LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Sabado - Tercero/2
Frío y vientos huracanados en todo el país
Fuertes vientos huracanados azotan a las ciudades de La Paz, El Alto y Oruro desde el pasado
viernes. El temporal afecta a toda la región andina con bajas temperaturas y nevadas. Los
fuertes ventarrones y un oleaje picado obligaron a las autoridades del puerto lacustre de
Tiquina a cerrar el paso por el estrecho del lago Titicaca el pasado sábado.
Cientos de pasajeros y vehículos que viajaban rumbo a Copacabana o retornaban de esa
población quedaron varados en ambos extremos de la orilla del estrecho de Tiquina por temor
a eventuales accidentes en el cruce de los vehículos en los precarios pontones.
Según los reportes meteorológicos, las temperaturas descendieron en los últimos días debido
al viento helado. Para este lunes se anuncia un grado bajo cero en la ciudad de La Paz, tres
bajo cero en la ciudad de El Alto, cuatro bajo cero en Oruro y cinco bajo cero en Potosí. El frío
se agravó desde la semana pasada, cuando el cielo amaneció nublado y permaneció así por
varios días.
En las regiones andinas por encima de los 3.800 metros se anuncia heladas. La semana
pasada cayó una nevada en la ciudad de Potosí y también en El Alto, aunque en esta última
ciudad no ha sido intensa.
Hace un año, la región de Potosí sufrió una prolongada e intensa nevada que provocó
cuantiosos daños entre los campesinos, sobre todo por la muerte de su ganado.
Los pronósticos anuncian tiempo nublado y chubascos para las próximas horas en la región
andina. Los principales perjuicios para los campesinos son la muerte prematura de las crías
de camélidos que nacen en esta temporada. El país carece de apoyo para esas situaciones
de emergencia.
Otra es la situación en los llanos orientales que la semana pasada fueron castigados por una
ola de frío polar que ingresó por el Polo Sur y afectó a Chile, Argentina y Paraguay.
El fin de semana las ciudades orientales disfrutaron de altas temperaturas. Santa Cruz registró
29 grados y en Trinidad el calor llegó hasta los 35 grados. En los valles la temperatura ha ido
en aumento.





La Sra. Justina Rivero Pinto del Solar había comenzado a morir por propia
voluntad pero todavía no se había dado cuenta de lo que le sucedía. Casi
desnuda sobre un colchón fétido y descolorido hasta lo increíble, indiferente al frío
y al agua que corría con ruidos de ratonera por el techo y el piso de su celda y
decidida a perderse de una buena vez en un sopor que podía confundir con el
sueño si ponía un poco de buena voluntad,  soñaba que el dolor de la sed y el
hambre que le corroía las costillas iba disminuyendo hasta convertirse en una
molestia tonta mientras correteaba sobre una bicicleta celeste por los vericuetos
del jardín de su abuelito Don Ezequiel, el que la llamaba paceñita linda dejando
mal parada a su prima Eulalia, que no sería tan bonita pero era sin duda dos
veces más inteligente que ella.
La Sra. del Solar estaba muriendo porque el taciturno Paez se había visto
obligado a salir a las volandas una vez más y había tenido la precaución de
ordenar que nadie metiera la nariz en esa celda hasta su retorno, que juró no
tomaría más de un par de horas. Sólo el rumor de que su superior inmediato,
compinche de toda una vida y  dedicado protector, el coronel Faustino Mostacedo
Cuaquines, había sido asesinado de modo harto brutal en Santa Cruz pudo
haberle arrancado de la perrera donde pasaba sus días y sus noches mirando y
admirando a la mujer que le tocó amar, cambiando con ella opiniones sobre la
vida y todas sus facetas, intentando sorprender en algún afortunado instante el
destello del espíritu esencial que daba vida a esa muñeca deliciosa y luchando
por que su propio corazón aprendiera a aceptar pronto una pasividad monstruosa
que todavía confundía con dulzura de carácter y una indiferencia absoluta que
había acabado por dejar mudo a un segundo marido.
Paez apretó las tuercas a operadores de radio y otros funcionarios que pudieron
haber contribuido al rumor y concluyó en que era algo más que un chisme. Por
increíble que le pareciera, el Mosca había retornado por tercera vez de la tumba
en que Paez lo metiera en dos oportunidades para acabar con el Tinino a
machetazos. (La segunda, en una caja de zapatos, pues poco o nada había
hallado Paez en la vereda aquella que pudiera identificar como parte del colega
despanzurrado). Dos de sus compadres le juraron entre chirridos radiales que
habían visto con sus propios ojos el fantasma asesino y el resultado horroroso de
su brutal ataque. Convencido por fin de que el deber le llamaba, Paez cometió el
infantil error de postergar un intento de fuga mal planeado para la Sra. Justina y,
después de proveerle de frazadas y provisiones militares para una semana, salió
a cumplir la misión más desagradable de su vida.
