Su Opinión
Arturo
La Prensa: un Problema Boliviano y Universal
Sus Libros

Gran parte de la prensa occidental sufre del problema que el Presidente de Bolivia Evo
Morales puso en el tapete esta semana: porque la prensa, especialmente la impresa,
es propiedad de intereses foráneos y trabaja contra su propio pueblo, forma parte de
la red internacional de desinformación y propaganda que sirve a los plutócratas del
mundo.
Esto es, es amiga de los ricos y enemiga de los pobres.
Los ejemplos más evidentes de este fenómeno nada nuevo son, claro, los diarios
norteamericanos: todo el mundo sabe que el New York Times y el Washington Post
sirven con mayor fidelidad los intereses de Israel y los de Wall Street antes que los de
los 300 millones de ciudadanos a los que dicen servir.
La prensa mexicana es otro ejemplo brutal: no sólo es servil para los plutócratas
locales que son sus propietarios, sino que ha extendido sus tentáculos a Centro y
Norteamérica. Costa Rica, cuya opinión pública es más mexicana (o anti-mexicana, si
se quiere) que costarricense, es un ejemplo que lastima la conciencia de toda persona
decente. Chile no es ya impresionante, sino horrible ejemplo: un solo ricacho controla
la gran prensa nacional, y es el mismo que casi se compra la presidencia de ese
sufrido país en las últimas elecciones. Para no quemar espacio sin necesidad,
permítame el amable lector la afirmación de que todos los países latinoamericanos
sufren este mal social a niveles de intensa gravedad.
Bush, ese Demonio, es muy útil en este sentido como termómetro de la opinión pública
universal y de los enemigos de esa opinión. ¿Desde hace cuantos años soporta el
mundo las periódicas visitas de Bush a los países que no amenazan su seguridad
física? ¿En cuántas ocasiones ha demostrado el mundo su masivo repudio por el
hombre menos simpático de la tierra?
Manifestaciones multitudinarias han expresado contra Bush y en forma universal el
rechazo más decidido que haya conocido político alguno. Alemania, Francia, Inglaterra
(su gran aliado), Italia (un ejemplo monstruoso), España, por no nombrar más, han
visto millones de indignados ciudadanos en plazas y avenidas marchando y gritando
su furia y disgusto contra el único promotor de la tortura que ha visto nuestra
“civilización”.
La gran prensa de todos esos países, sin embargo, combate cada día la opinión
expresada masivamente por los lectores a los que “sirve”. Miente, tergiversa e inventa
para servir los intereses de sus propietarios en contra de sus propios pueblos.
La situación es clara para todo observador despierto. Existe una biblioteca mundial de
tomos, textos y estudios dedicada a demostrar este absurdo “democrático”. Sólo es
necesario incluir aquí a las agencias internacionales de noticias, la TV, el cine y la
radio como parte muy importante de eso que llamamos prensa o “los medios” cuando
nos da por hacernos los cultos.  
La situación en Bolivia es la misma, pero más transparente. Sólo la ignorancia o la
mala fe de sus protagonistas permiten un debate sobre esta tragedia tan clara.
La teoría dice que casi todos los periódicos del mundo (y esto se aplicaría a todos los
medios, menos los estatales) viven de la publicidad y de su circulación.
En Bolivia, esta teoría nunca fue realidad. Los medios, especialmente la prensa
impresa y la TV, nunca han vivido de la publicidad. Son pésimos como negocio
(Presencia, el diario católico ya difunto, lo demostró) porque no son buenos medios
publicitarios. La publicidad que publican no vende, y no vende porque la circulación de
diarios y revistas es mínima: no pasa de las doce cuadras alrededor de la plaza
principal de cada ciudad. En La Paz, los diarios llegan al Centro (los ministerios), la
Zona Sur (de los ricos) y Miraflores (la de los menos ricos). En Cochabamba cubren
apenas el casco central. En Santa Cruz no pasan del segundo anillo. Los impresos
bolivianos son diferentes porque viven a pesar de no tener circulación ni vender
publicidad. ¿De qué viven?
