Las Quince de los Rosqueros

“Rubén Vargas – periodista” publica en La Razón del 1-20-2013 una larga y obtusa
excusa titulada “Novelas Fundamentales” mediante la que trata de hacer tragar al culto
público lector una maniobra plural y oscura: un grupo de ‘hombres de negocios’ armó un
lucrativo lanzamiento de  15 novelas – libros caros, todos ellos – que cuenta con
cómplices tanto en el gobierno (¡Evo, para tu vergüenza!) como en el sector privado, la
diplomacia (la embajada de España, protegiendo los intereses de Alfaguara), la UMSA
(léase la reaccionaria Banda Montenegro de jóvenes ‘bian’) y ya no recuerdo qué otras
gentes de guante blanco.
La idea central de este grupo representativo de la falsa ‘elite’ nacional es “liquidar” de la
memoria boliviana a los autores como el Chueco Céspedes y Don Augusto Guzmán,
entre otros menores de la izquierda y la Revolución del 52, y reservarse el derecho de
decidir entre cuatro cómplices sin cara cuáles autores representan a las letras
bolivianas. Es, pues, una maniobra política reaccionaria y tan “chola” como la peor de
nuestras tradiciones.  
“Rubén Vargas – periodista”, al que confundí por un momento con Walter I. Vargas, un
producto de la UMSA que escribió en Presencia sobre mi humilde obra para usarla en
defensa de sus tibias inquietudes izquierdizantes, resulta tras tal título un sublime
desconocido cuya autoridad sobre libros y autores es tan misteriosa como lo que gana
con esta  burda maniobra: ¿son ambos Vargas el mismo Vargas o hay un Vargas
periodista (¿graduado dónde?) y mi Vargas preferido, ese Walter I. al que agradezco su
trabajo porque hizo de mis libros los únicos que ocuparon sendas paginas sábana de
Presencia en el año en que las publicó, 93, cuando no era yo calvo todavía?
Creo que son dos estos Vargas y que este ‘periodista’ es la única persona que
encontraron los promotores de la ‘colección plural’ para tratar de promoverla en un poco
coherente discurso que comienza como dirigido a lectores adultos, luego sólo a
estudiantes de secundaria, un párrafo después sólo a estudiantes de primaria y acaba
mal por fin en una larga disculpa idiotizada… ¿para chicos de kindergarten?  
¿Por qué hacemos libros los bolivianos?, pregunta este Vargas sin que nadie se lo pida,
y se contesta a sí mismo en aburridas parrafadas: Por las mismas razones que los
chinos, los rusos, los mozambiqueños y los coroiqueños… Explicaciones todas
hilvanadas en ese idioma ‘especial’ que hablan los catedráticos cuando no quieren
dejarse entender y que yo, lego, ignorante y sencillo como pastor de cabras, nunca
quise ni pude aceptar porque me parecen idioteces.
Copiaría aquí mismo la magna obra de este Vargas-periodista, pero no es posible.
Escribe largo y vacío pero se gana su pan. No dice nada pero se toma su espacio. Lo
que sigue es lo que dijo antes de perder todo aliento; basta y sobra este botón, y no me
pidan que le entienda:
-.-
“Ofrecemos una comprensión particular, planteamos una propuesta que deseamos
compartirla, pero, sobre todo, confesamos una pasión densamente territorializada. (Dice
‘Ofrecemos’… ¿Es cómplice también de este asalto?)
Se trata de vivir la pluralidad de identidades como crisis y desafío permanente para
preservar la diversidad, no como distorsión, no como defecto, no como carencia. No
como si fuéramos la inevitable semilla de un Estado fallido”.
-.-
Lo único que es posible entender al concluir su nota es que Vargas-periodista intenta
presentar esta burda maniobra comercial como una oferta editorial  para la ‘educación’
elemental del país, no  ya para todos los escasos lectores nacionales… ‘Robemos
primero a los escolares, parece decir, que luego ya vendrán los  viejucos”.
