LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Miércoles Primero/4
Decidido a recuperar algo de la energía empeñada desde que descendiera de
El Alto, Huascar Endara Watson decidió pasar una noche adicional en la
habitación del Gran Hotel París que comenzaba a apreciar mejor. Pidió una
cena acorde con su necesidad de aclimatarse y dar un ritmo más estable a sus
sístoles y diástoles. Los últimos mensajes de Fresia le ayudaron en cierta forma
a derivar sus ideas hacia temas menos dolorosos que la suerte de Isabela.
Continuó trabajando en su ordenadora hasta que le trajeron la comida y decidió
dedicarle toda su atención mientras espiaba de rato en rato a la ciudad donde
naciera más de medio siglo antes o lo que quedaba de ella tras la invasión que
había inundado de gente el valle legendario.
Después se envolvió en su bata afgana y miró la televisión por un buen rato.
Sólo su lento andar y las pausas extremas entre un comercial y un programa,
entre una noticia y un comercial, delataba el estilo local de hacer TV. Encontró
interesante lo que vio, sobre todo porque reflejaba con legitimidad no buscada
las coyunturas que vivía su pueblo. Finalmente, cuando ya no escuchó nada en
la Plaza de Los Colgados, decidió dar un vistazo al periódico de fecha atrasada
que tenía en el velador.
Lo leyó de cabo a rabo, decidió que las alegrías y las penas de su pueblo,
sumadas a la suya, eran demasiado pesadas para un hombre de su edad y,
colocando su pistola mínima bajo la almohada y al alcance de su mano
izquierda, intentó dormir.
Las imágenes que invadían su imaginación lo tuvieron en una modorra inquieta
hasta el filo del amanecer. Sólo entonces cayó en un sueño pesado que duraría
unas tres horas a lo sumo.




Diablos y Tobas hicieron temblar a Oruro
El ambiente del Carnaval se adueñó de la ciudad de Oruro, por cuyas calles desfilaron unos
30 mil danzarines en honor a la Virgen del Socavón, patrona de los mineros. Miles de
bolivianos y turistas se maravillaron una vez más con la belleza y armonía de los danzarines
que recorrieron por las principales calles de la ciudad de Pagador sembrando de fe y
devoción hacia los pies de la Virgen del Socavón. El evento internacional demostró por qué
fue reconocido como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.
La Diablada Auténtica Oruro hizo oficialmente su ingreso a las 07.30 de la mañana en
medio de cánticos y oraciones religiosos, que encabezó con letañas (especie de
pancartas), y cuando algunas personas recién se recogían de la verbena de la noche
anterior.
Los diablos vestidos con trajes impecables y sus gritos infernales se desplazaron con
agilidad desde el inicio de la ruta hasta el templo del Socavón, donde cayeron postrados
ante la imagen de la Virgen de la Candelaria.
Cerca al mediodía, los morenos Cocanis pasaron por el palco oficial de la Avenida 6 de
Agosto, quienes estaban ataviados con sus trajes brillantes adornados con piedras y perlas
importados de Checoslovaquia. Cargados con sus pesados trajes, matracas en mano, y
presididas por hermosas mujeres, los morenos avanzaron cansinamente hasta el templo
del Socavón.
Después fue el turno de los Tobas Zona Sud, enfundados con trajes amarillos y rojos, que
con sus saltos ágiles desataron el delirio de los espectadores.
Luego pasaron los negritos Unidos de la Saya, antawaras, morenada Mejillones y los
diablos de la "frate", quienes —como siempre— recibieron aplausos a raudales.
A este grupo se unió la saya Afroboliviana procedente de los Yungas de La Paz, cuyo ritmo
de contoneos sensuales de hombres y mujeres de color, al compás de instrumentos de
percusión, entusiasmó a la gente. El baile era singular y pegajoso.
"Es la segunda vez que llegamos a Oruro para participar en esta linda fiesta. La primera vez
llegamos en el 2001",  dijo una de la lindas mulatas que no dejaba de moverse y cantar.
Los pocos y aguerridos danzantes del grupo Tinkus Tolkas hicieron una demostración de
sus pasos vigorosos al ritmo de "señora chichera dame pues chichita/ señora chichera
dame pues chichita/ y si no tienes cualquiera cosita/".
Los danzarines de cada bloque estaban vestidos con trajes de colores llamativos, borlas y
plumas multicolores, monteras guerreras y abarcas que soportaban el intenso trajín.
