LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Sabado - Primero/4
El ambicioso y apresurado crecimiento de la Reina del Oriente le ha hecho de
lejos similar a una de esas cortesanas francesas cuyas aventuras hacen tan
deliciosamente picante la historia del Rey Sol, y esta es la hora en que Santa Cruz
luce, como la Pompadour, varios anillos que van contando la historia del modo en
que el pueblo se hizo ciudad y la ciudad metrópolis: cada anillo urbano que ha
construido alrededor de su ombligo, la Plaza Mayor, certifica su desarrollo aunque
marca las diferencias vigentes entre quienes tienen y quienes carecen de medios
de vida. Cuanto más reciente*, cada anillo es más amplio y más distante del
centro de poder económico. Vista la urbe desde el cielo, pareciera que el impacto
de la civilización pegó en la Plaza y se va extendiendo como las ondas que causa
una roca lanzada contra un charco de patos.
No es extraño, entonces, que el Dr. Cristian Alejandro Ulloa Gumucio, psicólogo y
psiquiatra de profesión, tenor de afición y santo de vocación, haya decidido
trabajar hasta morir en un lugar que incluye el bosque virgen, las viviendas
improvisadas de sus clientes y un laberinto que fuera haciendo su propia
arquitectura a medida que los sacrificios del médico y las necesidades de sus
pacientes añadieran cuarto tras cuarto a lo que fue hace décadas una casita en el
monte. Desde allí se ve algo del último anillo, el más amplio, y esa es una ventaja
importante, pues hay veces en que hace posible el agua potable que el Dr. Ulloa
necesita en sus luchas diarias. Su enemigo es el polvo blanco que domina la
economía del país y sus soldados son trece mujeres dedicadas a ayudarlo porque
perdieron años ha al último de su parientes o al primero de sus hijos en este
establecimiento.
Aunque en los albores de esta industria, hace treinta años, se hablara algo sobre
las urgentes obligaciones de la sociedad hacia sus miembros menos afortunados,
los que devora el derivado de la hierba sagrada y viven hasta agotar toda
esperanza las agonías monstruosas de la adicción que jamás aparece en el cine o
la novela, los que pisan porque tienen hambre la masa bruta que da oro por una
vertiente e insondable miseria por otra y luego ven comidos por ácidos raros sus
pies y sus brazos antes de perder la mente y los que le deben la bala con que
intentaron dar fin a ese apetito desaforado pero sólo lograron el limbo gris en que
babean mientras agotan, ni vivos ni muertos, su juventud, su edad madura y su
vejez, los que pagan la masiva factura, en fin, que a todos presenta ese manantial
de horror y riqueza controlado por un puñado de audaces… Se habló tan poco y
tan mal por ese entonces que los intentos de aliviar esos feroces daños
desaparecieron como una lluvia de verano y es costumbre nacional hoy la de
ocultar entre los muros de casas, casonas o chozas a las víctimas de la hoja
mágica, negar el tema a las conversaciones entre gente decente o mencionarlo
sólo entre parientes muy cercanos. En una guerra sorda en que cada día muere
algún combatiente, los derechos de estas víctimas no hallaron nunca defensor
alguno, la plaga se discute sólo porque quienes pueden y quienes no pueden
cultivar la planta, machacar la hoja, procesar el polvo y cosechar riqueza hablan,
gritan o disparan, y la locura blanca se ha asociado con los males que acaban
con los pulmones, los que aparecen cuando se come poco y mal, los que causan
tragedias cuando se bebe mucho y se piensa poco, los que asolan y pervierten
pero no se mencionan.
Tal situación negaba competidores al Dr. Ulloa Gumucio, quien hubiera recibido
con brazos abiertos a uno solo de los muchos jóvenes estudiosos cuyas
ambiciones se centran en atender señoras parturientas o improvisar dentaduras
postizas tras haberse aprovechado de las universidades locales, tan pobres,
antes de salir a especializarse en las extranjeras, tan ricas, y retornar, si
retornaran, para hacer migas entre la gente de medios conectadas de un modo u
otro con la… Pero el triunfo de la hoja y sus servidores es tema que el Dr. Ulloa
abandonara durante su propia juventud después de una visita a la Capital del
Mundo que le convenciera de que la Guerra contra las Drogas había elegido
mucho antes a sus verdaderos beneficiarios aunque nunca los nombraría.
Esclavo de sus principios como todo elegido de los dioses, este médico no vaciló
un segundo tras comprender la horripilante tramoya armada a nivel continental
alrededor del vicio de más reciente moda y se dedicó a combatir sus
consecuencias solo y sin más armas que las que el buen Dios le diera.
Así lo hallamos ahora, habiendo dejado su rubia cabellera entre los callejones de
barro que separan estas incontables chozas, habiendo decidido que la batalla se
vence cada día porque se cierra esa noche con fuerzas para la jornada siguiente
y habiendo hallado durante la mejor hora de su vida que podía vivir aún después
de haber declarado inescrutable la voluntad de la deidad que servía.
Al borde de su sexta década, que Ulloa luce como si fuera la séptima porque la
vida nunca le fue fácil, el buen doctor sabe reír como un niño, goza de un
estomago de hierro, toca la guitarra como si fuera gitano y flamenco y hay veces
en que regala un aria o dos en dulce italiano a quienes comparten su vida.
Camina de prisa pero agachado, le encanta andar de blanco limpio como un
silbido y se pasa la vida hablando con locos, palpando horrores y usando el
circuito del chisme para pedir lo que necesita y contentarse con lo que encuentra.
