Este es el año del Pato Cojo para la política de USA. Es el último del dictador dipsómano
y chiflado que termina los ocho de su gobierno como una catástrofe en dos patas para el
mundo todo y como el peor gobernante de la historia de la humanidad. Digo, ese idiota
de Bush. (Como criminal, Hitler y Stalin le ganan; como idiota, no).  
Los gringos llaman al último año de sus presidentes “el año del pato cojo” porque así es
como los ven: impotentes, sin apoyo ni poder real. Durante su año de pato cojudez (¿o
se dice cojera?) casi cada presidente gringo se dedicó a viajar, jugar golf y pensar en
sus memorias y la biblioteca que construirá para albergar sus papeles y para que nadie
la visite.
Este pato cojo, no. Como mi estimado lector recordará, Jorgito está haciendo lo posible
para encender otra guerra, su tercera y contra Irán porque Irán quiere una bomba
atómica y USA sólo tiene seis mil e Israel, amo y señor de USA, tiene sólo mil bombas. Al
modo de ver de Jorge y sus patrones, esa es una razón buena y legítima para asesinar
otro millón de musulmanes este año.
Pero ya he dicho mucho de mi humilde opinión sobre el Calígula gringo en notas
pasadas, de modo que ahora invito al famoso político George McGovern, recordado
candidato presidencial cuando yo tenía aún cuatro pelos para peinarlos, quien se refiere
a Bush como traduzco ya ya para que usted recorte y guarde estas palabras en beneficio
de las generaciones venideras y de sus dos (2) nietos.
Dice este otro Jorge de mi Jorge aborrecido en el Washington Post del 6 de enero ppdo.:
“Desde un principio, la captura del poder por el régimen Bush-Cheney fue producto de
dudosas elecciones que debieron haber sido cuestionadas oficialmente, tal vez mediante
una investigación del Congreso”.
“En un sentido mucho más fundamental – agrega McG. — el régimen Bush-Cheney ha
“descarrilado” la democracia norteamericana. Su tarea principal ha sido una guerra
criminal, ilegal y absurda contra Irak. Esa aventura irresponsable ha matado a casi 4.000
norteamericanos y convertido en impedidos mentales o físicos a un múltiplo de esa cifra,
ha causado la muerte de 600.000 iraquíes y ha destruido Irak. El costo financiero para
USA es hoy de 250 millones de dólares por día y se espera que pase del trillón de
dólares, la mayor parte de los cuales son créditos de chinos y otros extranjeros mientras
nuestra deuda externa alcanza los nueve trillones, por mucho la mayor de nuestra
historia nacional”.
Gringo como es, McG. tiene su orgullo y no dice que el régimen Bush-Cheney significa el
fracaso total de la democracia formal de USA. Este fracaso consistió en la total
incapacidad de sus instituciones para defenderse y liberarse de un dictador entre cuyos
placeres está el de firmar todas y cada una de las órdenes de tortura que se emiten en
USA y se obedecen en el mundo. Durante estos ocho años, la situación en USA es y ha
sido la misma que se hubiera dado en Chile si nadie hubiera combatido a Pinochet o en
el Perú actual, donde se libra una guerra muda contra Alan García, otro dictador chiflado,
si nadie estuviera protestando, siendo torturado y/o asesinado como sucedió durante el
primer régimen de García.
Para vergüenza eterna de USA, tanto el Congreso como todas las instituciones
norteamericanas agacharon la cerviz como ovejas cuando el loco del que hablo les exigió
carta blanca para lanzar su genocidio contra Irak. Fue como el mismo Bush dijera a un
periodista: “¿La posteridad? ¿A quien la importa la posteridad? Para entonces, todos
estaremos muertos”.
Y este punto, la cobardía de USA y la cobardía de Europa y la del Japón y la del mundo
entero ante las bravatas y las demandas de Bush, es el fracaso de las democracias
formales que, claro, nadie en la prensa de esas democracias quiere mencionar. Sin la
cobardía del mundo, Bush no hubiera sido posible.
Por otro lado, siempre es divertido observar todo lo que puede hacer un loco al que
tratan de cuerdo porque sus compinches han encumbrado en el poder, esto es, un loco
convertido en el hombre más poderoso del mundo.
Recuerde mi lector como se puso a corretear este Jorge en Santiago, cuando uno de sus
guardaespaldas no pudo seguirlo hasta el podio en el que iba a tratar de hablar. Como
niño de teta, se metió entre empujones y manazos entre los sorprendidos rotos de
uniforme o sin uniforme encargados de protegerlo y no paró hasta agarrar del cogote a
su agente preferido y meterlo entre las autoridades chilenas. Pues bien, hizo lo mismo
durante siete años y forzó al mundo a obedecerle en todos su caprichos. Bush es un niño
de teta caprichoso, nacido para avergonzar a la especie humana y demostrarnos que no
somos más que un montón de ignorantes más tontos ( la ciencia lo ha demostrado) que
los chimpancés.
Pero ahora, cuando un solo gesto de desafío desinfló por fin al hombre más despreciado
del mundo, es bueno recordarlo y afirmar que se necesita muchos más gestos como ese
para que nadie en el universo vuelva a sufrir otro Bush.
