Vargas sobre Morder el Silencio


"Morder el Silencio": Divagaciones sobre la bestia
Por Walter I. Vargas

Podemos pasar por alto sin remordimientos la segunda novela de von Vacano, El Apocalipsis de Antón; pese a la
estima en que la tenía el autor, es de las suyas la que me parece menos lograda: sus doscientos sesenta y ocho
páginas no consiguen creo constituir una unidad novelesca aceptable. Ocupémonos más bien de Morder el
Silencio, de 1980.
Si Sombra de Exilio es la novela de aprendizaje del mundo de vida en un país subdesarrollado, del adolescente
que entra en el conocimiento de la necesidad y el terror, Morder el Silencio en cambio presenta ya una órbita de
inmersión plena en el desencanto. El joven estudiante es reemplazado por el escritor que sufre la obligación ética
de luchar contra la encarnación simbólica del mal moderno: la Bestia, pero al mismo tiempo, debe vivir. La
historicidad profunda de la concepción del mal no ha cambiado: “e1 mundo es una jaula enorme y bestial, nada
ha cambiado en veinte siglos". Y esta jaula está custodiada por la Bestia. Pero ¿qué es la Bestia? Veámosla en la
descripción de teología negativa que hace von Vacano y quizá entonces podamos deducir su identidad: "Ese, que
juega allí con su seis tiros y que tú, el hombre de letras, jamás hablas visto antes, es el Amo del Mundo… Es el
Inmortal por excelencia. Es invulnerable como Dios. Ese, que esgrime su autoridad sin falsos gritos, callado y
seguro de si mismo, indestructible, ese es la verdad que estabas buscando. Ese nació antes del día en que
naciera la Patria y morirá el último día de la Eternidad.  …El Amo el Mundo, porque todo ha sido hecho para él. El
Inmortal, porque ha aprendido a renacer en su propia muerte. El Invulnerable, porque, sin más deber que el que
tiene hacia sí mismo, quien puede dañarlo?"
El escritor entrevé a este mítico pero tan real ser a través de las rejas de su enclaustramiento, encarnado en el
pobre celador que esgrime su arma y está dispuesto a descargarla sobre él si intenta burlar su omnipotencia.
Pero sería ingenuo personalizarlo en él. Demás está decir que el guardia aquí no cumple sino el papel de utensilio
del Poder. O, como dice Orwell, de sacerdote del Poder. No otra cosa es O’Brien respecto del Gran Hermano y el
Partido. En más de un punto von Vacano está extremamente cerca de la concepción del Poder orwellliana. Por
ejemplo: también en su mundo el poder no se contenta con someter al oprimido, sino que quiere además que éste
lo acepte como su destino y condición natural, lo agradezca y lo dedique a la autoridad: "Acepta y calla. Calla. Y
no calles solamente: finge que estás contento. Grita que viva, que viva. Di: nunca lo pasamos mejor. Afirma: nadie
se muere de hambre. Informa: el progreso progresa. Insiste: ¡qué bien que va todo! Exclama: ¡Me gusta el Gran
Excremento!". Y más adelante: "Nunca has nacido, nunca has vivido, nunca has sido nada. Debes aprender que,
si vuelves a esas calles, debes sentirte agradecido a la Bestia: ha sido benévola. Debes saber que al final de tus
diez mil días no hay otra cosa que esto: la jaula, y la Bestia al otro lado de la puerta. Pegados contra las paredes,
moviéndose Indolentes entre las jaulas y a través del patio, bajo una lluvia fría, silenciosa y perenne, son los amos
del mundo. Ese es su mundo. Y habrás de mirarlos pasar y comer y reír y fumar hasta que finalmente lo
aprendas: ese es el mundo. Tu mundo. Y no hay otro".
Al entender y aceptar que la propuesta de mundo que nos entrega von Vacano es la de un mundo lejano a toda
teología humanista, posmarxista y posmoderna, comprendemos simultáneamente que el objetivo de su escritura
es la de introducir al lector en la aceptación dolorosa de esta verdad, milenaria pero también milenariamente
escamoteada: el hombre es el lobo del hombre: "Este es el terror más grande que puede crear la Bestia: el terror
que produce el convencimiento de que todos somos iguales. Iguales a la Bestia. Y de que hemos vivido cuarenta
años de mentiras. De ficción. De Mozart en el disco, Goethe en el libro, paz en la tierra, mentiras. En la Bestia
acaba todo: muerde tu cieno; todo lo demás ha sido una gran mentira, mentira de veinte siglos". Debido a lo cual,
y como conclusión consecuente, el individuo debe recogerse a declarar la defunción de cualquier tipo de intento
de esperanza racional para cambiar el mundo: "Lo peor de todo es que mirando las cosas en el silencio de mí
pieza y sintiendo girar el mundo bajo mis pies, siento finalmente que la esperanza tiene muy buenas razones para
escurrírseme de entre los pensamientos, tengo la certidumbre de que no hay razón alguna para que algo cambie
y encuentro que tenían razón quienes apostaron al absurdo, eran afortunados quienes jugaron al robo, al
asesinato y la explotación".
