Su Opinión
La tonta dictadura de las masas
Arturo

En la euforia de ver a un Presidente indio en el Palacio Quemado y a un ministro indio
en la Cancillería, euforia que domina hasta a ese Presidente cuando recuerda sólo que
es cocalero cuando está entre cocaleros y olvida que ahora ya es Presidente de todos
los bolivianos, los bolivianos (especialmente las masas) olvidan en masa algunas
verdades eternas, verdades que, en nuestro sufrido papel de escribidores, tenemos el
agrio deber de recordar a nuestros cuatro lectores para poder morir tranquilos cuando
la hora nos llegue (qué bonito me ha salido esto).
La primera de esas verdades es que nadie puede gobernar Bolivia, ni Cristo, así
bajara otra vez a este valle de lágrimas con esa absurda ambición. Así, el Presidente
Evo no está gobernando Bolivia todavía, sino tan sólo tratando de mantenerse de pie
hasta acostumbrarse a su nuevo papel. Eso no tiene nada de raro: hasta Jesús se
tomó 33 años para ser Cristo. Pero Evo sólo tendrá seis meses de plazo, y eso.
Otra verdad es que Evo NO va a hacer la Revolución (esa Revolución, la que se
escribe con mayúscula y es la verdadera). Ni Evo ni nadie puede hacer esa
Revolución. Sólo el Pueblo, esas masas hoy eufóricas que amenazan ya con
desilusionarse a toda prisa, puede hacer la Revolución. Evo tratará de guiarla, pero no
creo que pueda: miren al Mono Paz. Con lo bandido que era, deshizo con la derecha lo
que hizo con la izquierda pero al final debe estar lamentando en el infierno lo que hizo
con derecha e izquierda. El Mono fue el mejor político boliviano del siglo anterior, habrá
que recordarlo para los jóvenes aficionados al hiphop que no conocieron el mundo
cuando ser maricón era pecado.
Ni yo, que le tengo una simpatía bárbara a Evo, creo que Evo juega en la liga en que
jugaba el Mono. Celebré con euforia el triunfo de Evo (y en su hora el del Mono)
porque ambos significaron un indudable progreso en la historia social del país, pero
Evo no es Fidel, Bolivia no es una isla, la historia es la historia, la geografía es la
geografía y la realidad es una sola.
Esa realidad se compone de millones de niños-grandes que creen que “mi Presidente
ha ganado, ahora toda la semana será feriado” o, como está sucediendo en el
Altiplano, “bótenlo al alcalde o sembramos de piedras las carreteras”. Esos eran los
absurdos por los que sus enemigos les decían, “¡Calla indio bruto! Llama pareces”, y
esos son los riesgos del poder político, pues.
Si queremos que Evo nos ayude a hacer nuestra Revolución, tenemos que aprender a
ser mayorcitos ahora: “Cambiaremos al alcalde, ¿ya? Hablaremos ahora pues, y que
sea sin chicha”. Eso es democracia: hablar, negociar, alcanzar un compromiso. Lo otro
es actuar como… bueno, como indios en rebelión. Hoy es el día en que los indios
deben aprender rapidito nomás a hacer las cosas demostrando que ya no necesitan
de ningún patrón que se los piense ni se los haga nada de nada.
Como tantas veces ya lo hice (desde 1960, la verdad) también es necesario advertir a
las masas enardecidas de que una derrota tras el triunfo de Evo (léase golpe militar,
otro 2l de Julio, invasión gringa o separatismo camba) les va a costar sangre a las
masas, sangre, sudor y lágrimas. Si antes sus enemigos fueron malos, esta vez si que
les van a dar wasca. Wasca con palo, fusil, sangre y fuego. Viudas va a haber,
huérfanos va a haber. Feo va a ser, siempre. Y mejor no lo olvidamos ni un solo día de
nuestra vida.
Pero esta es otra ventaja  que nos trae el triunfo de Evo. Antes, qué hubiera podido yo
escribir como estoy escribiendo. Habría estado insultando a los indios, ¿no? Como me
decía mi mujer, antes: “No le digas india a la india, Bebe”. Ahora, con el indio en el
poder, esa palabra nos pertenece a todos y ha perdido ya ese “defecto”. No es como
en USA, en que decirle “negro” al negro es crimen de lesa y letal estupidez.
Por fin, una verdad más: no sólo el Imperio es enemigo del Pueblo, no sólo los chilenos
que matan de hambre a su pueblo, no sólo los super-millonarios orgullosos de haber
hecho otra Miami de Santa Cruz son sus enemigos; también lo son esos idiotas que
creen que porque Evo trabaja hoy en el Palacio Quemado la Revolución se hizo ya. Y
esos imbéciles que creen que hoy pueden exigirlo todo y no dejarán de exigir absurdos
hasta que Evo pase a la historia como mártir gracias a esos “revolucionarios” infantiles.
La política, dice esta vieja perogrullada, es la ciencia de lo posible, y muy pocos hay,
Sancho, que saben cuan poco es posible cuando se es pobre, desnudo e ignorante
(pero honesto) frente al mundo y sus maldades.
Así que: a ajustarse el cinturón, carajo, y dejar de exigir y de joder.
¡Al trabajo, todos!