Tal vez este 20 de julio resulte un momento histórico, una hora en que los
bolivianos hayan visto, sentido, escuchado y sufrido el paso de un millón y medio de
seres humanos en su forma más peligrosa: la masa incontrolable.
Ese millón y medio es el mejor símbolo del gran problema urbano que enfrenta el
país y representa la solución más fácil del mismo problema. Es el millón y medio de
habitantes que sobran en LPB y El Alto, ese mismo millón y medio que debe
trasladarse a SRZ a la brevedad posible para iniciar la etapa en que SRZ se
convierta en la nueva capital de Bolivia.
Por supuesto, y como de costumbre, dos millones y medio o hasta tres millones se
pondrán a gritar como locos contra esta idea. Ya se sabe que la especie humana
adopta la mejor solución de sus problemas sólo después de haber agotado las
demás. Esa es una característica universal de su estupidez. También se sabe que
el regionalismo es 99% emoción y 1% cerebro pero, ¿quién lo recuerda?
Para llegar al hermoso día en que ese millón y medio haga sus bultos y maletas y se
decida por emigrar a las tierras bajas al grito de “¡Vete al Oriente, joven, y crece
con el país!” será necesario hacer una pizca de historia y tomar conciencia de las
siguientes verdades que los bolivianos se niegan a digerir pero que no por eso
dejan de ser verdades.
Comencemos por la ciudad más joven. El Alto es habitado, se dice, por 800.000
refugiados económicos llegados del campo y las minas en busca de un pan y un
techo. Al comprobar que LPB no podía ni puede cobijar sin asfixiarse a dos o tres
millones, esos refugiados decidieron improvisar sus viviendas en el hombro de LPB,
El Alto, con lo que lograron la realidad actual: LPB se asfixia bajo el paso y el peso
diarios de paceños y alteños, dos millones que taponan sus calles, ensucian el aire
y el agua mientras combaten entre sí a codazo y patada por el pan de cada día; El
Alto se ha convertido en la ciudad más interesante del Lejano Oeste, donde no hay
ley ni orden, no hay garantías para nadie, abundan la violencia, la cocaína y las
bandas juveniles, urbe improvisada en la que las bendiciones míticas de la wipala,
ese amasua-amakella-amallulla que es el mantra indio de la “superioridad” local,
brillan por su ausencia. Capitalistas hasta la médula, los indios y la indiada y los
cholos y la cholada han descubierto que son tan capaces de vender a sus madres
como antes lo fueron los culitos blancos. En El Alto manda el dólar igual que en Wall
Street y lo único que importa es amontonar dólares con o contra la ley.
El Alto existe, además, con otra tara: está asesinando al Lago Titicaca, el Lago
Sagrado de los Indios, con las aguas servidas, léase caca, que producen los indios
de El Alto. ¿Qué valor pueden tener sus religiones y sus dioses si El Alto no vacila
nada en dar literalmente la espalda al Titicaca con tal de servir al dios Dólar y
continuar sus modos delincuentes de vida? La muerte del Titicaca ilustra los
“valores morales” de los chicos de Morales.
Pero lo más importante que debe recordarse es que El Alto es una ciudad
improvisada desde su fundación, si es que tuvo una, y lo será hasta que mate a
LPB y convierta el Lago en la olla más grande de #%@#$ que haya visto el mundo.
(Lo raro es que el Perú no se queja todavía). Bonito futuro.
Los bolivianos olvidamos porque nos conviene que Chuquisaca fue la capital
española de este trozo del imperio y que, como tal, adolece de los mismos vicios
que sufre Lima, la Virreinal, sólo que reducidos de proporcional modo. Dejó de serlo
cuando el sueño colonial en que vivía, una pesadilla para el resto del país,
desapareció bajo el empuje “industrial” de LPB. SRE eligió el pasado y LPB se fue
al futuro. El cambio fue satisfacción de una necesidad “natural” creada por el
desarrollo “natural” de ambas urbes. Una se agotó como rosa envejecida, la otra
crecía como flor silvestre, tosca pero fuerte. Nadie tiene la “culpa” de ese cambio.
Tanto así que, si no fuera por el indio Morales que ha venido a remover todas las
sopas, SRE hubiera seguido “gozando” del olvido neoliberal. Si los asesinos de
Branko logran colgar a Evo, la ciudad blanca volverá a gozar de sus siestas
legendarias.
