La increíble pataleta infantil con que el fascismo criollo empieza a agonizar nos permite
olvidar por un momento que ese “estatuto” absurdo que intenta clavar en el corazón de
Bolivia no es sólo un puñal de papel sino expresión y prueba de la traición a la patria más
obscena, evidente y absurda que se haya visto en nuestra historia.
Porque es horripilante y cómica al mismo tiempo (y porque delata una mano extranjera y
enemiga tras ese singular escrito), no sólo el Ejecutivo actual sino cualquier Ejecutivo de
la historia boliviana debería apresurarse a aplastar a manotazos al puñado de traidores
que propone, como si fuera una partida de naipes, la destrucción del país y su partición
en servicio de intereses foráneos.
Pero, tras año y medio de una anarquía que desafía toda ficción, no es extraño que el
Ejecutivo del Presidente indio y la mayoría de los bolivianos hayan optado por permitir en
silencio indiferente que los fascistas se cocinen en su propia sopa, se desinflen entre
chillidos histéricos y pierdan toda credibilidad mediante propuestas infantiles y absurdas
que no escucharían criaturas apenas destetadas.
Ese “estatuto” obsceno se las arregla para reunir en sus cuatro páginas la abrumadora
ignorancia de sus firmantes, un provincialismo asfixiante, un racismo a ultranza y una
estupidez elemental que traiciona la desesperación que desenfrena ya a sus voceros.
Sigue a momentos en nuestra desgraciada historia que sólo pueden compararse con
alguna brutal melgarejada.
Dos ejemplos, apenas:
Escuchemos a Carlos Dabdoub cuando, como nazi borracho, increpa a gritos a los
rehenes de la Nazion Camba, los bolivianos que viven en SRZ: “Hay unos cruceños que
están panza arriba echados en la hamaca, pensando ¿y ahora qué hay que hacer?
¡Carajo! A estos maricones que están esperando o culipandeando, que sepan que si no
van a morir ahora, van a morir en la tarde o en la noche…” Amenaza a la que sigue su
propuesta de “dar muerte civil a los traidores. No hay que saludarlos, no hay que darles
la mano, hay que marginarlos, no hay que invitarlos a nuestras reuniones”.
Y escuchemos a Branko Marinkovic, el presidentito de SRZ, cuando dice a las madres de
SRZ que “no vamos a derramar la sangre de sus hijos en vano, les aseguramos a las
madres cruceñas que lo vamos a hacer de manera responsable (?).” Conocemos esas
“responsabilidad” porque termina casi siempre en fuga hacia Miami.
Es evidente ahora que estos aullidos y el “estatuto” mismo, presentado un mal día como
propuesta de destrucción de Bolivia y “retirado” al día siguiente porque “sólo era un
borrador” como si tratara de un juego de ricachos idiotas decidiendo la suerte de sus
peones, ofrecen la imagen de mentes afiebradas e ignorantes cuyo aislamiento entre el
acelerado proceso histórico que vive el país les fuerza a no hallar otra expresión que
esas pataletas a viva voz o mal escritas con que ofenden la conciencia de todo
ciudadano.
Ante este espectáculo obsceno de entes desequilibrados hace notable contraste la
silente actitud del gobierno del primer Presidente indio de Bolivia y de la mayoría de los
bolivianos.
Hoy no se trata de sucias jugarretas entre ignorantes politiqueros y asesinos ambiciosos,
no se repiten el Corralito de Villamontes ni las obscenidades de Urriolagoitia, no se da
otro criminal cuartelazo como los que sobran en nuestra común memoria, sino que los
aventureros fascistas enfrentan, tal vez por primera vez en nuestra historia, a los
bolivianos que hacen cada día una patria de esta tierra para que sus nietos la hereden,
los que no buscan enriquecerse mediante crímenes políticos ni existe para ellos un exilio
dorado tras toda una vida de explotación y robo. Los bolivianos que están con el
Presidente Evo han decidido vivir y morir en su patria porque no tienen otra ni quieren
abandonarla como hiciera tanto bellaco. Esta actitud, la del boliviano que ni quiere ni
puede dejar su país, explica la paciencia, corta ya, de esa mayoría que escucha y ve,
pasmada y herida, las brutalidades de la Nazion Camba y sus dirigentes.
