LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Viernes - Cuarto/3
El ojo azulado de Faustino Mostacedo pareció recobrar la vida perdida durante
una trifulca juvenil cuando vio penetrar en el patio de su Ministerio a Mike
Tosferino avanzando a paso de carga. No hacía dos horas que sus sabuesos le
notificaran que Tancara había retornado después de rescatar a su hija y
desaparecer con ella en los insondables corredores de la Embajada para emerger
sin compañía después de una hora y sorprender a propios y ajenos con el fulgor
renovado de su letal mirada burlona. El tiempo era oro para estos gringos
falsificados, o así parecía. Comienzan temprano a joder, qué caramba, se lamentó
Tinino, cuya agenda era más densa que la del mismísimo Señor Presidente.
Mostacedo se dispuso a obedecer el protocolo y aguantar a su enemigo/amigo
como mejor pudiera. Después de todo, había mejorado mucho el clima de sus
últimos días gracias a Mike.
—        Coronel Mostacedo, vengo a pedirle con toda la seriedad de que soy
capaz que acelere sus investigaciones, atrape a la brevedad posible a la gente
culpable que nos quita el sueño y permita a este humilde servidor el retorno a su
patrio lar adoptado.
—        Coronel Tosferino, si me promete usted que lo que acaba de decir de
modo tan ceremonioso es la verdad, nada más que la verdad y toda la verdad
simple y desnuda, le prometo que soy capaz de dar solución al más misterioso de
los misterios… ¿Qué te pica, Mike?
—        Para comenzar, ¿dónde está el tesoro de Khanzer?
—        Estoy a fojas cero en ese caso, lo lamento.
—        Para seguir: ¿quién mató a nuestro estimado Rafael Loayza, que en paz
descanse, aunque lo dudo?
—        Mi ignorancia al respecto me avergüenza. A mí, y a todo mi Estado Mayor.
Después de todo, era uno de los nuestros… Quiero decir, de ustedes y de
nosotros. Es decir…  
—        A buen entendedor, pocas palabras. Prosigamos. ¿Qué explicación tienes
para el monstruoso modo de despachar gentes al infierno usado contra García
Massa, que no sería santo de mi devoción pero nos permitía ir tirando?
—        Que me caiga muerto si sé algo que no te dije.
—        ¿Cómo y quién despachó al Jovero Benavidez ante tu propio ojo verde y
ante ese otro, el azulado?
—        No me vengas con ese chiste que es más tonto que el bueno del Mosca,
que en paz descanse también.
—        No es chiste. ¿Tienes o no tienes un ojo azulado?
—        Si, pero también tengo un ojo verde y otro a su lado.
—         ¿Cómo es eso? No entiendo.
—        Mejor. Sigamos con estos asuntos que también me quitan el sueño.
¿Quién te embrujó hasta convertirte en un idiota?
—        ¿De qué hablas? No recuerdo nada de lo que dices.
—        ¿Quién es tu tía, la bruja negra del Lago Titicaca?
—        ¿Te has vuelto loco? ¿Por qué dices esas cosas?
—        ¿Quién te curó mediante un brebaje impuro y tres bofetadas dignas de
Mike Tyson?
—        ¿Qué dices? ¿Qué dices?
—        ¿No recuerdas nada de eso? ¿Seguro?
—        No sé de qué hablas. Me temo que estás loco, Tinino. O embrujado, como
dices.
—        En ese caso, lo confieso: las bofetadas no eran necesarias. Te las apliqué
por darme el gusto, nada más. Pero el brebaje impuro, si. Juro que era necesario.
Juro.
—        Mejor comencemos a trabajar, Tinino. Ya no digas tantos disparates.  
—        Si mi coronel lo prefiere… ¿Sabrá usted tal vez, de dónde vienen saliendo
estos paquetes?
—        ¿Otra caja negra?
—        Si, y con un contenido casi igual. Sólo que este es mestizo. Es un dedo
cobrizo, quiero decir.
—        ¿Cuándo llegó?
—        Este amanecer.
—        ¿Cómo?
—        Apareció en mi escritorio por arte de magia. Quiero decir que no tengo la
más mínima idea. A propósito: ¿Cómo sigue la salud de su hija, mi coronel?
—        ¿Mi hija? ¿Cuál hija? Ah, Silvia Susana… Pues, imagínate tú, lo último que
supe es que se encuentra feliz y tranquila.
—        O sea que este dedo no es suyo… No lo metió donde no debía, ¿no?
—        Juraría que no.
—        ¿De quién es, entonces? Otro misterio, y estamos de estas cosas hasta
las orejas.
—         Yo estoy tranquilo. Mi hija está segura. ¿Qué sabes de la chica de
Huascar?
—        Nada.
—        ¿Qué quieres que te diga? Todavía le quedan siete dedos, si no me
equivoco al contar.