Este fabuloso antruejo cobró una vez más su esplendor no sólo para Oruro, sino a Bolivia y
al mundo, transmitiendo una gama de colores, danzas y elementos simbólicos casi como
una protesta en contra de la globalización que intenta destruir ese rico folklore que le valió el
título de patrimonio intangible del mundo.
El pueblo, el país y cientos de turistas, asistieron para maravillarse una vez más, de una de
las fiestas más grandes no sólo de Bolivia, sino del mundo entero, para ver cómo los 30 mil
danzarines recorren palmo a palmo el camino sembrado de fe y devoción hacia los pies de
la Virgen de la Candelaria.
Esta jornada fue acompañada con algunos chubascos de lluvia que no amilanaron el
espíritu carnavalero, puesto que la gente seguía bailando al ritmo de morenadas,
llameradas, caporales, diabladas y pujllay.
Los diablos, la morenada, los caporales, los tinkus, los antawaras, los suri sicuris, los
tobas, la llamerada, los negritos, la kullaguada, los kory majtas, los doctorcitos, los incas,
los kantus, los ahuatiris y los zampoñeros, invitaron al pueblo a peregrinar y a vivir la vida
con fe.
Ya al anochecer, los caporales San Simón, donde abundan las mujeres hermosas, al ritmo
alegre, empezaron a desplazarse por el inicio de la ruta y cosecharon muchos aplausos.
Por el otro lado las espectaculares bandas de música pusieron a bailar a propios y
extraños. El Carnaval de Oruro fue espectado por miles de personas en el que se
observaron danzas y bailes para todos los gustos: una fiesta inolvidable.
Las barandas
El colocado de las barandas dio a la Avenida 6 de Agosto un aire diferente: se mantuvo un
orden inesperado que permitió a los danzarines bailar con mayor tranquilidad y a los
espectadores ver el despliegue de toda su coreografía y los trajes multicolores de los
distintos grupos folklóricos.
Sin embargo el colocado de vallas fue únicamente en unas cuatro cuadras ya que la
empresa que tuvo a su cargo el empotrado de estos retenes no logró terminar pese a que
ha trabajado, tal como se pudo observar, inclusive en horas de la noche.
Sin embargo, ingresando por la calles Cochabamba, Pagador, Bolívar y plaza 10 de Febrero
el panorama era el mismo de los pasados años: caos, desorden, vendedores por doquier,
demasiado juego con agua, espuma y un excesivo consumo de bebidas alcohólicas.
Los mensajes de abstención a través de cursos, seminarios y charlas no tuvo el efecto
esperado porque la venta de alcohol en todo el recorrido fue el negocio redondo en esta
fiesta, al margen de los enormes pasacalles de la CBN ubicados a los largo de los más de
tres kilómetros de recorrido y en la avenida Cívica, no obstante de que la ACFO se
comprometió a evitar mensajes sobre el consumo de alcohol.

Turistas
Este año, el Carnaval de Oruro atrajo a miles de turistas nacionales y extranjeros, quienes
observaron el colorido espectáculo y la belleza de las mujeres danzantes.
La ciudad fue un hervidero de visitantes que con pasos descompasados intentaron bailar
durante la agotadora jornada dejando muy pocas horas para el descanso.
En las graderías se vivió otra fiesta aparte puesto que los espectadores, que vibraron con
mujeres hermosas que pueblan el Carnaval, jugaron con agua y espuma y bebieron
hectolitros de cerveza.
Los visitantes extranjeros observaron atónitos el despliegue de música, color, belleza,
sensualidad y se tomaron algunas fotos con las lindas figuras de las morenadas y
caporales.
La fiesta también recibió a ilustres visitantes como el Embajador de Cuba, Colombia,
Ecuador, China, algunos ministros de Estado quienes observaron el movimiento
cadencioso de las mujeres.
Los visitantes rebasaron la capacidad de los hoteles de la ciudad con la llegada de turistas,
pese a que los gerentes incrementaron los costos de alojamiento.
La fiesta fue el epílogo de un largo trabajo de artesanos, bordadores, mascareros de la
calle La Paz que trabajaron en silencio para el brillo de la entrada de los orureños.
De esta manera, miles se dieron el gusto de bailar olvidándose de la crisis económica,
política y social que agobia a Bolivia. Se dio rienda suelta al desenfreno, al jolgorio y al
descontrol del sexo y de los sentimientos.
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