LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Viernes - Cuarto/2
El Regimiento de Seguridad Física Privada, creado para garantizar la seguridad
de unos cuantos ciudadanos, despreciaba la de los más, discriminaba entre unos
y otros, hacia mofa de la democracia y debía su existencia a los ricos que
pagaban para que los elementos notables del Regimiento los protegieran contra
los pobres, y de estos, los de menor prestigio: los ladrones, asaltantes,
secuestradores y otros amigos de lo ajeno.
—        Ya están todos, compadre.
—        Que no te vean el casco, chico.
Los ricos pagaban su cuota mensual al Regimiento para que dos o tres
uniformados hicieran guardia en las instalaciones privadas designadas por los
clientes elegidos de esta policía privada compuesta de elementos elegidos
también, pero por razones diversas: los ricos por su fortuna y los policías por sus
particulares habilidades para hacer molido de carne de cualquier ciudadano. En
pocas palabras, el Regimiento era una mafia financiada por los sinvergüenzas
locales que habían alcanzado cierto éxito financiero.
—        ¡Cómo me va a gustar este entuerto!
—        ¿Los ves bien?
—        ¡Todos en la mira, pues!
Como correspondía a su mala fama, tenía sus cuarteles generales en el centro
mismo de la ciudad y había convertido un vetusto edificio en un fortín disfrazado
de conventillo. Entrenados en el exterior para ejecutar operaciones de represión,
sus oficiales no vivían contentos: los ingresos de estos policías daban risa si eran
comparados con los salarios de los militares y, aunque fuera una risa nerviosa, de
esa risa nació una profunda enemistad entre los uniformados de verde bosta y los
uniformados de gris caca de ratón.
—        Ya están haciendo filas… Los más grandes a la izquierda…
—        … y los enanos a la derecha. Así es siempre. ¿Estás listo?
—        ¡Me escuece el dedo, hermano!
Un regimiento, como no sabe cualquier ciudadano, no es cosa de broma. Se
compone de un buen numero de asesinos en la flor de la edad que van armados
hasta los dientes y no dejan escapar día sin hallar oportunidades de convertir sus
talentos en divisas. Sólo una mente debilitada podía concebir un ataque frontal
contra tales elementos, sólo un loco o un Sun Tzu de la guerra urbana de
guerrillas.
—        ¿Vamos?
—        ¡Vamos, vamos, vamos!
Tal definición calzaba bien en Ramiro Ordoñez del Pozo, cuya dieta al amanecer
de este día excepcional consistía ya en dosis dobles y repetidas de vodka, whisky,
pisco y oporto. Cumpliendo con la norma de que el genio sólo puede darse si el
momento y el lugar le son propicios, Ordoñez había planeado esta operación, la
más audaz de su largo historial, durante tres horas seguidas y esta es la hora
sexta del día por él elegido en que comienza su más reciente intento de hallar y
rescatar a una doncella en peligro.
—        ¿Ramiro? Todos en posición, y no son ni las siete.
—        Así me gusta, mis bravos. Ración doble al fin del día.  
Su servicio de inteligencia, una red a nivel nacional, le ha dejado saber que los
más ambiciosos entre los oficiales de este cuerpo policial han decidido salir hoy a
protestar en las calles, imitando a otros sectores reprimidos a diario por estos
profesionales. No planean un motín, como afirman los espías de las fuerzas
armadas, sino tan sólo una marcha pacífica para llamar la atención general sobre
sus dificultades económicas, tal como hacen los maestros, los desocupados, los
estudiantes y todos los demás sectores sociales, menos los políticos. No
sospechan, no siendo políticos, que su marcha se convertirá en motín, lo quieran
a o no.
—        ¡Qué cosa! ¡Esto va a ser parecido al 21 de Julio*!
—        ¡Qué va! ¡Al 9 de Abril*, no menos!
—        ¡Silencio allí! ¡Más disciplina, carajo!