De la plata de sus propietarios. Son armas políticas. Sirven para alimentar a las
agencias internacionales en sus guerras contra los intereses nacionales. Son
mantenidos no como negocios legítimos sino como instrumentos de propaganda. Lo
que aquí se dice no es novedad para nadie. Todo boliviano lo sabe porque no lee
periódicos (no le llegan) o porque sabe que lo que esos diarios dicen no es lo que él
mismo ve en calles y plazas. Los diarios son una plaga posible sólo gracias a la
paciencia de los bolivianos.
¿Qué explica, entonces, la actitud de los periodistas “profesionales” y profesionales de
Bolivia cuando defienden y promueven esta situación? El desempleo. Cuando los
periodistas bolivianos se esfuerzan por mantenerla vigente es que están pensando en
su propio estómago y nada más. Otro factor, claro, es la ignorancia. Si se diferenciara
a los periodistas entre “profesionales” y profesionales, este ultimo equipo sería notable
por su escasez. Bastan los dedos de las manos para contar a los profesionales. Los
demás, como se dice en Bolivia, son improvisados, otro producto del desempleo.
Por ello, apenas protesta Evo Morales contra la desinformación evidente que comete
la prensa “grande” contra el país, los periodistas hacen clara demagogia y confunden
voluntariamente la libertad comprada de los diarios para trabajar contra el país con la
libertad de “libre expresión”, imposible en todas partes pero más imposible en Bolivia.
Todo periodista con seis meses de práctica sabe que la libertad de expresión en todo
el mundo se halla en relación directa con la plata que cada quien lleva en el bolsillo.
Tanto pago, cuanto digo. Nunca hubo libertad Gratis de expresión. Por eso se fundan
los periódicos, porque se necesita de dinero, y mucho dinero, para gozarla.
Lo cual, empero, no es verdad absoluta en Bolivia. Bolivia es un país pionero de la
radio como principal medio de comunicación porque los mineros y los campesinos
descubrieron en la radio el mejor medio para hablar con sus gentes cuando esas
gentes en sus mayorías no sabían leer.
Hoy, la radio es un factor político inescapable de la realidad boliviana. Es un medio que
da apenas de comer a quienes le sirven, generalmente bolivianos patriotas que
sacrifican sus horas de ocio para mantener esas emisoras en el aire. ¿Será necesario
decir que su lenguaje no es necesariamente tan rico como el de Cervantes? Les basta
y les sobra, sin embargo, porque usan los idiomas autóctonos y joroban, así, a un
montón de “espías” foráneos que quisieran saber qué es lo que dicen esos indios tan
jodidos.
Otra prensa que es ya importante aunque apenas nace es ésta que me publica, la que
aparece en el Internet. El Internet es su ventaja y su desventaja: aparece, pero no
para las multitudes, a las que debe servir. El Internet es todavía un privilegio en el
mundo y en Bolivia, lamentablemente, pero ha destruido ya el monopolio de la prensa
grande. ¡Ah, si sólo se dedicaran mis lectores a imprimir alguna nota útil, hacer
fotocopias y repartirlas como el pan, cómo cambiaría el mundo! Pero esa hora no llega
aún, aún no llega.
Porque no llega es que la revolución de los medios es urgente y necesaria. Todo ente
pensante y capaz de manejar una computadora debe aprovechar este milagro
tecnológico para dejar atrás sus chats idiotas y buscar la información que le hará un
ciudadano responsable. Debe hallarla, digerirla, policopiarla y difundirla para acabar
con el monopolio del dinero sobre la información. Así es como puede cambiar el mundo.
En cuanto a la “crisis” de los medios que sacude hoy a la prensa boliviana, la solución
es clara y fácil: basta con exigir a cada medio que publique y difunda la siguiente
información: ¿Quiénes son sus propietarios? ¿Quién financia cada medio?  
Cuando todos vean que los dueños de los diarios y de la TV son los mismos que
poseen los bancos, las minas, las fábricas, las grandes empresas, grandes
extensiones de tierra improductiva y hasta el aire que se respira, todos coincidirán en
que esta es una situación insostenible que es necesario cambiar por mucho que les
duela a los cívicos de Santa Cruz.    
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Sept. 06