—        Yo no estaría tan tranquilo, Mike. La hija de Endara es blanca como mi
conciencia, según dicen los papeles de tu caja fuerte, y este dedo es de cobre,
como digo.
—        ¿Qué insinúas?
—        ¿Le miraste los dedos, antes de dejarla en la embajada?
—        Pues, no.
—        Bueno… ¿Trabajamos o no trabajamos?  No llegaremos a nada si
seguimos con estos secretos de vieja casadera. ¿Pones lo naipes sobre la mesa?
—        Bueno, si lo crees tan necesario…
—        ¿Dónde está Fresia? ¿Dónde, el indio más bello de Guarayos? ¿Dónde, la
hija de Endara?
—        No sé. No sé. No sé. Más claro, agua.
—        Somos unos detectives magníficos, ¿no? Qué Mike Hammer ni qué Mike
Hammer…
—        Deja tu cinismo de lado… ¿Por dónde comenzamos?
—        Comienzas, porque yo no puedo salir de La Paz ni hoy ni mañana.
—        ¿Por qué?
—        Tengo mucho trabajo aquí, Mike.
—        Comencemos por Fresia. ¿Qué dices tú?
—        Muy atinado, mi coronel.  Salga ya mismo hacia Santa Cruz. Hay un vuelo
dentro de hora y media. Agradezca a la policía que ya no hay crucificados en
calles ni plazas.
—        ¿Por qué Santa Cruz?
—        Si alguien la ha visto… y alguien ha tenido que verla, ha tenido que ser en
Santa Cruz. Allá jamás olvidan a una mujer bonita.
—        Ah, bueno. Entonces salgo en seguida.
—        Buena suerte. Acabo con un asunto urgente por acá y te acompaño
mañana, a más tardar. Buen viaje.







Por “órdenes superiores” se desfalcó dinero en la Policía
Un informe reservado del Regimiento de Seguridad Física Privada advierte que “un desvío de
dinero a cuentas personales por órdenes superiores” puede generar un “escándalo
institucional”.
En las gestiones 1999 y 2000 existían aproximadamente 23 empresas de las que el
Regimiento recaudaba mensualmente 43.296,08 pesos, haciendo un total anual de
519.552,96 que, según la jefatura administrativa, ingresaba a varias cuentas personales por
“disposiciones superiores”, indica el informe reservado.
Estas irregularidades llevaron a los jefes policiales a pedir un proceso por malversación de
fondos. La denuncia se investiga hace un año sin que se haya identificado responsables de
los desfalcos.
Los actuales responsables del Regimiento, entre ellos el coronel Víctor Chávez, manifestaron
que la responsabilidad está en manos del fiscal Alberto Villegas; pero éste advierte que sólo
sigue un proceso en contra de ex funcionarios civiles de esa unidad policial.
Hasta el momento no hay sospechas de las anomalías contra policías de alto rango. Sin
embargo, las “disposiciones superiores” llegaron desde la dirección del Regimiento, es decir,
desde el Comando, el Subcomando y la Jefatura de Personal, dirigidas por oficiales policiales
durante las gestiones mencionadas.
¿Quiénes son los policías sospechosos?
El informe reservado advierte que las órdenes de cobros directos eran emitidas por el mayor
Marbel Flores, ex jefe de Personal y actual Comandante del Regimiento Pumas, con anuencia
del coronel Edwin Vargas; y la entrega de dinero se hacía al coronel Faustino Mostacedo, ex
jefe Administrativo. Las irregularidades mencionadas, según el documento, se extienden hasta
los primeros meses de este año.
Ni el Comando General ni el Regimiento de Seguridad Física Privada investigan para que los
responsables del desfalco sean sancionados.

No firmaban por el dinero recibido
El 18 de abril  pasado, el encargado de contratos del Regimiento, de quien se guarda su
nombre, hizo su declaración informativa en la Sección II de Inteligencia.
En la declaración, el funcionario menciona un último cobro que asciende a 13 mil pesos,
dinero que fue entregado en efectivo al entonces jefe Administrativo, mayor Waldo Avendaño.
Pregunta: Diga usted si tiene algún descargo de las sumas de dinero entregados a los Jefes
Administrativos de este Regimiento.
Respuesta: No porque es muy difícil hacer firmar un descargo de esos dineros. Es difícil que
impongamos una constancia a los jefes por esa entrega.
Pregunta: Diga usted si sabe que no exigir descargos constituye una falta grave contra el
“Reglamento de Sanciones de la Policía”.
Respuesta: No lo sabía, pero es imposible pedir un descargo a un superior por esos dineros.
Pregunta: Diga usted si recibió algún porcentaje de los dineros cobrados.
Respuesta: Muy raras veces me entregaba 200 pesos; ya cuando llegó el coronel Mostacedo
se cortó esta ayuda porque él indicaba que el dinero era destinado al Comando General.
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