La barbarie, la ignorancia y la estupidez del fascismo criollo en sus últimos estertores
hacen un espectáculo singular que no debería impedirnos olvidar al enemigo principal
contra el que luchan todos los bolivianos, la miseria desesperante en que se debate el
sesenta por ciento de sus compatriotas.
Verdad es que en parte alguna se dio una coyuntura como la nuestra, en la que sus
peores ciudadanos presentaran al país todo un "guión", "estatuto" o programa de su
asesinato como nación. Menos se dio el día en que el resto de la población recibiera ese
programa como ejemplo enloquecido de un grupo que muere entre histerias y gritos ante
el abandono que sufre de hora en hora. Pero tal vez Kosovo y su trágica suerte retorna a
la memoria cuando se recuerda el calibre del embajador que nos ha enviado el Norte.
Incluyendo a tal personaje, es necesario, empero, insistir en que el enemigo principal de
los bolivianos es la miseria a la que nacieron condenados por propios y extraños y
añadir, con un leve destello de esperanza, que esa coyuntura cambió bastante desde
Kosovo, que el Norte ya no es el Norte aquel que destruyó Kosovo y que el mundo entero
parece haber tomado mejor conciencia sobre la miseria que aqueja a la especie y las
armas con que se podría combatirla.
Por lo demás, ¿por qué habría el Norte de preferir a una falsa "elite" local, fracasada y
agonizante, cuando percibe ya una nueva clase gobernante que es legítima y proviene
de las mayorías? Después de Bush, hasta USA podría cambiar un tanto antes de
agonizar como Imperio. Irak es un modelo magnífico contra las invasiones o
intervenciones imperiales.
Ese cambio y la capacidad de una nueva visión sobre la miseria y el sufrimiento de los
pobres de este mundo son el tema de un economista nacido en USA que dedicó su vida
a buscarle soluciones. Como todo economista ambicioso en lo intelectual, también Paul
Collier, un profesor de Oxford, ha publicado un libro tras décadas de estudios y análisis y
un paso forzado por el Banco Mundial.
Su libro se titula "The Bottom Billion", algo así como "El Billón de más Abajo", y trata de
dar ideas sobre las razones por las que mil millones de seres humanos (un billón, en
inglés) parecen condenados a no escapar nunca de la pobreza dantesca que distingue a
la especie en este siglo de la abundancia.
Es posible llamarlo así porque la humanidad ha cambiado su suerte económica en pocas
décadas y podemos ser un tanto más optimistas, dice Collier, en cuanto a su futuro.
Ayer nomás, para decirlo corto, la humanidad, seis mil millones de seres humanos, se
dividía así: una sexta parte, un billón, eran "ricos". Los demás, cinco mil millones, eran
pobres. Gracias sobre todo a la expansión económica del Asia, dos tercios son hoy
"clase media" (no mueren de hambre día a día), un sexto es más rico que nunca y el otro
sexto (nosotros) parece condenado a ser más y más pobre hasta perderse en un "pozo
negro" de miseria. La razones por las que esos países fracasan en sus intentos de
liberarse de la miseria  y lo que los ricos y los menos ricos podrían hacer para ayudarles
a salir de ese pozo miserable sin fondo son el largo tema de Collier.
Yo no soy economista, por fortuna, y por ello no me veo obligado a tragarme las 500
páginas de su libro, pero me interesó el dato siguiente, que anota entre los muchos que
apoyan sus argumentos: entre los 980 millones de personas que viven en "los países
atrapados por la miseria" , los que "se dirigen claramente hacia lo que podemos llamar el
pozo negro de la miseria" están, en un 70 por ciento, en Africa, pero los otros viven en
Bolivia, Myanmar, Camboya, Haití, Laos, Corea del Norte y Yemen.
Así, el país más pobre de Sudamérica está poblado por seis millones (yo no me creo eso
de los nueve millones) de los cuales un 60 por ciento, tres millones y medio, viven en
circunstancias de extrema pobreza. Esta situación, además de ser desesperante y feroz,
es en cierto modo absurda.
¿Cómo es posible que hayamos perdido medio siglo en solucionar un problema que
aflige a un grupo humano igual a la cuarta parte de la población de Ciudad de México,
por dar una idea, y que podría ser solucionado en meses, no años, si las Naciones
Unidas no fueran el fracaso que son?
En otras palabras, ¿cómo es posible que los bolivianos permitan que otros problemas
nos distraigan hasta el punto de olvidar a este, nuestro enemigo principal, hasta dejarnos
vencer por él?
Todos los bolivianos vivimos con el espectáculo diario de la miseria ante nuestras propias
narices, para decirlo de modo claro. No hay modo de salir a comer en público y en
nuestro país, y evitar las manos y las manitas de los hambrientos de nuestro suelo que
nos piden alivio. ¿Es que necesitamos cifras para reconocer a este enemigo? He aquí
algunas.
Los siguientes datos fueron presentados a Bolivia por la ONU en mayo pasado en la
suposición de que no los olvidaríamos al mes siguiente, dado nuestra conciencia nacional.
-- Uno de cada cuatro niños en Bolivia sufre desnutrición crónica, según las Naciones
Unidas.
-- Un 40 por ciento de los bolivianos vive en condiciones 'de tan extrema pobreza que no
puede permitirse alimentar a sus familias'.
-- Hay bolivianos viviendo en semi-esclavitud en la región del Chaco.
-- 'Bolivia tiene uno de los niveles de desigualdad más altos del mundo, lo que está
contribuyendo claramente a aumentar el conflicto social', advierten las Naciones Unidas.
-- La Asamblea Constituyente debe incluir el acceso a la comida y al agua como
'derechos fundamentales' en la nueva Carta Magna que está redactando, sugiere la ONU.
Ante estas realidades, ¿cuán obscenas son las barbaridades que gritan y cometen los
fascistas criollos? ¿ De qué calibre es nuestro patriotismo?
El Banco Mundial, la Gestapo económica del Imperio, dice lo siguiente sobre Bolivia,
según un diario de SRZ:
-- El BM indica que el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita anual en Bolivia es de $US
2.460,oo, el más bajo del Continente.
-- La mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza: no tiene lo mínimo
indispensable para cubrir sus necesidades básicas de consumo.
-- El 14,4 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día.
--  Un 34,3 por ciento vive con dos dólares diarios.
-- En las zonas rurales apenas se sobrevive.
Si esto dicen nuestros enemigos (el BM fue creado para crear miseria y hambre en el
Tercer Mundo), ¿cuál puede ser la realidad misma en nuestro atribulado país? ¿Y quién,
sino nosotros mismos, podemos hallarle alivio, sino solución?
Si fuéramos capaces de tomar conciencia de nuestros actos, ¿cuánto tiempo más
necesitamos para liberarnos de distracciones como Branko, Costas, Cossío y los
fascistas criollos antes de acabar de una buena vez con esta plaga, la miseria que
asesina a miles de bolivianos?
Los días que caracterizan al gobierno de Evo dicen muy poco y bastante mal de los
bolivianos como representantes del Homo Sapiens, el Hombre capaz de Pensar. Han sido
meses en que hemos estado dando vueltas tras nuestra propia cola como perro con
sarna. ¿No es hora ya de madurar, decidirse de una vez por todas a reconocer y vencer
a nuestro enemigo principal, la miseria que mata cada hora a los bolivianos?
Tal ves sólo los hambrientos pueden liberar a los hambrientos. Si es así, sólo nos queda
rogar a la Providencia que tenga piedad de nosotros aunque no la merezcamos.
Su Opinión
Arturo
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Julio 07