Menos se imaginan que los agentes de esa mutación no sólo serán militares
disfrazados de policías sino miembros del lumpen de desesperados que comanda
Ordoñez del Pozo, presentes hoy en uniformes verdes y grises apenas diferentes
de sus originales legítimos. Ramiro, que conoció hasta el último detalle de esta
sangrienta fiesta con días de anticipación, es posiblemente el único entre sus
estrategas que puede imaginar sus resultados. Obsesionado, sin embargo, por
una sola idea, y borracho perdido durante 23 horas del día, ese detalle le importa
tanto como un pepino podrido. Por lo demás, ha gastado buena parte de sus
ingresos de los últimos meses en un arma secreta con la que espera triunfar
sobre todos sus enemigos.
— ¡Vamos, chicos, y que Satanás nos acompañe!
Confirma al decirlo que los primeros comandos de su tropa han ejecutado una
misión simple: controlar todos los edificios y construcciones que rodean el cuartel
del renombrado Regimiento que es hoy su objetivo. Sin obstáculo alguno, dado
que los policías se preparan en su Patio de Honor para salir a gritar sus quejas y
no se sueñan con lo que les viene encima, los más están listos para su próximo
paso antes de que salga el sol. Al alistarse así han descubierto sin embargo
varios elementos ajenos de legítimo uniforme caca de ratón que comparten con
ellos techos, terrazas, ventanas y balcones.
— ¿Ramiro? Veo cientos de tipos de gris, y no son de los nuestros.
— ¿Te atacan?
— No, pero me miran raro.
— Si no están contra ti, están contigo. No les hagas caso y cumple lo que dije.
— Lo que digas, aunque yo…
— Calla y cumple.
El nudo de esta misión consiste en esperar a que los policías abandonen su
guarida para reclamar en las calles sus bonos extraordinarios a grito pelado e
impedir luego a balazos que retornen a su Patio de Honor o a otro rincón de su
cuartel general antes de que Ramiro y su arma secreta ingresen en el vetusto
edificio, hagan una gira de buena voluntad por sus celdas e instalaciones, lo
reduzcan todo a polvo y ruina a la brevedad posible y salgan de allí a paso de
vencedores sin que alguien invite a la aviación. Como Ramiro la ve, la cosa es tan
simple que asusta.
Pero la taba le da de culo y nada sale como esperaba: dos francotiradores**
desalmados de ojo clínico aparecen en el techo del Arzobispado y reciben a los
policías que salían para pedir justicia en este mundo con una serie de balas bien
colocadas que deja un número convincente de cadáveres en las callejuelas de la
capital. El ruido atrae a otro actor importante en este drama, las masas de
hambrientos y  desocupados que dan tanto sabor criollo a la urbe, las cuales
invaden como hormigas la totalidad de este escenario invitando a los
francotiradores a cansar sus índices pero dejando con la boca abierta a los
diversos regimientos de soldados y policías verdaderos, lumpen vestido de
lumpen y lumpen vestido de policías  y de soldados, hasta que todos se contentan
con mirar paralizados este masivo asesinato a sangre fría cometido por ambos
virtuosos del gatillo.
Sólo Ramiro atina a salir de su estupor y lanza como buldog su recién adquirido
Bradley* disparando a diestra y siniestra, se mete a todo dar hasta el patio de
Honor ya mencionado, hace añicos de sus corredores vetustos y lanza sus
comandos más fieles en busca de la hija de su buen amigo del alma.  Nada
encuentra, por supuesto, y tarda más en entrar que en salir de la cueva pestilente
que ha invadido.
Trepando a duras penas por las avenidas empedradas o sin empedrar que
conducen todas hacia los Andes y aún más lejos, nuestro desengañado
capitanejo patalea sus visiones en una nube de alcohol dentro del monstruo
metálico jamás antes visto en estas barriadas de gente sacrificada, conquista la
Ceja de El Alto vomitando diesel y se pierde en la helada altiplanicie infinita no sin
antes provocar los aplausos de los niños y los soponcios de las viejas.