Casi es innecesario decir que esto tiene demasiado el aspecto de una predicción muy precisa del triunfo actual
del capitalismo salvaje en el que está envuelto el mundo, la “victoria de los sistemas económicos al estilo fascista”
como lo ha denominado Chomski recientemente. Von Vacano es lo suficientemente perspicaz para detectar
además el contenido de represión interiorizada de tipo totalitario que se opera sobre los individuos. La
Implantación de un mundo desigual e injusto no puede ser visualizada por los individuos y los grupos en su
dimensión de horror; por el contrario, es saludada como un triunfo de la libertad y la democracia. Por lo tanto, el
opositor, o simplemente el individuo que piensa distinto, pasa por Intelectual pesimista con ideas catastrofistas:
"La Bestia me ha vencido. Nos ha vencido. Estamos perdidos. Pero como no se trata de nada serio, no puedo
salir a la calle a gritarlo. No puedo dejar huir mi desesperación hablando con nadie, ni siquiera puedo cruzar una
puerta y decírselo a los míos”. Y es que la Bestia conoce al hombre y quien conoce, maneja. Así las oligarquías
todopoderosas del mundo saben que los pueblos pueden ser masacrados y explotados una y otra vez, siempre lo
olvidarán y empezarán de nuevo: "La Bestia nos fuerza a olvidarla. Nos empuja a negarla. Nos obliga a rechazarla
y a destruir el recuerdo del momento en que nos echó encima su aliento. Por eso es que Hitler no es más que una
bruja vieja y sucia, capaz sólo de asustar a los niños que no quieren dormir".
Porque el hombre es pasible de escarmiento y sobre todo porque puede (y quiere) olvidar, será posible el triunfo
del Poder. El objetivo de la represión psicológica y física, es, pues, la domesticación impecable con que los
dominadores sueñan un mundo sin la menor posibilidad de respuesta: "No puedo pedir la justicia ni puedo exigir
la venganza, ni puedo apelar por la condena; sólo me nace este culpable ‘olvídenlo, olvídenlo’. Absorber su
agresión, olvidar su magnífica estupidez, intentar olvidarla para que los otros olviden y las cosas aparezcan
mejores; tal vez, si aparecen mejores, comiencen a mejorar". Se volverá sobre este consuelo en la apariencia,
cuando veamos cómo von Vacano cierra su novela aludiendo a la posibilidad de una solución “para-religiosa”.

LA DIFERENCIA ESPECIFICA. En este comentario de la trama central de esta novela falta sin embargo una
especificación demasiado importante como para no mentarla. Es la que atañe al punto de vista del novelista.
Quien aquí habla o escribe es específicamente un escritor perteneciente al mundo subdesarrollado. El análisis
artístico del contenido del Poder y de su forma actual de modelar el planeta está soportado por la perspectiva del
oprimido, es la forma o el lugar de percepción del fin de la modernidad propia de las regiones pobres; lo cual
seguramente acarrea diferencias no desdeñables. von Vacano simboliza cristalinamente esta constitución al
utilizar dos términos por demás claros para referir tales dos mundos: la Noche y el Día.
La percepción de la ciudadanía de la Noche, de la condición de pobre, está planteada cuando el escritor imagina
el proceso de aprendizaje suyo reproducido en sus hijos: "Y escucho cómo, sin notarlo, sin saberlo, van
devorando sus días, van entrando en este mundo, van aprendiendo, como me sucedió a mí en mi día. Hasta que,
sin notarlo ni saberlo, dirán un día: soy de aquí. Y, como yo en mi día, sabrán que han hecho una elección errada,
que se han cerrado las puertas del Día, que han elegido, ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, el destino del
oprimido, la suerte del explotado, el pan magro del eternamente robado, la tristeza del que vive algo que está mal,
que siempre estará mal, y que nada puede cambiar ese destino". Hablar de elección en este caso puede suscitar
equívocos, y quizá haya que considerar esto tan sólo como un gesto retórico. Más Inquietante es rastrear la
manera en que la novela arguye esta doble condición ciudadana del mundo. O mejor, la manera en que se
detecta la existencia de dos mundos; el primero y el tercero, puesto que es necesario actualizar las cosas; dos
mundos que coexisten pero que no podrán jamás interpenetrarse. Con otras palabras, la afirmación rotunda de
que ningún tipo de Igualación social y económica es ya factible, y que mas bien la distancia, como dicen los
periódicos todos los días, es cada día mayor. Los pocos contactos a los que se accede en la novela suscitan una
impresión que la noticia periodística apenas puede barruntar; el terror de vivir en un mundo sin esperanza: "Nos
han mostrado el Gran Queque, pero dicen que no pertenecemos a él, no somos más que visitantes de la Noche.