Encuentra bastante porque tienen bajo esos techos de calamina o palma a más
de un apellido de abolengo representado por un débil de carácter sometido a la
inyección prohibida o la masacre de una nariz*. En secreto, los parientes
influyentes ayudan a regañadientes. Olvidado de apellidos y abolengos, el doctor
cuida de sus chicos como mejor puede, les ayuda a transitar su difícil senda con
su mejor voluntad y celebra de cuando en cuando la partida de alguno por la
puerta grande con una guitarreada alegre porque en verdad son pocos los que
vencen al brazo de oro.
Es por esa puerta que está mirando entrar ahora al sinvergüenza de Huascar
Endara Watson, un estudiante mediocre, un gimnasta pésimo, un cantor
despreciable y un caradura de marca mayor. El Dr. Ulloa había agradecido en su
primera niñez el haber perdido de vista a ese mostrenco que hoy veía aproximarse
cincuenta años después con la misma sonrisa de conejo con que le hablara
alguna mala hora y la cabeza de huevo que le pareciera un feo fenómeno.
Es sólo porque es un hombre de fe profunda que logra utilizar sus mejores
cualidades personales para saludar  al visitante que se aproxima lento y tocando
con una mano lo que parece un piano en miniatura sostenido por la otra.
Cuando finalmente lo tiene delante y abre la boca para saludarlo, la cierra de
prisa porque el Sur ha llegado y parece decidido a llevárselo todo entre sus
polleras de ráfagas, agua y silbidos. Agachados ambos bajo ese viento salido de
la nada que les acribilla y lastima, se meten bajo el primer techo que encuentran,
el uno guiado por el otro, que le coge el codo izquierdo.    
Es tal la furia del Sur que no existe fuerza humana que pueda meter un par de
orejas entre los recortados diálogos de los viejos condiscípulos. Una lámpara a
kerosén baila su conga colgada de un alambre y proyecta sus sombras sobre una
ventanuca de chiste cuyos vidrios no pueden durar mucho en esta media tarde.
Ruge el viento, repica la lluvia y ambas furias dominan el mundo.


Ventarrón hizo estragos y causó muerte de una niña
La fuerza de los vientos llegó a una intensidad de 80 Km. por hora. Era el anuncio de la llegada
de un Sur que afectará a la ciudad hasta el lunes, según Meteorología.
Los fuertes vientos registrados en estos últimos dos días provocó la muerte de una niña,
tumbó el techo de un colegio en la zona Oeste de la ciudad y puso en apuros a toda la
población.
La muerte de la menor Silvia Chirari se registró el miércoles en la zona de Equipetrol y tercer
anillo. Según versión de los papás, pasado el mediodía, cuando los vientos registraban su
mayor intensidad, la niña fue aplastada por el portón de la casa donde vive, el cual se
encontraba abierto. La menor no pudo soportar las profundas heridas que le ocasionaron los
golpes del portón, por lo que falleció.
Ayer, entre las 09.00 y 10.00 de la mañana, el ventarrón tumbó el techo del colegio Jesús
Peredo, ubicado entre el 2do. y 3er. anillo, lado de la parroquia San Martín. Afortunadamente
nadie resultó herido, pues los estudiantes estaban en el recreo. “Nos causó un gran susto”,
comentó una estudiante.
De acuerdo a datos proporcionados por el meteorólogo Lucas Mendoza, del Departamento de
Meteorología de Aasana, ayer los vientos del noreste alcanzaron una intensidad de 45 a 80
kilómetros por hora.
“Los fuertes vientos anuncian la llegada de un frente frío”, dijo, el cual se hará sentir desde hoy
en toda la capital cruceña. Para hoy se esperan precipitaciones por la mañana y vientos de 30
a 40 kilómetros por hora, una temperatura mínima de 17 grados y una máxima de 23. El frente
frío llegará con lluvia, según el meteorólogo, y permanecerá en la ciudad hasta el próximo
lunes al mediodía.
Los fuertes vientos anuncian la llegada del invierno. Los médicos recomiendan tomar
precauciones para evitar que el polvo pueda irritar los ojos y la piel.
Según el doctor Osvaldo Suárez, el viento daña la córnea del ojo produciendo resequedad;
además cuando hay arena que acompaña al viento se producen úlceras también en la córnea.
Estos vientos favorecen la aparición de más casos de conjuntivitis. Para proteger los ojos de
irritaciones aconsejó es usar gafas de cualquier tipo. En caso de irritación, se debe lavar los
ojos con agua de té o manzanilla ya que son desinflamantes y refrescantes. También es
recomendable utilizar colirios.
En los días de intenso viento, recuerde no estacionar su vehículo debajo de un árbol, sobre
todo si es de la especie “Paraíso”; evite caminar o circular cerca de bardas viejas o debajo de
techos viejos porque éstos podrían derrumbarse e incluso provocarle la muerte. Si se moviliza
en bicicleta o moto, maneje con cuidado porque el polvo podría obstaculizarle la visión y hacer
que sufra un accidente.
* Cuando el Rey Sol visitaba
a la dama en cuestión y
hallaba que su anillo era
más ancho por ser visitado
más a menudo, se alejaba
más y más de este centro de
atracción.  
* Sólo un  7% de usuarios de
la cocaína son adictos. Sólo
un 10-25% de usuarios de la
heroína son adictos.
Saying Yes: In Defense of
Drug Use
”, por Jacob Sullum,
columnista científico.
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