EL APOCALIPSIS DE ANTON

Por Alfredo Medrano
Presencia – 1971 (?)

RAMON: No sé si ya leíste la nueva obra de Arturo von Vacano. "El Apocalipsis de Antón". La
vende personalmente el autor; parece que se vio obligado a ello porque los libreros recargan
mucho el precio y el que paga el pato es el lector.
PEDRO: Si, la leí con mucho interés. Justo tenía 35 pesos para comprar un ejemplar, lo que
quiere decir que no hubiera podido hacerlo en una librería. Además te la traen a casa, como el
gas o la leche. ¡Qué maravilloso aparato es el teléfono! Creo que, evidentemente, el 1ibro es "un
desafío para la imaginación que impacta como un golpe furioso y fuerza aun análisis humano y
honesto del país en que nacimos".
RAMON: Yo pienso que no es tanto un desafío a la imaginación como a la conciencia. El libro es
un reflejo de la realidad fantástica que es la vida social y política en nuestro país. Concretamente,
leer los periódicos que aun sin publicar todo cotidianamente te dan trozos de cuento, de novela,
de comedia y de drama. No recuerdo qué autor contemporáneo decía "yo ya no leo novelas, me
basta con los periódicos".
PEDRO: Precisamente von Vacano se muestra bastante influido por la prosa de "realismo
fantástico" de Garcia Márquez. Es frecuente encontrar en las páginas de "El Apocalipsis" la
enumeración o descripción de objetos y hechos inverosímiles. No le faltan pues los elementos
simbólicos, surrealistas, mitológicos. Me atrevo a pensar que para un escritor joven y talentoso
como von Vacano es más o menos fácil imitar a Garcia Márquez. Todo sería cuestión de ejercicio
intenso. No olvides aquello de Edison de que "el genio no es nada más que 90 por ciento de
transpiración y  diez por ciento de inspiración".
RAMON: Imitar es fácil, lo difícil es crear.
PEDRO: La imitación en si es ya una creación. Guillermo Cabrera Infante imita magistralmente el
estilo de conocidos escritores, lo que ya prueba talento creativo. Otra cosa es la copia. Por eso
creo que imitar resulta más fácil para quien tiene talento.
RAMON: Imitación o no, lo que me gusta del libro es que....
PEDRO: ¿Sólo debemos llamarlo "libro" a secas? ¿No encaja en ningún género literario?
RAMON: Es una especie de "contra novela" a lo Cortázar en "Rayuela". Un modelo caprichoso y
arbitrario para los amantes de la novela clásica; un equivalente del versolibrismo en relación a la
poesía sujeta a las leyes de la métrica y el ritmo. Claro que en la "contra novela" no hay
correlación, desarrollo lineal, al menos en apariencia.
PEDRO: Un expediente más cómodo, ¿no te parece?
RAMON: Tal vez, pero seguro en el caso de los escritores que abusan de esa especie de
"collage" para hacer más voluminosas sus "novelas". Lo que creo es que von Vacano pensó que
esa era la mejor forma que podía elegir para expresar todo lo que le bullía dentro. "El Apocalipsis
de Antón" es un libro escrito con fuerte dosis de pasión y parece que su autor no tuvo la
paciencia necesaria para elaborar una novela según los cánones establecidos. Su propia obra es
un "contra-establishment". Acaso en Bolivia no se debe escribir nada más que contra o anti
novelas.
PEDRO: Ibas a decir que te gustaba algo...
RAMON: Justamente eso: que es un libro escrito con buena cantidad de odio y de amor. Sólo sus
epígrafes revelan una nota iracundia; un sentimiento que fluctúa entre el derrotismo y la
esperanza. Uno de ellos, como recordarás, dice: "Aquí estoy, sentado en este país como un mono
con el ano atravesado por ciento cincuenta años de estupidez humana". Esto también haría ver
que von Vacano comprende poco la historia boliviana, las verdaderas causas que han venido
gestando nuestro trágico destino.
PEDRO: También se encuentra epígrafes de sabor anarquista. Incluso hay unas "Notas para
cometer Crímenes" en las que, con bastante transparencia, se reconoce a connotados
personajes de nuestro mundo social y político. Por ejemplo, una nota se refiere a "Calichín",
Pedro. Viejo líder sindical. Anarquista, demagogo, millonario en Venezuela y comunista aquí". Es
una clara alusión al ex dirigente minero Juan Lechín Oquendo. Claro que todo, al fin y al cabo, es
ficción literaria. "This is fiction, pure fiction", como advierte el autor.
RAMON: Ojala así lo entiendan todos. Tú sabes que nuestro ambiente suele distinguirse por su
falta de espíritu de tolerancia y de sentido del humor. Y el autor de "El Apocalipsis" demuestra
también aptitud para el humorismo, faceta que no le debe faltar a ningún escritor que se diga
bueno.
PEDRO: Pero, ¿crees que está bien eso que aplaudes como "buena cantidad de odio"?
RAMON: El odio es el reverso del amor. Von Vacano, como escritor y ante todo como hombre, se
indigna de todo lo injusto (o lo que él llama "estupidez") que hay en las relaciones entre los
hombres; se horroriza de la inversión de valores. De aquí le nace odio, porque no puede nacerle
amor.
