Su Opinión
La Solución Boliviana
Arturo
Sus Libros

La meritocracia es una sistema educacional por el cual un individuo de inteligencia
media pero emprendedor se dedica a memorizar los disparates que tipos raros de
apellidos impronunciables han dicho o escrito alguna vez sobre cualquier tema. Los
usa luego para justificar sus propios disparates.
Tras esta muy necesaria advertencia, me permito usar el nombre de Peter W.
Galbraith, cuyo mérito doble parece ser una singular inteligencia y el accidente de
ser hijo del famoso economista, y citar uno de sus presuntos disparates.
Este Galbraith ha escrito la siguiente definición, que a los bolivianos nos viene al
pelo porque no nos define: “Una nación es un grupo de individuos que comparten
una identidad común”.
Estoy seguro de que todos los bolivianos menos los que nunca están contentos con
nada estarán de acuerdo con esa definición, sobre todo si lo piensan un poco antes
de protestar. También estoy muy seguro de que, al no definirnos, define la suerte de
Bolivia y describe a este país que nunca pudo ser, sobre todo después del 2 de julio
ppdo.
La partición a lo grueso 60-40 de los votos emitidos en esa fecha indica con claridad
meridiana que ese 40% no aceptará jamás la identidad de ese 60%, y viceversa.
Esto es, los que hoy conocemos como bolivianos han dicho al mundo que no
comparten su identidad de bolivianos, y por tanto la tierra que pisan, ese país, esa
utopía, esa nación, no existe. Es imposible. La identidad de boliviano no existe. Lo
que existe son dos grupos antagonistas y empeñados en asesinar a Bolivia (lo poco
que han dejado185 años de vida “republicana”) y entregar los restos a sus amables
vecinos.
Es decir, niegan su himno patrio, aquello de “morir antes que esclavos vivir”, y eligen
el destino de diminutas colonias brasileñas, peruanas o chilenas, según el rincón
que a cada cual le toque.
Aplicando su escrito a Irak, Galbraith explica: “Sunis, shiitas y kurdos, todos, tienen
una identidad religiosa o étnica. Lo que no tienen es una identidad iraquí.”
Con lo cual nos da en el ojo, como se dice: crucos y collas tienen una identidad
étnica. Lo que no tienen es una identidad boliviana.
Por “cruco” entiendo aquí a la “media luna” y todos sus mitos y estupideces y por
“colla” todas las estupideces y mitos de la wipala.
Y por “solución boliviana” para el problema de Bolivia entiendo esta condena a
muerte que los votantes aplicaron al país que les vio nacer cuando hallaron el
tiempo necesario para olvidar por un momento el último Mundial.
Galbraith propone para Irak una confederación de tres estados, sunistán, shiistán y
kurdistán. Como los gringos son o serán quienes reciban este tipo de proposiciones,
Galbraith propondría tres protectorados o cuatro a USA, el “papito” de la película, y
los pondría bajo el ala de nuestros buenos vecinos.
USA se lavaría luego las manos, como Pilatos, y nuestros buenos vecinos harían con
nosotros lo que hacen tan bien hoy los iraquíes, matar hasta dejar casi vacío el país.
¿En cuanto tiempo se puede liquidar a seis millones de opas usando armamento
muy moderno? Menos de un año. Lo digo yo, no Galbraith.
Eso es lo que la votación del 2 de julio ha elegido, y eso es lo que buscan los idiotas
que prefieren la “media luna” o la wipala antes del rojo, amarillo y verde.
En lo personal, yo lo supe apenas terminé de leer el primer libro de Historia de
Bolivia que me regalara Don Alfredo Ayala, mi amado profesor preferido, de modo
que nada de esto me sorprende.
Me dolió mientras leía el “Antón”, que describe con pelos y señales esta solución tan
boliviana para Bolivia pero, como lo indica “Hombre Masa”, prefiero un final de
bomba antes de una eternidad de hambrunas, esclavitud, miseria o, como dijo aquel
que ya nadie recuerda, un lugar donde “muchos viven como perros para que unos
pocos vivan como cerdos”.  Mucho más digna es la suerte de Cochise, pues que no
habrá otra.
Pero, viejo y ya en capilla, el estomago me arde y se rebela al contemplar la
estupidez, el egoísmo y la ceguera de esos que el azar me ha dado por compatriotas
y que se forjan día a día el privilegio de haber asesinado a una nación.
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