¿Cómo se cometerá este asalto a largo plazo?
Dos líneas sobre los objetos mismos con que se intentará atragantar a los estudiantes
bolivianos durante la actual década con la complicidad de los profesores de “Letras”.  
Esa es la maniobra: hacer de éstos los textos obligados que deben leer los estudiantes
bolivianos (y sus padres deben pagar) desde 2013 hasta 3050, de ser posible.
Veamos, pues. (Aquí me refiero a la circulación de cada libro; nada digo ni quiero decir
sobre su calidad).
Juan de la Rosa (1885) de Nataniel Aguirre. Existen tantas ediciones que una más
sobra. Sólo se hace para forzar a las familias a comprar otra.  
Raza de Bronce (1919) de Alcides Arguedas. Odioso artefacto; pocos lo leyeron, menos
lo leerán.
Aluvión de Fuego (1935) de Óscar Cerruto. La Guerra del Chaco. ¿La guerra de qué?
Preguntan los hip-hops de la fecha, tan ignorantes como sus padres. Es un libro
intragable para las nuevas generaciones pero todos aplauden a Cerruto, el poeta.
La Chaskañawi (1947) de Carlos Medinaceli. Lindo librito. ¡Lean, brutangos!  
La Virgen de las Siete Calles (1941), de Alfredo Flores. ¿La qué? ¿La cuál? ¿La cómo?
¿Cuál profe usó su nefasta influencia para recomendarla?
El Loco (1955) de Arturo Borda. Já.
Matías, el Apóstol Suplente (1971) de Julio de la Vega. Casi un clásico….
El Otro Gallo (1982) de Jorge Suárez. Promovido por Cachín durante décadas. Por fin le
dieron gusto. Algo le ayuda: es tan corto se queda en cuento largo.   
El Run Run de la Calavera (1986) de Ramón Rocha Monroy. Divertíos, gentes. ¡Es la
Lajta!
Jonás y la Ballena Rosada (1987) de Wolfango Montes Vanucci. Si, papá. También en
SRZ se escribe.
Sobre los siguientes “clásicos” (“Clásico: todos lo aplauden; nadie lo lee”) no hay mucho
que decir: a pesar de ser los favoritos entre los profes de Letras, no lo son entre las
‘masas’ de lectores: hay muchas razones para ello, pero la principal es la ambición
creativa de estos autores.
¿Cómo alcanzaron su condición de clásicos?
Como consecuencia de las conspiraciones de bombos mutuos que tanto daño hacen a
nuestras letras. Cada título (menos el de Urzagasti: ya todo está dicho) trae su historia, y
no es larga. Veamos:  
-.-       
Los Deshabitados (1958) de Marcelo Quiroga Santa Cruz, es sin duda un clásico y
nadie lo puede negar. Como revolucionario que fue, Marcelo hizo variados experimentos
con su castellano y este es el más inteligible, dicen. ¿Por qué es famoso? Por el más
famoso aún (en Bolivia) Premio Faulkner, mencionado en cada cubierta de Los
Deshabitados aunque tal premio nunca existió ni en Bolivia ni fuera de ella.
La anécdota tiene como personaje central a José Luis Roca, quien de algún modo se
enteró de que el Gran Faulkner había propuesto a una universidad de USA una
colección de novelas latinoamericanas traducidas al inglés. Mientras se consideraba su
propuesta, Faulkner pidió a amigos y colegas que reunieran novelas dignas de su
iniciativa y ellos escribieron a universidades y críticos de LATAM con ese fin. En Bolivia
se decidió (Marcelo y Roca) que lo mejor que podía hacerse era que Roca eligiera a
Marcelo como autor de la mejor novela que pudiera enviarse a Faulkner y, ya que en
ello estaban, inventaron el Premio Faulkner aunque ni el mismo Faulkner hablara de ello
jamás.
Al final del episodio sólo se tradujo una novela latinoamericana como resultado indirecto
de los esfuerzos de Faulkner. Todos sabemos que Los Deshabitados no fue la elegida.
