Su Opinión
Busch, Villarroel… ¿Evo?
Arturo
Sus Libros

Una saludable costumbre consistió en acompañar a cada general victorioso que
ingresaba a Roma y a la cabeza de su marcha triunfal con un esclavo viejo y canoso que
le murmuraba las tristes realidades de la vida y de los seres humanos en la oreja
derecha para que no se creyera ni dios ni inmortal. El poder emborracha, dicen, y el
poder absoluto emborracha a muerte: miren ustedes al Rey Jorge, dictador imperial de
USA.
Es bueno recordar hoy (aunque parezca inoportuno) al esclavo encargado de bajarle los
humos a cada guerrero triunfante, porque tal es el papel correcto de los escribidores
aficionados a pergeñar comentarios destinados a perderse en el aire como las palabras
del esclavo; así de volátiles, son el deber de cada servidor de su pueblo, no de algún
gobernante, si ese tal se atreve a escribir.
Lejos de mí, pues, en estos días de triunfo, la expresión de alegrías desaforadas.
Celebré con sencillas palabras mi orgullo boliviano ante la victoria del indio Evo (mi
candidato preferido hace más de un año) y durante el primer día de la batalla que ya
comienza para saciar, así sea apenas, una sed de justicia sufrida durante medio milenio.
Más lejos aún veo el rol idiota de dar consejos de gobierno como si alguien me hubiera
pedido consejo alguno; hay gente que, casada tres veces (lo que demuestra que ni su
casa pueden gobernar) se atreve a “aconsejar” a políticos y gobernantes ante los que
son pigmeos, pigmeos que firman hoy el 99% de los “comentarios” que han convertido a
la prensa nacional en un zoológico de cotorras: nadie sabe quién es quien, ni nadie
indica qué derecho intelectual asiste a tanto anónimo autor de sublimes burradas. El
resultado: una prensa que trabaja contra los intereses nacionales y una “democracia a lo
tonto” que hace del país una olla de grillos.
Este error criminal debe ser reemplazado por la insistencia cotidiana sobre la necesidad
de que el pueblo que hoy aclama al Presidente Morales haga una pausa saludable para
recordar a los dos Presidentes que siguieron la senda que hoy comienza Evo, los
mártires Busch y Villarroel, ambos recordados con pesar y amargura porque su pueblo
los abandonó en su hora trágica.
Ese pueblo que hoy festeja una victoria y el primer paso hacia su libertad política y
económica debe recordar cada día su obligación de acompañar a su Presidente indio
durante las horas de sol y durante las horas de sangre.   
Rodeado de zalameros y traidores que le marearon con sus ruidos de cotorra, Busch
perdió por un mal momento la presencia del pueblo al que guiara en el Chaco y,
huérfano de toda esperanza, puso el único fin a sus días que le indicaban su sentido del
honor y su visión de una vida digna. Hoy lo llora todo boliviano honrado.
Villarroel, abandonado y solo ante una turba enloquecida y azuzada desde las sombras
por sus enemigos, fue muerto de modo bárbaro para convertirse en el trágico precursor
del 52, el amigo de los ricos que era más amigo de los pobres cuyos errores pueden
servir hoy de guía a cada boliviano honrado: los pueblos de flaca memoria están
condenados a repetir su historia.
Porque las alegrías del fin de semana anterior no nos permiten olvidar que los enemigos
locales e internacionales de Evo le preparan ya un nuevo 21 de Julio.
Los enemigos que invadieron el Paraguay no nos invadieron todavía, pero incursionan
entre nosotros sin nadie que les pare el carro (se han robado los misiles chinos con
complicidad del hermano del Presidente anterior).
Las elites súper-millonarias locales, ese 2% que controla el 90% de nuestra riqueza y es
heredero de Mamerto y Ballivián, actuará del mismo modo: desde las sombras, con un
odio ciego y criminal, auxiliado por nuestros enemigos extranjeros,  pues debe a sus
aliados foráneos la obligación de crear otro Presidente mártir en Bolivia.  
Se dan, sin embargo, legítimas razones de optimismo en esta hora: la Crisis de Sucre
mostró ya la madurez civil y la conciencia de Historia de los bolivianos, para no
mencionar su experiencia y su visión política, y las elecciones de 2005 resaltaron mejor
esas cualidades. Ambas coyunturas concluyeron en eventos políticos que son ejemplo
para el mundo y razón de enorme orgullo para los bolivianos.
Por otro lado, la gira del Presidente Morales por el mundo ancho y ajeno demostró su
bonhomía, su sentido común, una sabiduría sencilla que debe haber heredado con su
sangre, sus habilidades de diplomático (con una frase hizo de Fox un perrito) y su
enorme carisma personal.
Evo fue el primer indio boliviano que conocieron gobernantes y millones de gentes con
televisor, y el resultado es que Evo aparece hoy en la primera plana de la prensa del
mundo con enormes fotos, elogios y algunas dudas que son hijas de una ignorancia
supina. La Presidencia de Evo es un evento mundial.
Es decir, acompañado hoy, mañana y siempre por su pueblo, Evo puede hacer milagros;
puede cometer errores, claro, pero si es tan transparente como lo ha sido hasta hoy,
¿qué error no le perdonaría su pueblo?
Ahora, concluida la celebración, es hora de cumplir la palabra dada: el Presidente Evo la
suya, que consiste en hacer posible la Revolución; el pueblo boliviano la suya, que
consiste en hacer la Revolución cada día y cada hora hasta que sea una realidad feliz.