Su Opinión
¡No hagan Tonteras, MAS!
Arturo
Sus Libros

Va a ser un año apenas desde que Evo Morales ganó el Palacio Quemado, pero con
todos los despelotes que arman los bolivianos, parece un medio siglo. Nadie tiene una
vida para graduarse en el poder, y el año que se cumplirá a fines de este ídem
significa que hay que acabar de aprender a gobernar y hay que comenzar a gobernar
nomás, porque la gente, la verdad, se cansa de tanto despelote. Ningún país puede
vivir en crisis eterna.  
Nadie dice que los problemas que enfrenta el Palacio Quemado sean insolubles pero,
si bien ni Jesús podría gobernar nuestra amada olla de grillos, es necesario reconocer
que la verdad entra, aunque tarda, en el cerebro más denso que haya creado el buen
Dios. La verdad en este caso es que esta “revolución” es irreversible, fatal, ineludible y
necesaria y que todos los bolivianos harían mejor si le ponen el hombro de una buena
vez y pasamos a otras cosas. La idea es lograr los cambios con un mínimo de joda y
no al revés, un máximo de joda y un mínimo de cambios. La cosa se pone pesadita
porque todos parecemos un malón de boludos.
En este claro espíritu de paciencia y conciliación, me permito ofrecer con la humildad
del caso algunas ideas para solucionar los nudos gordianos que parecen impedirnos
una pacifica vida ciudadana como la merece todo país disciplinado, trabajador y
esforzado como decimos que es el nuestro.
LA HUELGA DE HAMBRE
Como ha señalado un despierto político de Robemos, (el nombre viene de una
interpretación freudiana del subconsciente de Tuto), la huelga de hambre es el ultimo
instrumento de una minoría oprimida y torturada en defensa de sus derechos. Estoy
totalmente de acuerdo.
En este día, si esa minoría no es oprimida ni torturada, sucederá con sus hambrientos
huelguistas lo contrario de lo que sucedió con las valientes madres que derrocaron a
Banzer. En lugar de derrocar al indio Evo, Lechín y sus amigos tendrán nomás que
morir de hambre. Digo, es un decir, porque sólo los pobres mueren de hambre en
Bolivia. Imagine usted al panzón de Samuel Doria Medina (el gordo más rico de Bolivia)
muriendo de hambre. Le tomaría una década. La respuesta obvia es la indiferencia.
El ataque que sufrió Lechín en San Francisco no fue un crimen. Fue peor que un
crimen. Fue una estupidez. Lo indicado es ignorar olímpicamente a esos hambrientos
de chiste y dejarles la libertad plena de morir de inanición a pesar de la tremenda
pérdida que ello significaría para las letras nacionales. Lo mismo con los demás falsos
hambrientos. Todos debemos castigarlos con la mayor indiferencia, como si fueran
invisibles, hasta que llegue el día en que los veamos deslizarse hasta el restaurante
más cercano, vencidos por la injusticia de su causa. Después de todo, sólo son 600
entre nueve millones menos Lechín y los ricachos de SRZ.
Esta “solución” tiene antecedentes. La Dama inglesa de Hierro, Margarita Tatcher, dejó
morir durante su gobierno a un montón de huelguistas de hambre que eran presos
políticos. Gandi, el santo más flaco del mundo que hizo posible la fundación de la India
con sus hambrunas periódicas, fracasó una docena de veces porque no todo estaba
listo para apoyar sus iniciativas. Retornó siempre a su dieta de arroz y agua fresca. No
voy a darle la razón a Tatcher ni a quitársela a Gandi. Sólo quiero decir que eso de las
huelgas de hambre es un arma de doble filo.
Pero insisto. Cuando la huelga de hambre es injusta, lo mejor es dejar que se desinfle
sola. Lo peor es enviar matones, policías o cocineros a disuadir a los huelguistas. Lo
que si puede hacerse es fotografiarlos y presentar las historias personales de cada
uno de ellos. Descubriremos entonces los elevados ideales que guían a los amigos de
Lechín y su larga trayectoria política. Como se ve, bien manejado, este no es un gran
problema para nadie, excepto los huelguistas.
LOS PREFECTOS
Todo país, si quiere ser país de verdad, tiene que tener una Ley. Una Ley así, con
mayúscula. Nuestra Ley es la Constitución vigente. No es una maravilla ni sirve bien a
Bolivia porque ha sido creada para explotar y abusar a los bolivianos. Por eso, Evo
quiere cambiarla. Es una Ley mala y será mejor que la cambiemos pronto.
Pero hoy por hoy es nuestra Ley. Y esa Ley dice que los Prefectos, mal llamados
gobernadores por la prensa extranjera, representan y deben obedecer e informar al
Poder Ejecutivo (Evo) mientras ejerzan la autoridad que el Poder Ejecutivo (Evo)
delega en ellos. Toda actitud contraria es subversión. La subversión es un delito.
Quien comete un delito es un delincuente. Debe ir preso, ser juzgado y pagar su delito.