La Sra. Justina había transformado sus diálogos con su más reciente enamorado
en simples monólogos cortos de un alma sencilla pero brutal que destilaba una
dulce paz de espíritu de las respuestas que creía hallar en los monosílabos
articulados apenas por una peculiar virtuosa del arte del silencio. Su cautiva lo
practicaba para él con celo de agonista porque se había entregado del todo a su
voluntad suicida.
Maravillado por la coincidencia exacta y milagrosa entre su visión del mundo y los
criterios de la única mujer que había amado en su accidentada vida, admirado de
que el universo fuera tan sencillo después de todo, y tan simple, contento con
acariciar las manos que su víctima le abandonaba para que se las calentara un
poco, esperanzado en que no sólo el amor era posible para él sino también el
saberse amado, Paez encontró la única felicidad que le sería dada en la voz y los
gestos de la mujer que empezara a morir apenas la metiera en esa jaula apestosa.
Para Justina, la confirmación de su primera intuición, la que sintiera en los huesos
cuando esperaba el primer retorno del torturador que debió haberle alterado el
rostro a golpes pero fuera convirtiéndose en un cachorro humilde con el paso de
las horas, se hizo pronto epifanía* como respuesta para sus dudas y defensa
contra sus temores hasta eliminar toda otra motivación. Nunca antes le había sido
posible percibir clara la realidad de que no era el cuerpo sensual dentro del que
anduviera por ese mundo hostil que destruyera su triste vida a mordiscos sino el
espíritu sencillo y apacible, tímido y  fluyente como el agua de lluvia que animaba
para su tragedia esa belleza espectacular que nunca había aceptado.
En una actitud que excluía el pensamiento para reducirse al instinto, la mujer
hecha para el placer que no hallara mejor refugio que la soledad y el silencio fue
dejando caer con indiferencia de diosa las frazadas que la cubrían, ignoró sin
vacilación alguna los alimentos que tenía al alcance de los dedos, adoptó la
posición fetal en la que viniera a un mundo que jamás apreciara y se dejó ir en
sueños cortos en que se veía cada vez más menuda.
Cuando se concibió a sí misma en la cuna de sedas y talcos traída desde París
porque en verdad sus padres le amaron durante todos sus días fue que los Andes
decidieron vestirse de nieve y la ciudad cubrió sus vergüenzas con un disfraz de
hielo.
La muerte llamada blanca descendió entonces hasta ese sótano infame, se
introdujo con las sombras de un amanecer despiadado entre criaturas y cosas,
quebró cristales y hierros, vistió de bonitos pliegues las herramientas del terror y
permitió que la mujer de las piernas de leche y miel y el rostro impasible sin edad
se hiciera una estatua helada que sonreía casi feliz.
Muy luego, y cuando un par de mañazos en busca de un escondite para acabar
con una botella de pisco barato se introdujo en esa perrera, descubrió un cadáver
que no acababa de descomponerse entre hedores infernales y salió a galope
tendido lanzando rebuznos de terror, nadie supo quién sería ese muerto
abandonado, cuándo fuera que había llegado hasta allí abajo ni mucho menos
quién pudo haber cometido la crueldad exagerada de cerrar esa celda y olvidar
para siempre a su ocupante.                   






Un muerto y 23 heridos en vuelco de un bus
Por supuestas fallas humanas, un bus de la empresa Unificada se volcó a la altura de San
Lucas, a 20 kilómetros de la localidad de Torojchi, provocando la muerte de una persona y 23
heridos.
El informe fue proporcionado por el Director de la Unidad Operativa de Tránsito, Coronel
Filiberto Caballero, quien explicó que el conductor Freddy Conde Tito perdió el control del bus
con placa de circulación 1852-CBT y volcó el vehículo que iba a gran velocidad.
Del siniestro resultó muerto Mario Paez Suárez, de 45 años.
Los heridos fueron socorridos por los efectivos de la División Accidentes de Tránsito y
posteriormente trasladados al hospital de San Lucas. Los más graves fueron transportados a
la Clínica Agramont de la ciudad de El Alto.
El vehículo cuenta con el Seguro Obligatorio Contra Accidentes (SOAT) por lo que los familiares
del fallecido serán indemnizados con 3.000 dólares más los costos del sepelio, en tanto que
los heridos serán cubiertos en sus curaciones y tratamientos médicos hasta un equivalente al
mismo monto destinado a la víctima fatal.
* Epifanía = una súbita
manifestación de la esencia
o significado de algo.
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