Su Opinión
El fascismo salvaje de Montaner
Arturo
Sus Libros
Una prensa con intereses inconfesables acoge de vez en cuando al viejo fascista Montaner, así
como de vez en cuando difunde las maldades de ese Tatcher descarrilado, Vargas Llosa. En una
nota reciente, “Las manos manchadas de sangre”, Montaner aprueba miles de asesinatos al
intentar una justificación de la violencia como monopolio de todo gobierno “legítimamente
establecido” que comete crímenes porque las masas se cansan de hacerla de bestia de carga.
Sin vergüenza alguna — ¿por qué habría de avergonzarse en este mundo regido por Bush, la CIA y
Ratzinger y Opus Dei? — Montaner critica a Mesa porque el Presidente periodista rompió con la
tradición feroz de imponer leyes malas mediante periódicas masacres. Aboga por el estado
asesino y el degüello como instrumento de “buen” gobierno.
No se le pasa por la mente la idea de que ningún buen gobernante se ha visto en la necesidad de
masacrar a su propio pueblo, y la razón fue siempre sencilla: ese pueblo no vio la necesidad de
salir a las calles con palos y piedras para luchar por el derecho de ser tratado como un grupo de
seres humanos. Si un gobernante gobierna con su pueblo y no contra él, ese pueblo no sólo le deja
gobernar sin provocar ni ejercitar la violencia sino que está dispuesto a muchos sacrificios.
Tampoco aceptaría la mala consciencia de Montaner la evidente verdad de que muchos
gobernantes que defendieron con violencia minorías vilmente enriquecidas — o brutales y ciegas,
diminutas élites — como Stalin, Franco y todo dictador declarado o disfrazado de demócrata —
fueron ejemplos que niegan lo que Montaner afirma.  Sólo los gobiernos que actúan contra sus
gobernados necesitan masacrarlos de vez en vez. Miremos el Africa actual por un instante.  
Mentiroso experimentado, Montaner cita a Lincoln como ejemplo del gobernante que acierta cuando
mata a sus gobernados en defensa del orden. Basta leer cualquier libro serio sobre la Guerra de
Secesión para entender que Lincoln no hizo la guerra civil para liberar a los negros (a los que
quería desterrar en masa hasta una isla perdida en el Atlántico) ni para defender la Constitución
(maltratado documento que ningún presidente de USA ha respetado a carta cabal).
La hizo para someter a una minoría de ricachos miopes que hicieran su oro explotando a sus
esclavos negros y a sus sirvientes blancos sin la menor misericordia, algo bastante parecido a la
Santa Cruz de hoy. La hizo para defender los intereses de una plutocracia norteña que había visto
ya el potencial de un país-continente como futuro Imperio mundial.
Lincoln preservó la Unión porque, separadas, las viejas colonias no serían hoy lo que los
nicaragüenses llamaron luego con justicia “los enemigos de la humanidad”  cuya primera víctima, y
tal vez la más sufrida y desesperanzada, es su propio pueblo. Hoy en USA, ni la esperanza de un
cambio  bueno es posible. Todo cambia para reducir los derechos de ese pueblo abusado y usado
en guerras de conquista desde que naciera al mundo.
Cosa similar hizo Franco con la ayuda de Hitler para masacrar a su propio pueblo (Guernica) hasta
el extremo de dejarlo políticamente atontado durante medio siglo. Esta es la fecha en que los
españoles acaban de salir de un régimen fascista por accidente, (Atocha) y no por vocación
democrática: hay muchos por allá que lloran todavía al Generalísimo y Zapatero no es el futuro, es
sólo un accidente.
Montaner traiciona una arrogante ignorancia sobre Bolivia cuando intenta meter en la misma bolsa
a todo el pueblo boliviano y a un grupo fascistoide que parece controlar Santa Cruz mediante una
banda de matones copiados de las camisas pardas nazis: sólo ayer se informaba que un 75% de
los habitantes de Santa Cruz exige la nacionalización del gas y el petróleo bolivianos. Santa Cruz
está poder de un puñado de fascistas trasnochados, es cierto, pero ese accidente no puede durar:
lo garantiza la vocación democrática de los bolivianos.    
Mesa cayó porque no obedeció la libertad soberana de su pueblo, porque se dejó intimidar por las
amenazas y los horrores prometidos por los enemigos de su pueblo y porque, a diferencia de ese
pueblo — una vez más este Mayo, modelo para el Continente —  no pudo dominar su temor ante
esos monstruos que siempre han estado contra todos los pueblos del mundo, incluso aquellos
que sufren bajo esa “democracia formal”  que inventó la globalización para acabar con los
principios de la Revolución Francesa y convertir todo un mundo en un mercado de putas.
Montaner concluye su malvada admonición (cada vez que el pueblo proteste, dadle bala y palo)
repitiendo la amenaza de un “horror” que no describe.
Sus compinches, tanto en Madrid como en Santa Cruz, en Miami y Washington, entienden ese
“horror” como la caída  de los plutócratas españoles que vendieron España a USA, del Comité
Cívico Pro Santa Cruz, de la banda de pistoleros que gobiernan Florida con Jeb Bush y del
Presidente Bush, cuya guerra inventada sobre descomunales mentiras ha dado a su país el Gulag
de Guantánamo, los miles de inocentes presos “fantasmas” que oculta dentro de cárceles
“secretas” en USA y en todo el mundo, La Ley Patriota que hizo cisco de los derechos civiles de sus
compatriotas y la destrucción definitiva de la máscara de democracia, justicia, libertad y derechos
humanos con que la plutocracia más feroz que haya visto la historia exportaba sus canalladas.
Pero que el mundo ingresa a otra etapa de fanatismo religioso, genocidio y explotación de los
humildes es un hecho. Así lo afirma la presencia de demagogos como Montaner en diarios que se
suponía están al servicio del pueblo boliviano.
       
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