Su Opinión
Bush: El Precio para el Imperio
Arturo
Sus Libros
La Masacre de Faluja y las torturas de Abu Ghoreib no deberían distraer a los ciudadanos responsables del mundo hasta
el extremo de cegarlos ante el precio que pagará el Imperio por el golpe de estado de la Florida que dio el poder a George
W. Bush a costa del prestigio de su Corte Suprema.
La maniobra de los Jueces Supremos creó el primer presidente designado de EE.UU. en la persona de un fanático
religioso convencido de ser el cruzado más importante de la historia que es el Presidente menos inteligente de su país y
el menos educado.
Los últimos años retratados por la prensa internacional (que no es el mejor medio de mantenerse informado, comparada
con el Internet) han creado ya una conciencia clara sobre la gran tragedia humana que significó para el mundo la trampa
de los Bush en Florida y Washington.
Pero la maquinaria de propaganda más grande que se haya visto en constante operación desde hace 80 años, los
mensajeros culturales del Imperio, la prensa, el cine, la TV, la CIA y otras agencias dedicadas a la difusión de mentiras,
pueden ocultar todavía el desastroso efecto que ha tenido Bush en la salud cívica de EE.UU., en su horizonte cultural y
en cada actividad del Imperio.
Un factor que es casi imposible ignorar en EE.UU. es la profunda polarización social, económica y política que,
habiendo comenzado tras la Segunda Guerra, se agudiza y agrava hoy con Bush, cuyo desprecio por los pobres de su
tierra y desdén por el futuro de la especie parecen haber creado (¡por fin!) un germen de conciencia social en una
sociedad que ve la pobreza como el único crimen merecedor de severo castigo. (Los lujosos comercios gigantes hacen
contraste monstruoso con las caras de hambre de sus empleados, gentes cuya actitud y angustia son evidentes hasta
para los niños.)
En una coyuntura similar al momento en que el nazismo tomó el poder en Alemania, los ciudadanos de EE.UU. se ven
hoy ante la clara disyuntiva de servir al Imperio o ser fieles a su tradición, si no democrática, libertaria. De los sucesos
en estos días depende la futura acusación de la Historia contra los estadounidenses como servidores del Imperio o su
absolución como enemigos del peor totalitarismo que hayan sufrido durante sus dos siglos de vida independiente.
Esta es una polarización evidente en las calles del Imperio. No es fácil hoy caminar por ellas sin temer agresiones de
palabra y hecho por entes cuya triste vida les ha empujado a esa feroz actitud. En un país en que un “ejecutivo”  cobra
500 veces lo que gana un obrero después de haber destruido una empresa y dejado sin empleo a miles de familias, este
nuevo bárbaro, ente anónimo dominador de calles y plazas, no es un fenómeno extraño. Es la consecuencia natural de
cien años de injusticias y abusos sociales acentuados por la política de un reyezuelo ignorante y torpe.
El mundo no debe olvidar que la primera víctima de la plutocracia que domina el Imperio fue el pueblo de los EE.UU. ni
que lo ha sido desde que Lincoln impidiera la destrucción de la Unión, día en que el Imperio fue ya un claro futuro para
Lincoln y sus sucesores.
Como los Cesares en su hora y Napoleón y Hitler en las suyas, el uso del pueblo como ciego instrumento de sus
designios ha sido constante, cruel y destructor: no hay generación en EE.UU. que no haya sido instrumento de la
plutocracia que lo rige al crear océanos de sangre y tragedia dentro y fuera del Imperio.
Y sin embargo, nada es más aterrador que la ignorancia que es tan fácil descubrir en los ojos de esos soldados
improvisados que están muriendo en Bagdad. Son soldados porque son pobres: se ponían el uniforme cada fin de
semana por ganar unos dólares hasta que los enviaron a la guerra entre gallos y medianoche. Mueren sin saber por qué ni
para qué mueren o matan, y así ha sido desde Vietnam. Para ellos existe un Gran Terror: el Sistema, y le temen más que
a Dios.
Pero hasta este pueblo mantenido en constante temor de sí mismo – el negro teme al blanco, el blanco teme al blanco y
al negro y ambos temen a todos los demás – podría lograr un algo de justicia social si el mundo todo (sus ciudadanos
civilizados) se empeñara en hacerle ver las realidades que sufre y hace sufrir el mundo.
Es así como los enemigos de Bush (que no son los enemigos de Occidente, como quiso mentir Aznar y miente Blair)
ven en Bush una bendición del cielo. Es gracias a Bush que las elecciones de Noviembre de 2004 podrían derivar en un
estado totalitario, un país que retorna a la vigencia de lo que entendemos como la democracia posible o, y esto hay que
creerlo también, una segunda guerra civil que corregirá los errores que cometiera Lincoln. Tal es el grado de polarización
que ha sembrado Bush entre sus gobernados.
Por esto es que resulta tan importante el buscar un diálogo cabeza-a-cabeza con eso que en Latinoamérica llamamos
“gringo” y Europa llama “Yanqui go Home”. Mucha gente no lo cree, pero son humanos también. El día en que dejen de
respirar, beber y comer la propaganda que les sirve el Imperio minuto a  minuto y desde hace un siglo perderán la
mirada de marcianos que tienen, recuperarán la conciencia y dejarán de ser los “enemigos de la humanidad” contra los
que cantaba un viejo himno revolucionario.
Y el mundo tiene el arma perfecta para lograrlo: el Internet.
¿Quién diría que los e-mail pueden salvar a la especie?
Nuevos Textos
05/02/2004
Bush vs USA
Evo, el Cuco
Gripe Avícola
Paz para Bolivia
Problema del Indio
¡Aj, esos Comunistas!
Bolivia is no Problem
Mercenarios
El Colegio Alemán
Fax: 703-845-2844
webmaster@avonvac.com
Arturo
Sus Libros
Nuevos Textos