Por falta de ley, se puede comprar hasta un tanque
Ni la justicia ni el Ejecutivo controlan la compra y venta de armas, admitió el ministro de
Gobierno tras ser consultado sobre la forma en que los policías de Santa Cruz adquirieron de
militares cientos de pistolas 9 milímetros marca Taurus Millennium.
El funcionario lamentó que no existan normas ni leyes que controlen esta actividad. Dijo que
analizará el aspecto jurídico con el fin de encontrar una solución a la libre comercialización de
armas. Las compran y las venden dentro de las Fuerzas Armadas, la Policía, los centros
comerciales y el mercado negro.
"Lo que hay que señalar es que en nuestro país hay venta libre de armas. Si usted y yo vamos
a la Galería Handal, encontramos diferentes tipos de armas que se están comercializando. He
solicitado un informe con el objetivo de hacer un análisis de lo que significa la venta de armas
en el país", dijo el ministro.
Dijo que se puede comprar y vender hasta un tanque porque el portar armas no está penado.
Calificó de insuficiente el informe del comandante general de la Policía, Edgar Pardo, por lo
que espera que le envíen uno nuevo y más detallado. Pardo admitió que los miembros de la
institución tienen "luz verde" para comprar armas a título personal y con sus propios recursos
del mejor proveedor y sin licitación pública.

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La aeronave transportó hombres armados hacia
los lugares en que hubo saqueos y civiles muertos
En masacre: militares armados bajaron de helicóptero de la FAN
El ministro de Defensa terminó admitiendo lo que el gobierno había negado con
perseverancia: la presencia de militares armados a bordo de helicópteros de la Fuerza Aérea
Nacional (FAN). La información comprometió aún más la actuación de las Fuerzas Armadas
durante los desórdenes del miércoles 12 y jueves 13 que dejaron el saldo de 33 muertos y 205
heridos, entre civiles, policías y militares. Los helicópteros llevaban francotiradores militares a
edificios para que disparen contra policías y civiles, según el reporte del comandante de la
FAN, general Heriberto Mendoza Quiroga.
Un helicóptero, con matrícula FAN 738, fue piloteado por el teniente coronel Carlos Rodríguez y
el mayor Geraldo Reyes Marañón. Despegó de su base en Cochabamba el jueves 13 y
sobrevoló las ciudades de La Paz y El Alto cuando centenares de civiles quemaban oficinas del
Estado, empresas privadas y saqueaban comercios en medio de una balacera de
francotiradores (según el gobierno, no eran militares ni policías) y de por lo menos un grupo de
militares apostado en las calles Comercio y Jenaro Sanjinés.
El reporte de la FAN señala: “El jueves (13 de febrero) el helicóptero con la misma tripulación
efectuó vuelo local de ocho minutos, partiendo a horas 13.23 y aterrizando a horas 13.31. El
motivo del vuelo es de transportar a dos oficiales de la Policía Militar con munición no letal
hasta la fábrica de EMBOL (embotelladora de Coca-Cola), que se encontraba sellada por una
multitud de gente que intentaba ingresar a sus instalaciones”.
“A las 13.35 el helicóptero hizo un segundo vuelo de 26 minutos transportando a dos oficiales
de la misma unidad para realizar cobertura a la empresa EMBOL”.
Ese día, siete civiles murieron por disparos de arma de fuego en las cercanías de EMBOL y
Almapaz en El Alto, y 19 personas más en la ciudad de La Paz.
Varios civiles y periodistas aseguraron que del helicóptero de la FAN descendieron hombres
armados sobre edificios estratégicos. El aparato fue visto cuando sobrevolaba muy cerca de la
terraza del Palacio de Comunicaciones.
* 21 de Julio de 1946,
asonada contra Gualberto
Villaroel, colgado en la Plaza
Murillo.
* 9 de Abril de 1952, la
Revolución Nacional
frustrada. Tres días de
combate, 3.000 muertos.
* * Armados con rifles U.S.
M24 con lentes Leupold Mark
4 3M 10 x 40 mm., el último
grito de la moda en este
campo.
 
* Bradley - Carro de combate
de USA, de satisfactoria
actuación en las dos guerras
de Irak.
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