El día en que El Alto se trepó al hombro de LPB señaló el comienzo de la
decadencia de LPB. Fue el día en que LPB comenzó su asfixia. LPB es única
también en eso: sus límites son naturales, la punta de los cerros, y no puede crecer
más allá. Más allá está el cielo. Ha pisoteado ya algunos de esos limites y no es
mucho exagerar cuando se dice que la vida en LPB es un pequeño infierno. Los
paceños lo dicen así: “La calidad de vida en LPB se ha ido al carajo”. Nadie podría
decirlo mejor.
LPB enfrenta un último desafío, desafío del que sin duda saldrá vencedora para
hacer honor por fin a su nombre: debe demostrar que puede vivir como utopía de
seres humanos al acelerar la vocación industrial que le hiciera asiento del gobierno
hace tiempo y allá entonces, y debe convertirse en el más agradable motor de las
industrias nuevas y viejas del país. Si El Alto retorna a lo que fue, un pueblo
alrededor del aeropuerto, LPB despejará sus calles, volverá a respirar el aire fresco
de los Andes y no polvo de mierda humana, y desarrollará con más calma, es de
esperar, su industria, su turismo, su folklore y todas las virtudes que le recuerdan
los viejecitos de hoy. El precio: la capitalidad. ¿Se exagera cuando se grita que los
paceños están hasta aquí con  los desbarajustes de la política y que hay muchos
que han valorado ya la vida sin El Ejecutivo, El Legislativo y tanto vivo que vive de
la política? No, sin duda. Es hora ya de que la política se vaya a otra parte y deje a
LPB tranquila y en ídem.                      
Ningún boliviano con un dedo de frente puede negar que sabe y siente que el
futuro de Bolivia está en SRZ y lo ha estado desde hace buen rato ya. Como sonara
la hora de LPB cuando SRE se durmió en sus laureles, así suena la hora de SRZ
porque la LPZ se asfixia y SRZ es la hija más rica de Bolivia.
Rica, si, pero su riqueza es “extranjera”. Tan extranjera que los ricos de SRZ no
quieren ser bolivianos. Como SRZ misma lo ha dicho a gritos, SRZ  no es boliviana.
SRZ es alta, tiene la piel blanca y habla inglés, como bien se recordará. Los indios
que viven allí son como las cabras y los perros, hechos para placer del patrón. El
patrón vino a SRZ hace cincuenta años, vio “vacío” el país, lo “saneó” como lo sigue
“saneando” e inició la “sana” costumbre de exportar dólares a Miami y a Suiza bajo
nombres que no sonaran a Nazi. Así, lo que está fuera y lo que queda de la riqueza
de SRZ es extranjera, propiedad de multinacionales y foráneos que nada hacen ni
nada hicieron para devolver a Bolivia lo que Bolivia hizo por ellos.
Es por eso que hay que bolivianizar a SRZ.
Hay que darle más gente decidida a vivir y morir en Bolivia y por Bolivia. Gente
como la que desfiló ayer en El Alto, dizque por la capitalidad. Gente cuyos
antepasados vivieron desde hace mil años en este, nuestro territorio.
¿Qué mejor modo de bolivianizar SRZ que darle la capitalidad? En cinco años, SRZ
será una copia de lo que hoy es LPB, marchas y contra marchas, revoluciones,
asonadas, machetes, linchamientos, muerte civil, y etc. etc. hasta que todos
sintamos que estamos en casa si visitamos SRZ.
A diferencia de LPZ, SRZ puede crecer hasta los 130 anillos y el millón de reinas de
belleza. Su riqueza, a diferencia de la minería, no se agota, es hija de lo que hoy se
dice el “agro”. Esos cuatro caraduras pueden ser reemplazados por medio millón de
indios y cholos dedicados a la soya, y el millón restante de refugiados económicos
de El Alto encontrará sin duda ocupación en una tierra feraz como es el Oriente y
generosa como dicen que es quienes la habitan. Nada es mas urgente que
bolivianizar SRZ, y este es el modo.
Estos objetivos nacionales, SRZ como capital política, LPB como centro industrial, El
Alto como pueblo alrededor del aeropuerto de LPB, SRE como capital colonial,
lucen absurdos sólo para quienes tienen intereses creados. Quienes sufren cada
día y cada noche la “inhumana calidad de vida” de El Alto, LPB y de muchos centros
urbanos saben que esos cambios son necesidades “naturales” y que deben
ejecutarse tarde o temprano. Saben también que es lo que necesitan como pueblo
y como nación.
Y al ver, sentir, escuchar, sufrir y temer al millón y medio que se puso a ‘pisar
fuerte” este 20 de julio en El Alto saben que Bolivia no tiene todo el tiempo del
mundo para solucionar sus problemas urbanos. De un modo u otro, ese millón y
medio debe irse a SRZ llevándose la capital. Es así como se hace patria.     
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Arturo
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