Así de sencillo.
Lo que enreda este asunto es la mariconeada de Mesa y Rodríguez, el de los misiles
chinos, que condujo a la elección anticonstitucional de los Prefectos. La Ley dice que
los Prefectos son designados por el Ejecutivo. Mesa y Rodríguez se asustaron ante los
ricachones de SRZ y permitieron esa barbaridad. Ahora, cada Prefecto se cree Rey de
Francia y se roba poderes que sólo al Presidente de la Republicana soberana de
Bolivia corresponden.
¿Qué solución se le dará? La obvia. Se debe usar la TV, la prensa nacional e
internacional, las radios mineras y comerciales para una ceremonia dedicada a la
designación de un Oficial de la Policía debidamente uniformado (el uniforme es el
símbolo de la Ley del país) como encargado de cumplir la orden de arrestar y
presentar ante el Poder Judicial a cada Prefecto subversivo.
Este policía debe viajar por tierra acompañado de un solo colega y debe permitir que la
TV y prensa y la radio sigan su viaje hasta su destino, debe cumplir la orden recibida y
debe retornar a su sede seguido de la TV, etc. etc. De este modo, el país entero verá
la actitud con que reacciona cada quien y juzgará a cada quien como corresponde.
Para los tontolines que creen que estoy diciendo un disparate, tengo otro antecedente:
cuando el gobernador de Mississipi, USA (un estado soberano)  se negó a cumplir la
ley anti-segregación y no permitió que un negro entrara a la universidad como lo
mandaba la ley, El Presidente de USA armó un espectáculo como el que menciono y el
mundo entero vio como la policía hizo cumplir la ley y el negro entró en la universidad.
Lo vio en cine, en TV y hasta en la prensa impresa con fotos y todo.
LOS RICACHOS DE SRZ
Ya no son problema, la verdad, porque ya se ha visto que sus matones a sueldo no
pasan del tercer anillo. Claro que es una vergüenza para el millón de bolivianos que
sufren en SRZ la “autoridad” de tales “cívicos”, pero si eso es lo que prefieren, allá
ellos. Bien sabe Dios cuanta sangre le ha costado al pueblo de Bolivia las libertades
estrechas de que goza.
HUANUNI Y QUENELLATA
La Ley no puede mirar a un solo lado, la izquierda, como dirían muchas gentes. Si las
medidas que sugiero han de tener alguna legitimidad, es necesario capturar, juzgar y
castigar a los responsables de la horrible barbaridad cometida en Huanuni.
También es necesario hacer justicia pública contra los asesinos del policía Quenellata
y a favor de la familia de este humilde servidor de la Ley. Estos son crímenes que no
pueden quedar impunes porque han sido crímenes cometidos contra todos los
bolivianos.
Si quedan impunes, es porque Bolivia no es un estado soberano sino una imitación
mala del Lejano Oeste. En consecuencia, cada boliviano tiene la obligación de
recordar estos crímenes y demandar su justo castigo. No es cosa de meter la cabeza
en la arena y olvidarlo todo como si fuéramos niños irresponsables.    
Las autoridades deben ser tales, es decir, deben ser autoridades, y de eso no les
salva el ser indios. Indios o mestizos, deben cumplir con la Ley y con su deber. Hoy,
eso no es sólo un deber, sino una necesidad. Por ser indios, la historia las juzgará con
mayores demandas que a sus antecesores mestizos. Si cumplen este deber, habrán
dejado un ejemplo casi, casi sin precedentes.
OTROS PROBLEMAS
Nadie duda de que la diplomacia se ha convertido en un sainete tragicómico.
Los indios, como diplomáticos, nos han resultados más malos que los mestizos, y ya es
decir mucho. Es imposible que no existan diplomáticos de carrera cuya inteligencia les
alcance para entender que su futuro está en ayudar a Evo. ¿Dónde están los
graduados de aquella academia? ¿Dónde, los educados capaces de armar una
posición inteligente para nuestra diplomacia? Ya se sabe que la diplomacia son los
cañones de cada quien pero, ¿es posible el presente desbarajuste? El único
diplomático que vale su peso en oro es Evo pero, coño, ¿es que Evo tiene que hacerlo
todo?
Aún otro problema es la propaganda. Un año después del triunfo de Evo, el mundo
sigue sin entender claramente por qué, un país con un 60 por ciento de sus habitantes
en la miseria casi absoluta, necesita reformar sus leyes, sus instituciones y las reglas
generales del juego económico. ¿Es que Evo no puede hallar un equipo de gentes que
articulen esta realidad tan evidente de modo claro e ilustrado con cifras para lanzar un
par de documentos como banderas al viento destinadas a convencer a amigos y
enemigos?
Parece que los bolivianos han olvidado que no es Evo quien ejecutará las reformas
que Evo busca. Para hacerlas realidad, es necesario que cada boliviano cumpla su
deber, haga su parte y crea posible un mejor futuro para todos.
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Dic. 06