Lo que todavía no sabemos es que Los Deshabitados continuó sus esfuerzos por
emigrar pero no lo ha conseguido todavía, a pesar del trabajo de sus promotores locales.
Publicado en 1980, este clásico aparece acompañado de “Otra vez Marzo” (un clásico
tal vez menos clásico) en Google. Mencionado en Amazon como desaparecido,
languidece en el limbo de los textos fantasmas del Internet.
Aunque hace más de una década que publiqué esta historia dando pelos y señales,
fuentes y nombres para apuntalarla, esta vez no repito esas menciones porque el
interés que tengo de que se me crea se ha reducido a un mínimo: quien no quiera
creerme puede irse a Francia, por lo que a mí respecta.
Pero una palabra sobre Marcelo: Este Quiroga Santa Cruz es y será siempre un héroe
boliviano, un mártir vilmente asesinado por los más bestias entre sus compatriotas y,
como persona, un tipazo guapo cuyo carisma fue tal vez menor de lo que se cree.
Trabajé con él en su revista, conversé con él durante varias horas, llegué con él al tuteo
(no forzado, natural) y lo lloré casi tanto como a Espinal. Pero no me gustan sus libros
de ficción. Este truco sobre el Premio Faulkner es para mí sólo eso: una travesura en
servicio de su libro. ¿Quién puede entenderlo mejor que yo?
-.-
No he olvidado a Felipe Delgado (1979) de Jaime Sáenz.
Para seguir la trayectoria de sus libros (tratando de evitar juicios sobre calidad) debo
referirme a mi ex/amigo Cachín (como Pele, va por el mundo con un solo nombre, tal su
fama) y relatar, triste, que dejó de ser amigo mío hace décadas, cuando le pedí
abusando en extremo de su paciencia que me ayudara a salvar un insalvable
mamotreto. Mea culpa. Una visita posterior en CBB me dio oportunidad de confirmar
esta pérdida cuando le pedí su teléfono privado y me contestó, “Sólo se lo doy a mis
amigos”.
Ya para entonces también mi sordera extrema presentaba serios obstáculos a la
paciencia de este pro-hombre: cansa tener que repetir todo lo que uno dice tres o
cuatro veces. Sucedió con Cachín lo que con Cáceres: también Adolfo se cargó con mi
sordera y prefirió dar un hachazo a nuestra amistad, golpe que me dejó huérfano de
toda amistad ‘literaria’ boliviana. Pero debo agradecer a Cachín las palabras con que
presentó mi “Morder el Silencio”, texto que ha viajado tanto como el libro mismo.
Fue con mayor entusiasmo que Cachín se dedicó a promover El Otro Gallo, un cuento
de 66 páginas al que añadió otras 24 como “estudio crítico” propio para agregarle
aliento y lograr una publicación local de ambas piezas en 1990.
Este librito, como los trabajos dedicados a Sáenz, tienden a ilustrar la posición singular
de Cachín: otros críticos intentan mantenerse en consonancia con los vientos de la
opinión de Dios (la del pueblo) y piensan como la fama y la moda indican que debe
pensarse; Cachin, ante el vacío tremendo que significa la crítica en Bolivia (nu hay critica
puis, dicen) ha elegido dar y regalar a las masas sus propias opiniones como las que
todos deben seguir. Así se dio el formidable “Cachín dixit” que guía a las legiones de
mediocridades que creen estar haciendo critica cuando le siguen y obedecen. En
Bolivia, la crítica es Cachín y Cachín es la crítica…Cosa que tiene sus bemoles, sobre
todo cuando el gusto de Cachín varía según su apetito: cuando apareció, mi ‘Antón’
mereció más de cuatro mil de sus benditas palabras; hoy, cuando los rosqueros
dominan el mundo local de las Letras, mi ‘Antón’ le ha merecido tres: “No tiene trama”…
y eso que, hasta hoy, pocos sabían que ya no es mi amigo.          