Ciudadanos de la Noche, afortunados porque nos han invitado a visitar el Día. ¿Qué han querido decirme? ¿Que
soy sólo un semi-hombre de visita en el mundo de los semidioses? ¿Me han mostrado el Día solo para
convencerme de que no podré jamás contra ellos, y para devolverme a mi Noche?"
Jan Kott, en sus ensayos políticos sobre Shakespeare cita la frase
lapidaria con la cual se resume la visión de mundo del dramaturgo: "El
mundo se compone de canallas y estúpidos, de los que devoran y son
devorados. Los hombres son como los animales, se ayuntan y comen.
Los débiles no merecen compasión, son tan repugnantes como los fuertes, sólo que más tontos. El mundo es
abyecto". Semejante falta de piedad se percibe en la perspectiva de esta novela. Hay que señalar por ejemplo
que de la crítica de los poderosos no se deduce una apreciación idealizada de los dominados "Esta trampa es
difícil porque puede durar cien años. Una vida. Consiste en creer que, porque el hombre es de menos medios, de
medios muy limitados, de medios tan escasos que ya no se ven, es un hombre mejor. Las humildes masas que
merecen el sacrificio de mi pescuezo. Las masas, esas ingentes masas cuya marcha hará temblar la tierra para
inaugurar el día de las grandes palabras: Justicia, Verdad, Sabiduría, Compasión, Amor. Cualquier tipo normal de
inteligencia media puede gastarse veinte años creyendo esa inocentada."
El mundo, entonces, está hecho de inteligentes y tontos; y el escritor percibe, al promediar la novela, estas
opciones como suyas en cierto momento: "De haber nacido mas inteligente- léase ladrón- las oportunidades de
llenarse los bolsillos localmente habrían sido aprovechadas, como que vinieron en su momento: ¿qué son cinco
años de vivir nervioso a cambio de cuarenta mil dólares, la suma que se necesita para obtener una visa y vivir,
feliz para siempre, en otra parte? De haber nacido sin esta estúpida debilidad que consiste en tomar algunas
palabras en serio — Patria, Dignidad, Libertad, etc., etc.  — De aceptar verdades tan claras como esas que dicen
que no todos los hombres son Iguales, que las masas sólo sirven de excusa a los individuos que nacen con serias
ambiciones, que no hay otra vida detrás de ésta y que nadie, nadie, nadie nos quita lo comido, hubieran existido
otros caminos que seguir. . .”
Esta me parece ser la distancia más relevante entre la crítica del poder que desde posiciones Ideológicas
efectúan otros novelistas y la que hace von Vacano. Este último no se permite las verdades parciales ni postula
por ello redentores de la humanidad que luego resultarán a su vez componentes de la Bestia. von Vacano tiene el
suficiente tino para dibujar un mundo y una historia absurdas y sin demasiados santos. Al arrepentirse el escritor
de sus elecciones, y lamentar sus inclinaciones humanistas, está aceptando pertenecer al lado de los Ingenuos.
En su perspectiva el débil no explota ni es injusto sólo porque no puede. Semejante concepción helada de la
humanidad tiene entonces que guardar por fuerza un prudente sitio aislado en la literatura boliviana. No hay
muchos ejemplos de un enfrentamiento tan descarnado con la verdadera realidad.
Y sin embargo, al cabo de la lectura de Morder el Silencio, al cabo de la excursión por el reino del sin sentido y la
desesperanza, surge sorpresivamente la alusión al sentido; sino la posibilidad de un orden objetivo, la
consolación subjetiva del individuo. Veamos.

LA NECESIDAD DE UNA NUEVA FE. Sombra de Exilio concluye con un final reconfortante: Max, el terrorista
perseguido termina arrepintiéndose de haber conspirado, consigue trabajo y se convierte en periodista. Por
desalentador que sea el entorno que describa una novela, la conjura feliz de las desgracias del personaje
principal opera mayor efecto de sentido simbólico sobre el lector. La redención de Max metaforiza la posibilidad de
algún resquicio de confort espiritual. En el mundo no todo es malo, parece decir este final de novela. Y en Morder
el Silencio las cosas devienen de modo similar aunque esta vez en el plano ideológico en el que se mueve esta
novela. Y no hay otra manera de entender este remate sino enmarcándolo dentro del proceso general histórico
que vive el mundo atrasado: la posición clásica desde la cual se encuentra respuesta a la demanda histórica de
redención social es desde luego la de las Ideologías y sistemas modernos, el capitalismo o el socialismo. Pues
bien, el nihilismo en el que se embarca el héroe de esta novela lo Inhibe de adoptar semejantes soluciones. El
texto más bien constituye una repulsa y refutación más o menos explícitas de las mismas, tal como se ha visto.
