LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO

Las Lecturas de James Morgan
Los episodios recogidos en este tomo plantean un dilema harto difícil: nadie sabe
cuán distantes se encuentran los eventos que aquí se relatan de la frontera entre
la realidad y la ficción, ni en cuál lado de esa frontera se hallan cuando el amable
lector pasa los ojos por estas líneas.
En lo que se refiere a la ingeniería genética, la manipulación de los genes para
alterar las cualidades y los defectos del ser humano, lo más probable es que
existan ya humanos fabricados en laboratorios no tan secretos y estén
aprendiendo a usar sus nuevos “poderes”. Quienes tratan de advertir a la especie
sobre los peligros que entraña la manipulación genética no niegan que es posible
crear monstruos o genios; lo que afirman es que existen normas morales o éticas
que prohíben esas prácticas aunque ninguna ley  humana las hace imposibles.
Esto es, mientras los entendidos discuten si la creación del nuevo Frankenstein es
buena o mala, ese Frankenstein vive hoy su niñez, o tal vez su adolescencia ya,
en un laboratorio a todas luces legal en algún lugar del mundo. Es más que
posible que no exista uno solo, sino que cada país “avanzado” esté meciendo la
cuna del suyo mientras sus espías tratan de averiguar sobre la vida de los demás
“hombres mejorados”. El autor cree que los humanos hechos por la ingeniería
genética son una realidad cuya confirmación oficial aparecerá en la prensa
durante la primera década del Milenio.
La nanotecnología reemplazó años ha a la informática como la tecnología más
prometedora de inmensa riqueza en un futuro cercano. Al comenzar el tercer
milenio cristiano, un diluvio de dólares invertido en esa tecnología se traduce en la
producción masiva de ventanas que se lavan solas y solas se mantienen limpias,
pantalones que rechazan por sí solos cualquier mancha, pelotas de tenis
perfeccionadas hasta el absurdo y otros productos que irán introduciendo las
nano-computadoras y los nano-robots o nanobots en la ropa para hacerle “sentir”
el clima y cambiarla según sea el caso, en el cuerpo para curarlo, alterarlo y
“mejorarlo” y en el cerebro para añadir a sus ya milagrosas dotes las habilidades
de la máquina que “piensa”. Sólo el Ensamblador creado por Huascar Endara
Watson es ficción porque, si no lo fuera, ya todos habríamos visto las maravillas o
los horrores que puede desencadenar.
Porque la robótica se ha propuesto justamente la creación del primer robot que
sienta y piense como un ser humano en una primera etapa para superarlo en la
siguiente, es posible afirmar que tal ciborg, u organismo cibernético, una
combinación del cuerpo humano con una o varias ordenadoras de diferentes
dimensiones y especialidades, es factible, y por tanto deben existir en algún lugar
del mundo ciborgs cuyas potencias son las que les niegan los artículos de las
revistas científicas del día. El Hombre de los Seis Millones es tal vez la más “vieja”
entre las nuevas tecnologías y es probable que esté viviendo su madurez a
principios de este siglo. Su edad de oro comenzará cuando su lógica decida la
abolición de la especie humana, concepto nada nuevo que nació con esa
especie.  
El Internet, una máquina independiente de la voluntad humana porque está
compuesta de millones de ordenadores y teléfonos, nos permite informarnos y
mantenernos no al día sino a la hora cuando visitamos los siguientes “sitios”, entre
otros muchos dedicados a estos temas:
http://nanodot.org
dedicado a la nanotecnología, y
http://betterhumans.com
dedicado a la creación de ciborgs más y más próximos a la perfección.  
Los “sitios” dedicados a la ingeniería genética son tantos que basta con buscarlos
en la WWW para dar con ellos en abundancia.
No hay duda alguna de que unas horas dedicadas por el amable lector a viajar
por el WWW le permitirán hacerse de un criterio propio y un tanto informado sobre
el presente de las tecnologías mencionadas o sobre lo que es ya realidad y lo que
sigue siendo un sueño para los científicos de la fecha.
James Morgan se dedicó también a leer sobre las artes que hacen (¿hicieron?)
tan peligrosa a Lady Láyqa, la bruja negra.
Morgan encontró de gran utilidad el Malleus Maleficarum, escrito por Heinrich
Kraner y James Sprenger en 1468, un manual tan completo como admirado
porque es útil para distinguir a quienes practican con las más diversas intenciones
las artes en que tan hábil aparece Ifigenia Muraña Vasconcelos. En esta era de
descreídos, este “Martillo de Brujas” se puede encontrar a la venta en cualquier
esquina.
Nuestros tiempos portentosos han permitido, en lo que se refiere a este campo del
saber humano, dos avenidas por las que el estudioso puede transitar con dudoso
provecho hasta el fin de sus días: una es la compuesta por los incontables “sitios”
en el WWW dedicados a difundir y enseñar la brujería y la magia blanca, negra y
de todo color; la otra es la que encuentran en el Internet quienes han decidido
servir a Satán, el Diablo en persona, el Señor de las Moscas sempiterno. No hay
quien dude de que estas investigaciones pueden hacerse para ventaja segura de
uno de sus participantes, por lo menos.
En cuanto al Monje,  gigantesco protector de las almas buenas, el autor se
complace en referir al amable lector el par de docenas de lugares dedicados en el
Internet al Padre Pío, cuyas hazañas inspiraron las de nuestro Monje. La siguiente
sería un buen comienzo:

http://www.padrepio.net/PadrePio.html


Morgan, como la versión 01.00 del producto que era y representaba, presentó un
defecto muy serio y molesto para sus creadores cuando pareció expresar
sentimientos incipientes y simpatías o antipatías que sus creadores jamás se
propusieron incluir entre sus variados programas. Es bien sabido que la primera
de estas criaturas, el Golem, padeció también de este defecto. Es necesario
afirmar que jamás se crearán ciborgs con sentimientos ni valores humanos. La
razón es sencilla: todas las personas dedicadas a crearlos han expresado siempre
la certidumbre de que la principal ventaja del ciborg es justamente la de carecer
de alma.     
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