Veleta, pues, como cualquier otro, este cacho de  cacho, Cachín, se da el gusto de
manejar la crítica boliviana (se muá) y decir a cada gringo pelotudo que llega y tiene
flojera de averiguar las cosas por sí mismo (leyendo a los bolivianos) lo que le viene a
capricho del menú del día: su opinión no sólo regirá las próximas décadas sino que,
pues que su paso por la universidad ha creado una Generación Cachín, tendremos
unos 60 o 90 cachines en las aulas universitarias y para todos  lo mejor será “El Otro
Gallo” y “Felipe Delgado” si no cambia de opinión otra vez. Los demás, jóvenes o viejos,
ya pueden irse a su casa.
-.-
Es en esta atmósfera que  Felipe Delgado sale a conquistar el mundo después de “El
Visitante Profundo” (“The Immanent Visitor”) y “La Noche”, libros que ponen a Sáenz en
competencia mundial desde 2002… Antes, una edición Don Bosco de “La Noche” era
ofrecida por US$176.42, oferta que sigue en pie.
Ni Cachín ni sus traductores se ahorraron adjetivos al lanzarlo: “Jaime Sáenz es sin duda
el escritor boliviano más grande del Siglo XX”, dicen para presentarlo. Es decir, algo así
como el Neruda del Choqueyapu.  Al decir ‘escritor’ presentan “La Noche”, que dicen es
poesía, y sufrimos nuestra primera duda: ¿es el mejor poeta de los escritores, es el
mejor escritor de los poetas? Recordemos que ya estaba muerto cuando tal dijeron, de
modo que no puede defenderse; aquí solo podemos tratar con Cachín y sus traductores.
Diez años después del lanzamiento del Neruda del Choqueyapu no hay voz en USA,
Rusia, Grecia, Italia (hubo una traducción allí el año del rey Perico) ni Gambia que
confirme las afirmaciones de Cachín y sus amigos traductores que parecen formar otra
sociedad de bombos mutuos… Como contraste, diremos que Neruda fue reconocido
apenas dijo “pip” en verso.
Entre los gringos hay una opinión que impresiona su poco: de los traductores dice el
Publishers Weekly que “parecen entender… la belleza de esta líneas como si las
hubieran escrito ellos”… y anotan los editores: “…para  su matrimonio trajo (Sáenz) al
lecho conyugal una pantera” sin decir lo que sucedió con la novia.
-.-
A menos que me haya descuidado, no he dicho palabra sobre la obra misma de Sáenz,
ni aquí ni en parte alguna ni nunca. Aquí menciono las correrías de su hijo, su libro, sin
mentar el calibre de la obra. Mi intención no era esa, sino la de hacer ver, de ser
posible, el feroz daño que infligen los ‘amos’ de nuestras Letras emboscados en las
universidades cuando ‘matan’ a capricho las obras que no son de su gusto particular.
También desearía hacer notar que nadie, con una débil excepción, ha levantado una
voz de protesta ante los abusos que se cometen contra nuestra cultura cuando se
“asesina” autores y libros. Esta actitud de complicidad y miedo es reflejo directo de la
ignorancia local y los males morales que sufre el segmento “enfermo” de nuestra
sociedad, el que maneja la televisión, los diarios y los libros y cree que puede “crear” la
opinión del país. Tal actitud es la última pataleta de los rosqueros actuales, los últimos
rosqueros de nuestra triste Historia.
A diferencia del fútbol, estos cochinos episodios ‘literarios’ pueden llegar a empalagar y
crear asco hasta el punto en que es dable entender la decisión de ponerles tapa y dejar
que el ‘mercado’ boliviano del libro, esos dos mil ‘lectores’, agonice como bien lo merece
durante otro siglo entre mediocridades. Casi ya no cabe duda: gentes hay, Sancho, que
nacieron para ser el poto del mundo.
1-26-13
Su Opinión
Arturo
Sus Libros
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