Puesto que ambas, especialmente la segunda, exigen como Ideologías una acción objetiva sobre la realidad para
hacer de ella otra mejor, es decisiva la renuncia a la acción histórica que se opera en cierto momento de la
novela. Todo está planteado en el siguiente diálogo:
La Sra. Beatriz: Pero...no dijo usted en el "Antón", página 219 "Acción. Cruzarse de brazos es complicidad"?
Yo: Sí, pero...
La Sra. Beatriz: Lo dijo o no lo dijo?
Yo: Sí, pero...
La Sra. Beatriz: Pero si. Usted se contradice…
Yo: lo dije porque pense que venceríamos. Pero me equivoqué… Cuando lo dije… Yo pensaba que podíamos
vencer… Que la batalla y la victoria eran posibles… Que se podía lavar un siglo y medio de cobardías y
bastardías con la sangre nuestros enemigos...”
El diálogo adquiere suma Importancia si se trata de fijar la concepción de mundo que en fin de cuentas propone el
autor. No se trata del pesimismo que hasta aquí se ha estado revisando sino de la sustitución de la ideología de la
acción y la lucha por una suerte de nuevo cristianismo: "..hay demasiado sufrimiento, tiene que haber un camino..
.Y no es la violencia: finalmente, yo no soy más que una tentativa de creer y practicar el cristianismo." Se trata de
un giro sumamente llamativo si se piensa en la circunstancia histórica e ideológica de la cual surge la obra de von
Vacano; no otra que la de la demolición total de la guerrilla por parte del ejército. Este es el cuarto elemento
alegórico de importancia que se deja ver en la novela: el pacifismo revolucionario como última forma de redención
y resistencia es lo que el autor llama El canto de la Sirena:
"La Revolución es el Canto de la Sirena y consiste en cruzarse de manos. Cruzarse de manos día y noche. Y
renunciar, en vez de ambicionar. Dar, se que no soy original, en lugar de arrebatar. Entender en lugar de exigir.
Cruzarse de manos y dejarse morir para conquistar la vida. No odiar. Mirar con piedad al asesino. No despreciar.
Cómo habrán de cansarse en la tortura, cómo habrán de agotar su capacidad científica de aniquilarnos. Y cómo
habrán de aprender, poco a poco, que están vencidos, que siempre estuvieron vencidos" . Tan sólo de esa
manera es nuevamente factible para el hombre, pertenecer a la humanidad, y para el escritor (que ahora se
dirige a su lector), escribir: "Porque es verdad que el Pueblo es inmortal, y la Bestia perecerá... No fue fácil. Fue
necesario un acto de fe, otra vez.., sin ti, yo no lo hubiera descubierto nunca. Nunca hubiera descubierto que el
hombre puede ser destruido pero no vencido."
La singular solución que aquí se plantea por tanto escapa a toda la sedimentación moderna de las ideas y
corresponde más bien a una transformación por revelación y a una mejora del hombre por medio del ejemplo. La
consigna de cruzarse de manos obedece a la táctica de vaciar el mundo, de desconectar la maquinaria
inacabable del mundo: "No mover los ojos. No mover un dedo. No moler una mies. No encender un motor. No
hablar con nadie. No decir una palabra más. No murmurar quejido alguno. Paralizar la tierra. Hasta que aprendan.
Hasta que sepan que valoramos más la muerte a nuestro modo que la vida según nos obligan a vivirla".
Hacia dónde se dirija eventualmente esta detención de lo existente es más difícil de Imaginar. El medio para-
religioso en el que se mueve todo inhibe justamente de formulaciones concretas. Una vez que se empieza a
hablar de milagro no se puede pedir explicaciones o desarrollos.
Resulta audaz proponer esta conversión religiosa como tesis general de los textos examinados y probablemente
su autor se resistiría a aceptarla, pero me parece un hecho que su comprensión debe ser incluida en un estudio
más a fondo, dada la índole de está literatura. Las conversiones al catolicismo o a otras formas religiosas de
figuras mayores de la literatura mundial como Boll, Doblin o Ionesco hacen pensar que no se trata de un hecho
aislado sino de un carácter adquirido debido al profundo desconcierto ideológico de la época.
Walter I. Vargas es crítico literario. La Paz.
PRESENCIA LITERARIA
La Paz, Bolivia.
domingo 21 de febrero de1993
Sus Criticos
Su Premio por Leer esta Nota