerto sin poder aliviarme siquiera. ¿Qué? ¿Me ayudas o
no me ayudas, Tinino?
—        Pero claro. Acá tengo la receta. La anoté en este sobre… No había más
papel, pues, Mike. Pero está completa, no te preocupes. Vamos a ver…
necesitamos un buen puñado de telarañas frescas… Siete caquitas de ratón….  
Una taza de orín de recién nacido… y dos tazas de pisco del mejor. Tampoco es
cosa del otro mundo, esto.
—        Pero, ¿de dónde vamos a sacar esas cosas, coronel?
—         Las telarañas,  del desván, ya se sabe, y esta clínica tienen un desván
enorme, si lo sabré yo. Aquí ocultaron a varios terroristas durante la última
asonada que… Pero esa es otra historia. Estoy seguro de que el caballero
Endara, aquí presente, querrá hacerte ese señalado servicio, Mike. ¿No es cierto,
Endara?
—        Ya voy subiendo, coronel. ¿Para dónde es?
—        Izquierda, derecha, izquierda, una apertura en el entretecho disimulada
pero no invisible… Se abre para arriba, así que sólo hay que temer el polvo.
—         ¿Las huellas de ratón, coronel?
—        Vaya usted mismo, Morgan, ¿quiere? Vaya a la cocina principal, vire a la
derecha, encuentre la puerta del almacén, que es un sótano, y si no encuentra
mierda de ratón, yo no me llamo Filemón.
—        Usted no se llama Filemón, coronel.
—        Es un chiste, pues. Me salió mal. Vaya, vaya, Morgan, y no jorobe, ¿eh?  
—        Ya voy yendo, Tinino.
—        Ah, Mike. Jamás entenderé por qué me pediste que llevara a esos dos.
—        Uno, para que me dejaran tranquilo. Dos, para cerciorarme de que Endara
está matando a nuestros mejores ejemplares. Tres, para recibir la probable y ya
confirmada visita de Fresia, ese deseo hecho mujer…
—        Pero, en ese estado, ¿de qué te puede servir?
—        Más vale no entrar en detalles, pero puedo decirte que desde que se fue
no me he aburrido. Me basta con su recuerdo para hervir….
—        Cállate, cochino. Mejor esperamos sin decir burradas, ¿eh? Hoy extrañé
mucho a mis francotiradores. Millares de taxistas violentando el orden público, y
yo sin poder hacer nada… Hay veces en que me frustro y pierdo toda esperanza.
Qué oficio duro, el nuestro ¿verdad?
—         Por lo menos tenemos buenas pensiones…
—        ¡Aj, mejor cállate! Cómo se ve que sigues embrujado…
—        Acá tiene, Tinino. Medio kilo de telarañas. Las pesé allí mismo.
—        ¡Qué asco! Déjenme ponerme mis guantes…
—        … y aquí tiene la caca de rata... o de ratón… Esto es el primer orín
certificado de Joselito Luna Cisneros, nacido hace tres horas y con certificado del
Dr. Beck, de fama universal.
—        Puedes usar lo que queda del pisco que tengo oculto bajo el colchón,
Tinino.
—        Ah, no. Si este Mike es legendario, ¿no les decía yo? Pisco bajo el
colchón, como cualquier cadete de primer año…
—        Bueno, bueno. Comienza ya, que no estoy para bromas.
—        Una, dos y tres, la mezcla está lista…. Ahora viene la cosa. Pónganlo
vertical, señores, para que pueda beberse esta porquería… Bueno Mike, tápate la
nariz, si quieres… A la una, a las dos… y a las tres… ¡Úpale! Así me gusta, como
chico bueno.
—        Se ha puesto verde, el pobre.
—        No es para menos, Jim.
—        Y ahora, el final… Tres bofetadas violentas… Así….Así… ¡Y así!  
—        Creo que se le fue la mano, coronel.
—        Lo ha dormido con los golpes. ¡Qué bárbaro!
—        A ver usted, Jim, que es el más despierto. Vaya y tráigame agua de aquella
pila.
—        Voy y vengo…. Ya estoy aquí.
—        Láncela a la cara de su superior. Con fuerza, ¿eh? No sea que lo eche
todo a perder.
—        Pero…
—        ¡Tírele el agua a la cara!
—        Aquí va…
—        …
—        ¿Mike?
—        Hey, Johnny, soy yo, Huascar. Huascar, tu amigo de la escuela.
—        Creo que…
—        No, Jim. Ya estoy bien…creo. Pero este Tinino me ha aflojado una muela.
—        Eso no importa. Párate, Mike. Párate, que me muero de curiosidad…. ¡Ah,
qué bien! ¡Está curado! ¡Miren qué bien que camina! ¡Esto se merece un trago!
—        ¿Con qué, si se gastó usted todo el pisco?
—        Todo, no. Me queda este poquito, que me lo bebo ya mismo. A nuestra
salud, señores. ¡O mejor, a la salud de Mike Tosferino, al que Satán dé larga vida!






