LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Sabado - Segundo/1
Palmasola sin vigilantes, sólo tiene administrador
La  reciente fuga de cinco reclusos pone al desnudo la falta de mando en la cárcel de
Palmasola.
El gobernador, Cnl. Pedro Camacho, se ampara en su función administrativa y afirma que está
en ese cargo sólo para ordenar documentos de los 1.700 internos de régimen abierto y
cerrado. La autoridad de Palmasola dijo que la seguridad no es de su competencia y la
responsabilidad es del comandante del Distrito Policial No 2, Tcnl. Víctor Maldonado Hinojosa.
"No soy un cabo de guardia. Me amparo en la Ley de Penitenciaría y sólo estoy en esta función
para revisar documentación administrativa que me llega a la oficina", agregó el Cnl. Camacho.
Consultado sobre el trámite de traslado de 20 presos de alta peligrosidad a otro recinto de
máxima seguridad, se preguntó "Quién lo va a hacer ese traslado"?
Después de la fuga se registraron denuncias sobre tres atracos a mano armada y se presume
que los autores sean dos de los cinco reos prófugos. Dos sujetos atracaron ayer a un taxista,
lo despojaron de su vagoneta Transformer. Horas después asaltaron un jeep y una camioneta.
Tras la fuga, todas las unidades se movilizaron. Diprove, el Grupo Especial de Seguridad GES,
el Grupo de Patrullaje Selectivo, GPS, La Felcn, el Regimiento Uno, así como el Servicio de
Inteligencia.
"La persecución de la Policía es implacable y seguirá hasta capturar a los cinco prófugos",
precisó el comandante de la Policía, Cnl. Rolando Ramírez. Ramírez ratificó que Palmasola no
tiene mínimas condiciones de seguridad
.




—        Ramírez, venga para acá.
—        ¡A la orden, mi coronel!
—        ¿Dijo usted a la prensa que no hay seguridad alguna en Palmasola?
—        Se me escapó, mi coronel.
—        Bueno, no importa. Queda degradado a cabo. Salga de aquí.
—        ¡Pero, mi coronel!  
—        ¡Salga de aquí antes de que le haga cortar los ganglios, imbécil al cubo!
—        ¡Protesto, mi coronel!
—        ¡A ver, me lo arrestan a este pendejo ya, ya!
—        ¡A la orden, mi coronel!
—        Tú… ¿Quién eres?
—        ¡Recluta Mamani, mi coronel!
—        ¿Qué haces aquí?
—        ¡Pido una oportunidad de servirle, mi coronel!
—        Muy bien. ¿Ves a este estúpido?
—        ¿El cabo Ramírez?
—        ¡Muy bien! ¡Así me gusta! ¡Llévalo al segundo patio y dale un chocolate de
24 horas!
—        ¡Ala orden, mi coronel! ¡ Usted, venga pa’ acá, so mierda!
—        Ah, Mamani…
—        ¡A su orden, mi coronel!
—        Desde hoy eres teniente.
—        ¡A su orden mi coronel! ¿Le doy pa’ sus patadas por si acaso?
—        Si afloja.
—        ¡Venga, mierda! ¡Marche al patio!
—        ¿Es usted Camacho?
—        ¿Para dónde voy?
—        A servir en fronteras… A ver si le gusta revisar expedientes en la Amazonía.
—        A la orden.
—        Desaparezca ahora mismo, Gobernador.
—        Desaparezco.
—         ¿Quién es Garnica?
—        A su orden, mi general.
—        ¿General? ¿General? ¿Alguien ha visto por aquí a un general?
—        Perdone, señor. Excuse mi ignorancia. No conozco su grado.
—        Ni necesitas conocerlo, vivales. ¿Eres Garnica?
—        Así es, señor.  
—        ¿Everto Garnica?
—        Si, señor.
—        ¿El mismo Garnica que vino aquí siete hace años, acusado de traficante?
—        El mismo, señor.
—        ¿El mismo que cumplió su condena hace cinco años?
—        Unos dicen eso, otros lo niegan. Uno no sabe a qué atenerse, señor.  Yo,
por las dudas…
—        Cállate.
—        Me callo, señor.
—        ¿Cuantas piezas alquilas a otros reos?
—        Siete, señor.
—        ¿Siete? Setecientos dólares, ¿nada más?
—        Bueno… Doce, pero dos me pagan muy poco.
—        ¿De quien es la tienda de abarrotes de Palmasola?
—        ¿Cuál?
—        ¿Sabes leer?
—        No muy bien. Sólo fui a la escuela hasta cuarto de primaria, señor.
—        A ver, lee.

Un reo tiene su mina de oro en la cárcel de Palmasola
Un reo alquila habitaciones a familias enteras. No paga ningún servicio básico.
En Palmasola los negocios son lucrativos. Los alquileres de cuartos y los almacenes grandes
y llenos de diversas mercaderías, hace que los reos no quieran salir de allí y lleven a toda su
familia al penal.
Para Everto Garnica que ya cumplió con su sentencia después de que fuera atrapado por
narcotráfico, vivir fuera del penal sería como perder “la gallina de los huevos de oro” porque
dentro de la cárcel encontró la forma de ganarse honestamente el pan de cada día.
Garnica tiene un buen negocio que le permite  ganar buenos dólares. Cuenta con siete
habitaciones y cada una las alquila a 100 dólares. Además es dueño de una de las tiendas
más grandes del penal.
El principal dirigente de los presos, Rubén Saldaña, dice que Garnica debe tramitar su libertad
porque ya cumplió los años necesarios para acogerse al beneficio de "extramuros" o libertad  
condicional.
“Ya nada tiene que hacer en el penal. El Consejo Penitenciario tiene que determinar que se
proceda con su trámite de libertad”, señaló Saldaña.
Por cada cien internos, uno puede desplazarse hasta el Palacio de Justicia para hacer los
trámites de los otros 99, y Garnica es uno de los que oficia como procurador legal, por lo que
pasa la mayor parte de su tiempo fuera de la cárcel.
Luz Marina Sánchez, vendedora del almacén de Garnica, afirma que los días que más vende
son los jueves y los domingos cuando llegan las visitas.
“Nosotros alquilamos una pieza. Nos cuesta 100 dólares. Mi esposo fue detenido por
traficante. Trabajamos para Garnica desde hace cinco años. Tuve que venirme al lado de mi
marido. Tengo a mi hijo menor que está conmigo. Mi hijo sale del penal para ir al colegio que
está en el barrio del frente”, relató Sánchez.

—         ¿Qué me dices? ¿Miente el periodista?
—        Exagera, señor.
—        ¿Mucho?
—        No mucho.
—        Bueno, ¿Por qué soy siempre el último en enterarme de estas cosas?
—        Sólo Dios sabe, señor. Yo estoy en la luna.
—        Bajarás de la luna, pendejo, cuando te enteres de que desde hoy pagarás
un 15 por ciento de protección… ¿Qué te parece eso, nene?
—        Sólo falta que me diga a quien…
—        Mamani.
—        ¡A la orden, mi coronel!
—        Dale una media docena de patadas, pero tráelo de vuelta porque no
hemos acabado.
—        ¡El 25 por ciento, mi coronel!
—        Mamani.
—        ¡A la orden, mi coronel!
—        Déjalo nomás.
—        Buenop’s.
—        ¿Qué más hay en mi agenda?
—        Parece que nada más por hoy, mi coronel Mostacedo.  
—        Bueno, pues. Todavía me falta la fiesta del Boroschi.
—        Buenos tardes, mi coronel.
—        Buenas, Alfonso. Ya sabes: pórtate bien.
SIGUE
INDICE