PEDRO: La obra es un tanto nihilista.
RAMON: No creo. Es una obra intensamente humana. Además no se puede ser "un tanto
nihilista”; se es del todo o nada. Estoy de acuerdo en que es una visión apocalíptica de la
realidad nacional, pero no una negación de los valores humanos. Lo que pasa es que, como te
decía, el autor escribe con rabia; y su ideal de artista es que su vida y su obra se fusionen hasta
confundirse como en Horacio Quiroga, como en Jack London.
PEDRO: Pero no negarás que "El Apocalipsis de Antón" echa por la borda muchos valores de
nuestra sociedad.
RAMON: Los valores caducos, sí.
PEDRO: Arturo von Vacano demuestra sensibilidad social; más, su libro, aunque él diga lo
contrario en una prudente "Noticia", especula mucho, y con intención política, hechos que son
recientes en nuestra conturbada historia. Entonces eso de "pura ficción" sería simple formulismo.
RAMON: Claro que hay páginas que evocan las luchas sociales y políticas que tuvieron como
escenario particularmente La Paz (simbolizada por el "valle de Chuquiago"), pero "El Apocalipsis"
es un libro apolítico; más aún, anti político, pese a lo que ayuda a comprender nuestro drama.
PEDRO: Pese, ¿dices?
RAMON: ¿Por qué se escandaliza la gente cuando se habla de política? Creo que en parte por
miedo y en parte por equívoco. La política es un tabú para los ciudadanos demasiado asépticos,
del mismo modo que el sexo lo es para los niños. Miramos hacia atrás, a lo que es nuestra
accidentada historia y de cajón inferimos que la política es lo peor que hay. Lo malo no es ser
político, sino mal político. Claro que, a su vez, los malos políticos son buenos traficantes.
PEDRO: No me escandaliza hablar de política. Sólo creo que para hacer política ahí están otros
géneros: el ensayo, la oratoria, el panfleto.
RAMON: ¡Un momento! No he sugerido que "El Apocalipsis" debía ser el panegírico de alguna
ideología o partido político, sino simplemente que su principal personaje, Max (con el que el autor
no dejará de identificarse) vea los problemas sin prejuicio anti político, Max (no Marx) es un
personaje emotivo; un escritor, un pequeño burgués boliviano angustiado, que no atina a
comprender lo absurdo de las cosas. Es decir que no comprende porque simplemente le parece
un absurdo. Todo problema humano-social es problema político y viceversa. Encararlo exige
pasar de una fase sentimental a un grado de capacidad de análisis crítico. Que el escritor se
declare apartidista, no sectarizado, es otra cosa, algo después de todo necesario para que su
libertad de expresión no sea amenazada por los dogmas que siempre trata de imponer un
organismo partidario.
PEDRO: Insisto en que no hay que confundir literatura con política.
RAMON: Es lo que tú haces, aunque con otro criterio. Eso prueba que "El Apocalipsis" de todas
maneras, puede ser visto como un escrito político. Baste hablar de niños que mueren de hambre.
PEDRO: ¡Vaya! No sólo eso: lo que tú sugieres es que el escritor o personaje hagan de teóricos
políticos analizando las causas de los problemas sociales. Entonces, la creación literaria como
ficción está demás.
RAMON: Al final eso de ficción es pura ficción; también tú reconoces que se trata de "simple
formulismo". O, como alguien dijo: "la literatura sólo es traducci6n de un estado político y social".
Además, quiero aclararte que hago un comentario más que una objeción.
PEDRO: Es que expresas tus ideales.
RAMON: ¿Hago mal?
PEDRO: No. Sin embargo, debes contentarte con que la obra de von Vacano cumpla con el papel
llamado "de denuncia". No olvides que en varias partes contiene un vocabulario urticante,
injurioso, hasta procaz.
RAMON; Si, es un acto de venganza incruento.
PEDRO: ¿Y de que deduces que "El Apocalipsis de Antón" es un libro incluso "anti político"?
RAMON: Desde el comienzo, cuando el mismo autor proclama enfáticamente su rotundo rechazo
de todo ente político, sea el Estado, la Izquierda, el Centro o la Derecha. Creo que esa aclaración
estaba demás ya que toda obra de arte debe hablar por sí sola. Sin embargo comprendo que el
autor se vio obligado a anticiparse en declarar su carácter apartidista y apolítico. Su posición es
más bien la de los llamados "humanistas", concepto demasiado genérico.
PEDRO: Manifiesta su "ferviente deseo de paz, justicia y fraternidad para todos los hombres".
RAMON: Es lo que también desea el Papa.
PEDRO: No te comprendo. Creo que estás dogmatizando.
RAMON: Si dogma se le puede llamar a la conciencia social.
PEDRO: Bueno, ¿por qué no le dedicas una crítica a "El Apocalipsis de Antón"? Así conoceré
mejor lo que piensas.
RAMON: Se lo merece, es un libro valiente. A estas alturas.
PEDRO: ¿Lo harás?
RAMON: Aclarando que no soy político.
Arturo