Y es que estos cambios no serán, si en verdad se dan, obra de ningún individuo ni grupo
político, sino del pueblo mismo, de aquellos que saben en sus venas lo que necesitan,
desean y buscan, los que conocen en carne propia la explotación y el exterminio a que
han sido sometidos durante siglos, los que hoy se ven, no poco sorprendidos, con la
fuerza y el poder de cambiar las cosas y, al cambiarlas, darse el lujo de mostrar una
breve paciencia que sus enemigos no pueden concebir siquiera.
Por lo demás, ¿por qué iba Evo a sacrificar vidas de policías y militares en sofocar una
subversión que muere sola y asfixiada por los absurdos que chillan esos cuatro tontos
desenfrenados?
Branko, Costas, Reyes Villa, Cossío… ¿No reúnen ya en sí mismos todos los absurdos,
maldades e idioteces obscenas que marcan a los traidores de la patria y sus
compinches? Basta recordar sus últimos delitos, los de días y meses pasados, para
lograr una idea clara y precisa de lo que harían estos hombres si llegaran a gobernar.
¿No repetirían, y con creces, las canalladas de la Rosca, de la Oligarquía, a tiempo de
repetir las que ellos mismos han cometido ayer nomás como reyezuelos idiotas?
Hoy sabemos ya que hay casi un millón de bolivianos rehenes de la Nazion Camba en
esa triste media luna donde la historia de Bolivia se detuvo en 1952. Vemos que en ese
“estatuto” absurdo ya no existen ni Pando ni el Beni, borrados de un sólo plumazo. Sólo
los barrios ricos de SRZ son SRZ. Entre los chillidos de Dabdoub leemos las amenazas
bajo las que viven gentes humildes y dedicadas a trabajar de sol a sol y clavar la mirada
en el suelo como todo esclavo. Gentes que vivieron ayer con el testamento bajo el brazo
y viven hoy ante la cuchilla de la muerte civil. Gentes que, porque son pobres, son parias
para los Dabdoub y sus lunáticos. Gentes que han tenido 50 años para liberarse de los
terratenientes, los ladrones de miles de hectáreas de Guarayos y otros indios, los
refugiados nazis que vieron fácil el dominio de los indios de Bolivia a los que vieron y ven
como bestias tal como los veían Patiño, Aramayo y su propia canalla. Gentes que no se
liberaron porque Bolivia los olvidó, agonizando como estaba en su lucha social sin tregua.
Pero hoy ya no tienen disculpa válida. No hay razón valedera por la que los hijos de los
mineros, los hijos de los cocaleros, los de los campesinos, de los policías y militares
vayan a morir por ellos, a liberarlos porque en SRZ eligen la vida del esclavo antes que
un día de libertad.
No tienen disculpa ya porque en estos días han visto y son testigos de la debilidad y la
insania de sus opresores. De esa sublime estupidez ignorante y ese salvaje egoísmo.
Han visto evaporarse a ese millón de mercenarios comprados en diciembre hasta diluirse
en los 500 matones del Plan Tres Mil. Han visto ayer nomás los esfuerzos por llenar de
delincuentes y banderas recién estrenadas las fotos diminutas de los diarios, esos
enemigos que hablaban de “ejércitos” sediciosos desarmados y absurdos y repiten sin
entenderlas los obscenidades que gritan los nuevos Cuatro Roscos.
Esta noche, como durante tantas otras noches, un cruco se presentará en cada esquina
de SRZ para ganarse su pan humilde haciéndola de perro guardián de casas e hijos
ajenos mientras él abandona su casa y sus hijos, y mañana, como tantos otros días, irán,
miles de crucos, a rascarse las pulgas en las esquinas porque no tienen trabajo ni
esperanza y porque, aunque el hambre muerde, no son capaces de venderse como
asesinos a sueldo.
¿Cuántos absurdos criminales más precisará la liberación de SRZ?  
Su Opinión
Arturo
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Julio 07