Su Opinión
Una Cacatúa apellidada Ramos
Arturo
Nadie puede negar que la gira mundial del nuevo Presidente de Bolivia fue un éxito
sin precedentes. Nadie niega tampoco a Evo Morales la esencial cortesía, paciencia
y amabilidad con que trató a amigos y enemigos desde el día mismo en que ganara
unas elecciones históricas por su limpieza y claridad, en evidente contraste con el
golpe de estado que diera el poder a Busch en Florida y en 2000.
Nadie, excepto algún débil mental, puede negar que los viajes de Evo, como lo
llaman sus amigos, le dieron un “capital político” (como lo llama el presidente más
despreciado de la historia de USA) que benefició a Bolivia y educó al mundo sobre la
tragedia y el heroísmo del pueblo que hoy representa el Presidente Morales.
Fue su vocación democrática la que permitió la visita a Bolivia de un agente
provocador sin educación, origen ni profesión llamado Jorge Ramos, empleado de la
plutocracia mejicana que dedica un canal a explotar a sus televidentes y engañarlos
sobre las pretendidas bondades del capitalismo salvaje. Más tardó Evo en saludar a
esta cacatúa disfrazada de periodista que en arrepentirse de haberla recibido.
Cambiaron dos palabras y Morales, al medir el calibre de Ramos, acabó con ese mal
encuentro con un gesto reprimido pero justificado.
El incidente, que educa a quienes quieren ponderar la bellaquería de Ramos y niega
a los críticos de Morales hasta esta oportunidad de atacarlo porque aún frente a
Ramos supo comportarse el político apelando a su bonhomía esencial, es muy útil
para aprender un par de detalles sobre los “periodistas” que usa el sistema y el
papel que ejercen tales muñecos de voz grata y cabeza vacía.
En el caso de Ramos, la cosa es álgida hasta el absurdo. Habría que comenzar
preguntando quién es Ramos, dónde nació, qué pasaporte utiliza y quién le hace
creer que puede abusar del poder de sus patrones del modo burdo en que lo abusa.
También habría que preguntar cuán bien sirve a sus empleadores cuando, con un
solo gesto de torpe ignorancia, se compra la antipatía y el resentimiento de 800.000
residentes bolivianos, legales, ilegales, educados y poco educados, y de la gran
masa de “hispanos” que ya han aprendido a leer y conocen el rol del canal mejicano
y el precio de la bastardía cultural que Ramos exhibe con grande orgullo.
Tal vez esta noche, cuando vuelva a aparecer en el cargo que le han dado, (el de
leer noticias, muchas veces sin entender lo que está leyendo) los televidentes más
despiertos puedan notar por fin los esfuerzos que ha hecho para falsificar la cara
con que anda por el mundo hasta conseguir el gesto que, cree Ramos, corresponde
a un “experto” sobre los avatares del mundo, pues así es como él se mira.
Notarán entonces que no sólo la cara que lleva es una falsificación, sino que
también el atuendo y los gestos son trucos aprendidos y ensayados mil veces para
ocultar el pigmeo cultural sobre el que trabajaron cientos de asesores para
convertirlo en “vocero” del canal en que trabaja.
Pero, aunque vista de seda, el mono en mono queda. En este caso, la cacatúa,
pues lo que se usa de Ramos, si algo se usa, es eso: la voz. Y la cara: tiene que dar
la apariencia de que el pobre hombre entiende lo que lee; de otro modo, no
convence ni al más ignorante de sus clientes.   
Una prueba de ello es la página dedicada a Ramos que aparece en el sitio del
Internet propiedad de sus patronos. Allí está la cara vacía con la mirada de noche de
farra ya convertida en símbolo del canal que tanto ha invertido en Ramos. Fuera de
la cara, nada sugiere la presencia de un ente intelectual: aparece rodeado de semi-
desnudos, pornografía “suave” y estupideces relacionadas con los “famosos” del
minuto actual. Esto es, es el payaso jefe entre otros payasitos dedicados a sacar
dinero a los inocentes.
Como saben sus superiores, Ramos sería muy peligroso si lo dejaran hablar por sí
mismo, como lo demostró en Bolivia. Por esta razón no hay modo de enviar un
mensaje directo a esta máscara que habla: tanto Ramos como sus empleadores
temen al público que dicen servir, y le niegan toda oportunidad de contacto directo.
Así, cuando quise insultarlo a gusto y en privado mediante un mensaje directo, no
pude hacerlo. Del mismo modo, cuando usted intenta enterarse sobre sus jefes,
encuentra un largo documento que termina prohibiéndole hasta el intento de
comunicarse con la empresa que sirve Ramos.  
Es decir, este canal “extranjero” que es huésped del pueblo norteamericano es peor
que sus colegas gringos, de los que se copia todos los vicios al ignorar sus
cualidades. La televisión gringa ofrece modos de comunicarse con casi cada uno de
sus empleados y dejarle saber lo que uno piensa sobre lo que ellos hacen.
Sólo el nivel de los televidentes que se alimentan de telenovelas y chismes de viejas
permite la existencia de un “periodista” cuyas preguntas son insultos y cuya
estupidez, al insultar a un mandatario latinoamericano, ha insultado a todos los
latinoamericanos.
Pero, serviles por tradición e ignorantes sin perdón de Dios, los telespectadores que
dan de comer a Ramos y a sus empleadores no han lanzado ni un pío de protesta:
creen que su rol de sirvientes mudos es el papel que les corresponde hasta el final
de los siglos.
Así sea, aunque la existencia misma de Morales demuestra que hasta en USA las
cosas pueden cambiar algún día.