Su Opinión
Arturo
"Saqueadores" y Saqueadores
Sus Libros
Ahora que se ha dado otro baño de sangre y en la cómoda búsqueda de culpables a que se
dedica todo hipócrita, muchos bolivianos han decidido que los más culpables (aceptan, así
sea sin decirlo, que todos son culpables) de esos días de violencia son los saqueadores, y yo
no sé si se refieren a esas bandas de hambrientos semidesnudos que han venido a
convertirse en vecinos de nuestras ciudades o a los partidos políticos.
Por supuesto, para los saqueadores que han podido hacerse de su mansión tras unos años
de duro trabajo como politiqueros - Jaime, Jaime, ¿qué estas haciendo? -, los demagogos o
los asesinos (lejos de nos los uniformes, cuyas únicas victorias fueron sobre su pueblo
desarmado), fácil es hoy el acusar a los hambrientos de cualquier maldad. Después de
todo, los hambrientos no tienen un canal de televisión para defenderse.
Pero a los que tuvieron tiempo para organizar sus equipos de saqueadores hasta llamarlos
partidos políticos, ¿quién los acusará? Jaime es un ejemplo claro como el agua:
desilusionado por la falta de ideales en un país de miserias sin mensura, se ha dedicado a
profesionalizar a sus seguidores en el arte sistemático del saqueo, y es para ello que se ha
aliado con el Goni, uno de los hombres más ricos de Bolivia gracias a? ¿A qué, don Goni?
Como político, Goni es buen minero y, como minero, Goni es buen político? Mañana va
resultar dueño del Chaco y sus depósitos de minerales, comprados con duro sacrificio (¿de
quien?). Y pasado mañana los va a vender a los ingleses, pues para eso es que quiere
"cambiar" al país.
Los otros saqueadores del país van de uniforme, y hoy no es posible casi hablar de ellos
porque, milagro de milagros, se han peleado porque no se entendieron al momento de
partirse las peras. Este es tal vez el peor error político de Goni, y le puede costar el cargo.
A la embajada no le va a gustar? ¿Para qué decir más?
Pero la verdad es que esos partidos políticos, los bostas y sus colegas, los milicos, son
también saqueadores, y por eso es que se hicieron bostas o milicos. Los soldados no tienen
qué comer ni almorzar porque sus generales pertenecen a una republiqueta intocable e
independiente del país: tras tantos años de democracia, ¿quién se atreve a tocar a los
generales? Con democracia están mejor que nunca: comen y abusan como chanchos y
dejan que los civiles "gobiernen". ¿Es posible creer que no comerían como comen si no
fuera porque también se dedican al saqueo?
No quiero meterme con un sector empresarial entre cuyos defectos está la incapacidad de
producir ni productos ni servicios ni nada, a no ser lágrimas de cocodrilo, ni la burocracia
pública que ni saquea siquiera, sino que se deja morir de hambre entre farras de fin de
semana.
Ah, si. En este desfile de saqueadores casi me olvidaba de esas bandas de hambrientos
semidesnudos que han venido a avecindarse en nuestras ciudades.
Si a los demás bolivianos les queda sangre en las venas como para reconocer que la
existencia de un hambriento es vergüenza de todos y que la presencia de millones de
hambrientos es culpa común, es posible que se dejen de jorobar contra esa pobre gente
que se robó una computadora que no sabe usar, ese escritorio que no pudo malvender o
ese par de calcetines para que un niño que siempre anduvo descalzo aprenda lo que es ese
lujo.
Y si así no fuera, bienvenido el diluvio.
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