Al son de matracas, pitos y bandas de música, 30.000 danzarines hicieron gala de su arte
durante la Entrada Folklórica del Señor Jesús del Gran Poder, la gran presentación paceña de
danzas pesadas, livianas, tradicionales y autóctonas. Las 72 fraternidades, elegantemente
ataviadas, buscaron mantener la tradición en el vestuario, coreografía y música.

Gran Poder: la fe y la euforia se unen en la última procesión

La festividad del Gran Poder se vistió ayer de euforia y fe. Los bailarines, prestes y vecinos de
Chijini compartieron una celebración religiosa, una procesión, bailes callejeros e incontables
fiestas privadas.
El sábado fue el día del espectáculo, más de 30 mil bailarines “tomaron” las calles de la
ladera oeste y el centro de la urbe para deslumbrar a paceños y visitantes con sus
coreografías y trajes de lujo.
El domingo, la fiesta tuvo un cariz más íntimo. Como sucedía antiguamente, la devoción al
Cristo de los tres rostros se replegó a los barrios de Chijini y Max Paredes. A las 11.15, quince
minutos después de lo previsto, comenzó la misa en el templo antiguo del Gran Poder,
ubicado en la calle Gallardo.  Esta vez el acto litúrgico no sólo fue presidido por los padres
agustinos, encargados del templo, sino por el obispo auxiliar de La Paz, Óscar Aparicio. El
interior de la iglesia —perdida entre las casas de cinco pisos que la rodean— se llenó de
fieles, la Junta de Vecinos de la zona, los prestes y algunos invitados.
En la calle, un centenar de personas siguió el desarrollo de la misa, mientras otras tantas se
acomodaban en las graderías que fueron construidas el sábado en la madrugada. Minutos
después del mediodía, cuando el sacerdote ofrendaba la eucaristía en la puerta de la iglesia,
llegaba la fraternidad Diablada Tradicional Unión de Bordadores, los herederos de aquel
primer grupo que inauguró la farándula folklórica en la década de 1920, quienes esperaron en
silencio la salida de la escultura de Jesús. A las 12.40 terminó la misa y el Cristo fue levantado
en andas por unos cuantos privilegiados. Comenzó la procesión, que fue seguida por los
fieles y los diablos.
La comitiva se detenía en cada esquina, colocaba la estatua sobre una mesa, rezaba unas
cuantas oraciones y una salva de fuegos artificiales saludaba la presencia de la imagen. Uno
de los momentos más simpáticos se vivió en la calle Sagárnaga, frente a la plaza del Gran
Poder. Un grupo de mariachis recibió al Cristo y le dedicó una canción ranchera. Después de
estos sones la marcha se dirigió al templo nuevo de Jesús del Gran Poder, donde fue recibido
con alegres repiques de campana, tal vez como prueba de que las disputas de años atrás
estaban saldadas. Finalmente, el Cristo fue llevado nuevamente a la iglesia de la Gallardo.
Mientras se realizaba la procesión, las calles aledañas al templo bullían por el ajetreo de otras
comparsas, cuyos miembros lucían disfraces diferentes a los que llevaron en la Entrada y se
organizaban para llegar bailando hasta el templo antiguo. Una diversidad de música se
escuchaba por todas las calles, mientras decenas de vendedoras continuaban con su rutina
diaria. Tras cumplir con los ritos religiosos, las fraternidades se replegaron a los locales y
comenzó la fiesta de alcohol, comida y música de orquestas.
Los 600 invitados del “preste mayor”, Víctor Roque, se reunieron en el local Gambrinus
(Gallardo y Vicente Ochoa) y bailaron al son de las orquestas Sabor Sabor, Mambolé y del
grupo J’acha Mallku.
El resto de las fraternidades también tuvieron sonadas fiestas. Por ejemplo, la morenada de
los Intocables bailó con América Pop y Sin Ley. Además, estrenaron ayer una matraca en forma
de ametralladora.
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