Su Opinión
Arturo
Un Regalo de Don Gastón
Sus Libros
Nuevos Textos
Entre los regalos que el buen Jesús quiso dejarme esta Navidad apareció el siguiente párrafo,
que copio al pie de la letra:
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"Es imprescindible dar lectura al libro que últimamente presentó María Lohman, una
importante humanista, cívica y patriota, con motivo de la Cumbre Social y Cumbre de
Presidentes en Cochabamba. Se titula "EL NUEVO ORDEN MUNDIAL Y EL SAQUEO DE
BOLIVIA". En el importante texto se denuncia todo el saqueo que sufrió y sufre aún nuestra
patria desde su nacimiento.
En el pasado inmediato está justamente involucrado el personaje de marras a quien el gran
escritor Arturo Von Vacano, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA, GRAN BOLIVIANO DE
RECONOCIDA IMPORTANCIA INTERNACIONAL, describe con lujo de detalles literarios".
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Parece que el "personaje de marras" es ‘el presidentito de Cochabamba’, cuya última metida
de pata comenté bajo ese título.
Lo que ahora me interesa es la referencia sobre mi humilde persona que hace el párrafo
copiado, parte de una nota publicada en Tribuna Boliviana el 24 del mes pasado por Don
Gastón Cornejo Bascopé
Cornejo Bascopé es ex Presidente de la Sociedad de Escritores de Bolivia, de la Sociedad de
Historia de la Medicina, Académico de la Academia de Medicina y Cirugía, Invitado por el
presidente Evo Morales para Senador electo por Cochabamba, Jefe de la Bancada y
Presidente del Comité de Asuntos Interparlamentarios del H Senado Nacional. Está también
inscrito virtualmente en el Partido Humanista Mundial. O sea que Don Gastón tiene su
trayectoria, y muy respetable.
Por esa razón me duele verme forzado a corregir el error que comete con la mejor buena fe
del mundo cuando me achaca un premio que nunca he ganado y un calificativo que se debe
más a su generosidad que a la verdad verdadera, como diría Cantinflas.
Descontando una "franja" que me diera el alcalde de La Paz cuando todavía me peinaba,
NUNCA he ganado un premio, así fuera de Literatura o de cualquier otra cosa.
Quienes siguen mis aventuras (mi primo Adolfo y mis amigos René y Tano) saben de la
aversión que tengo yo por los premios, aversión creada por el bueno de Werner Guttentag
cuando ese Cóndor de los Andes todavía se peinaba.
Como no me canso de relatar de viva voz y por escrito, lo que sucedió fue que envié el primer
manuscrito de mi vida a Los Amigos del Libro para concursar por primera vez en mi vida, pero
pegué varias hojas del tal manuscrito para cerciorarme de que los jueces lo leerían, por lo
menos.
No gané ese concurso y me devolvieron mi manuscrito con las hojas pegadas todavía, lo que
me permite afirmar que los jueces ni lo miraron siquiera. Personalmente, creo que Guttentag
me robó ese premio. Como el libro ganador iba acompañado de un nombre de fama local, el
premio fue arreglado para que esa persona lo ganara.
¿Dónde está ese libro ganador ahora? Nadie lo recuerda ni nombra. "Sombra de Exilio", el
manuscrito que presenté entonces, ha tenido media docena de ediciones y nunca ha dejado
de venderse desde 1970, que yo sepa, pero esa es otra historia.
Años después envié otro manuscrito al mismo premio y esa vez lo ganó otro libro que hoy
nadie recuerda tampoco. Me dieron un repulsivo premio consuelo que tiré a los pies de
Guttentag tras largarle una  buena filípica.
Visité al viejo Cóndor de los Andes en 2006 y le recordé esas buenas anécdotas de nuestra
inocente juventud. Como Pilatos,  Guttentag se lavó las manos otra vez. Eso de genio y figura
es, nomás, cierto. Cuando lo vea en el infierno este año o el siguiente le daré una tercera
oportunidad de decirme la verdad sobre sus premios.
Pero aprendí mi lección y nunca más me metí en esos concursos. Tales eventos tienen otro
defecto. Nunca se sabe en qué compañía se encontrará el ganador si acepta alguno de esos
premios. Como todos o casi todos son arreglados entre compadres, hay ganadores que
reciben su premio entre gallos y media noche y lo ocultan luego en un cajón de su ropero. O
sea que mas vale andar solo que mal acompañado.
Aunque debo confesar que si quien me entregara cualquier premio fuera el actual Presidente
de la República, creo que yo lo aceptaría sólo por darme el gusto de estrecharle la mano.
Pero esa sería la única excepción que haría yo en mi vida toda.  
¡Gracias por la intención, Don Gastón!
Ene 07