Ese gesto provino de los espías norteamericanos y fue una afirmación pública de que
Irán no quiere ni puede hacerse de una Bomba A. Al afirmarlo, los jefes de las principales
agencias de espionaje de USA quitaron a Bush el último pretexto del que se cogía para
“vender” la guerra contra Irán entre cristianos y musulmanes. Hoy retorna de una gira
vergonzosa después de ese fracaso y deja en manos de Israel la guerra próxima contra
Teherán. Por supuesto, Israel ha comenzado ya sus escaramuzas, primero con un
bombardeo “misterioso” contra Siria y hoy en incursiones “secretas” en Irán.
Pero esta gira fue el último acto bélico de Bush y el comienzo de su Año del Pato Cojo.
Todos, tirios y troyanos y dentro y fuera de USA, tratan de ignorar que Bush existe y lo
abandonan como un odioso fantasma de la Casa Blanca. Bush ha muerto ya, o casi.
Ahora, USA y el mundo comienzan a pagar las facturas de Bush: el barril de petróleo a
$100, el dólar devaluado en un 25%, una crisis hipotecaria capaz de herir de muerte a la
economía más poderosa del mundo, un USA políticamente polarizado entre una izquierda
representada por candidatos demagogos (los demócratas), una derecha representada
por candidatos fanáticos y chiflados (los republicanos) y un gobierno plutócrata que ni
idea tiene sobre cómo enfrentar los peligros que USA trajo contra el mundo. Pero todos
coinciden en ignorar a Bush y no quieren ni nombrarlo siquiera.
En lo práctico, la obra de Bush es evidente cada día para cada estante o habitante del
paraíso del trabajador, en parte alguna de modo más dramático que en Washington, su
capital, hoy por hoy despreciada por el resto del país: Bush tiene un índice de
popularidad del 30% y el Congreso uno peor, de 25%. La Corte Suprema se ha reducido
a un circo de viejos conservadores cuya labor no interesa a nadie y es dable decir que, si
USA pudiera, borraría del mapa a Washington de un solo golpe.
Lo cual no sería malo del todo. Los habitantes de Washington, una ciudad maltratada por
el Congreso, no tienen derecho al voto, un caso singular en el país que se dice
“campeón de la democracia”. Tiene un representante ante el Congreso con voz pero sin
voto y no tiene esperanza alguna de cambiar esta situación. Debe tal carencia al
Congreso, que es quien gobierna realmente en Washington y ha condenado a la ciudad
a la miseria y una pobreza indigna, tercermundista.
Esa pobreza produce casos como el de Benita Jacks, muy comentado hoy mismo porque
se trata de una pobre madre negra y analfabeta que al ser abandonada por los padres
de sus tres hijos decidió asesinarlos y dejar que sus cadáveres se pudrieran cada uno en
su cama hasta que llegó el Sheriff del caso para desalojar a la familia y descubrió esta
tragedia.
Todos sabemos que Washington tiene más de 500 asesinados por año, gente que murió
violentamente en sus calles, y una población de 150.000 estudiantes de los que más de
mil mueren año tras año víctimas de armas de fuego, drogas, estrangulación y abortos
fracasados. Todos coinciden en que esta crisis se ha acentuado durante los últimos ocho
años porque Bush abandonó a las ciudades de USA y no sólo Katrina hizo de las suyas.
También el clima protesta contra Bush mediante tormentas, ciclones y otras lindezas.
Hoy se dan casos como el de las clínicas privadas que abandonan a sus pacientes
pobres en calles y parques y hospitales que son propiedad de médicos que llaman a
Emergencia cuando un paciente muere del corazón porque no pueden tratarlos. Así
sucedió con un camionero de Abilene enviado a media operación a Emergencia y una
mujer de 88 años a la que pusieron mal una inyección contra el dolor en Portland y murió
en Emergencia de un ataque cardíaco.    
El  simple ciudadano está acostumbrado a la idea de que salir a la calle después de las
nueve de la noche es jugarse el pellejo, pero hay otros indicios de la decadencia
acelerada que Bush deja a sus gobernados.
Un tomate, por ejemplo, cuesta dos dólares y medio en el Washington pobre de Bush,
suma con la que un latinoamericano pobre vive durante dos días. Un pedazo de carne del
tamaño de un naipe cuesta 18 dólares, y no se trata del Ritz, sino de un mercado
cualquiera. No digo cuanto cuesta una papa porque usted puede ponerse a llorar.
Para complementar las cosas, el problema de los “ilegales” ha provocado un
renacimiento robusto del racismo norteamericano, siempre a flor de piel, y hoy policías y
jueces persiguen a doce millones de “delincuentes” y acosan, abusan y maltratan a 40
millones de “latinos” porque ni Bush ni el Congreso tuvieron los pantalones de enfrentar
esta crisis y legislar sobre este tema.
En cuanto al mundo ancho y ajeno, el peor regalo que Bush le ha hecho es el barril de
petróleo a cien dólares. Los efectos de esa imagen y del dólar devaluado, que reducirá
grandemente las importaciones norteamericanas hasta matar fábricas, minas y empresas
agrícolas en América Latina y el Tercer Mundo demostrarán que los días del Imperio
están contados ya y que todos debemos prepararnos para el Siglo Chino, algo así como
saltar de la sartén para caer al fuego.
Sobre este tema me atrevería a recomendar “Hombre Masa”, libro en el que aparecen
este y otros problemas y su segura solución, pero me temo que este no es el mejor modo
de comentar a un autor al que aprecio como si fuera yo mismo.
La buena noticia es esa: Bush será historia si sobrevivimos a su Año del Pato Cojo. La
mala: vivimos Enero todavía.
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Arturo
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Ene 08
Alégrese: Bush ha Muerto (o Casi)
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