Uno de los escándalos más vergonzosos para cada boliviano es la serie de incidentes
absurdos que vienen presentándose durante las negociaciones relacionadas con
nuestro petróleo.
Parece que Bolivia carece de los abogados y de los expertos que puedan ayudarle a
llevar a buen puerto estas negociaciones. No sólo carece de profesionales idóneos,
sino también de secretarias, mecanógrafas y telefonistas, según parece.
¿O es que todos los expertos y abogados que podrían ayudar a Bolivia en esta
coyuntura se niegan a ayudarla porque el presidente que nos ha metido en ella es
indio?    
Este otro ejemplo de la tragedia en la que el racismo viene primero que el patriotismo
para cientos de bolivianos, sino miles, no es nuevo. La carencia de profesionales
nacionales de trayectoria reconocida en cuanto al petróleo que quisieran servir a
Bolivia se hizo evidente apenas se habló de nacionalización, y ello me dio tema para un
corto artículo. Lo que temí entonces parece ser una cruel realidad ahora.
Que existen abogados especialistas en la materia, aunque no abundan, es un hecho.
Que hay técnicos y expertos petroleros suficientes para sacar nuestro gas y nuestro
petróleo al exterior es evidente. ¿Cómo, si no, se ha estado exportando legal e
ilegalmente esa riqueza durante décadas?
La abundancia, asfixiante a veces, de abogados en nuestro pobre país me lleva a
creer que también tenemos los abogados que Bolivia necesita en esta coyuntura, pero
parece evidente que Bolivia tiene en contra a esos expertos o, tal vez, que son
“neutrales” y todo lo observan mudos como ostras.
Esto es, están trabajando contra Bolivia o están mirando de lejos nomás cómo enredan
los extranjeros a los “novatos” que usa nuestro gobierno porque no dispone de capital
humano más experimentado. Esos profesionales se apartan y miran cómo “pierde”
Bolivia su petróleo y su gas una vez más.
Ese simple “mirar” es traicionar a la patria. Es abandonar a los propios hijos y nietos.
Es rechazar  al pueblo de que se es parte. Es legal, empero, y nadie puede forzar a
nadie a ser patriota, ni las familias de esos “mirones” ni los pobres de esta tierra.
Sólo dos apellidos recuerdo de abogados que conocen bien su oficio en cuanto al
petróleo y que se han enriquecido porque han vendido el alma al diablo, léase las
petroleras internacionales.
Pero como se trata de algo legal y, lejos de causar censura, crearía admiración ante la
habilidad de hacerse rico aprovechando la desgracia nacional, debo guardarme esos
apellidos en el bolsillo. ¿Qué más me queda?
Me queda dirigirme por este medio a un experto en cuya palabra creo, Andrés Solíz
Rada, y pedirle dos favores.
Por un lado, mucho le agradeceré si “inventa” un equipo “ideal” de negociadores
bolivianos, abogados, técnicos y expertos que Solíz conoce y que son capaces de
sacar adelante esta tragedia con trazas de acabar mal para Bolivia. Una vez inventado,
este equipo debería difundirse por todos los medios posibles parar atraer la deshonra
o el honor sobre esas cabezas.
Por otro lado, y porque si Solíz lo dice lo dirá con pruebas, quisiera que se ocupara
durante una media hora en señalar a aquellos traidores de guante blanco que, porque
la “gran” prensa cómplice nunca los nombra, se están forrando los bolsillos en esas
desgraciadas negociaciones petroleras entre “novatos” patriotas y “expertos”
apátridas. Tal vez el repudio público pueda  alterar algunas conciencias.
Pero si nada más queda, ¿qué podemos hacer todos? Sólo saludar a esos “novatos”
patriotas que le ponen el hombro al indio Evo en su solitaria lucha por nuestro petróleo
y nuestro gas, y no sorprendernos nunca si todo acaba mal y despertamos más pobres
de lo que antes fuimos. Tal vez así sucede porque así lo merecemos.
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Arturo
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Abr 07