LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Martes - Cuarto/1
Doña Yoli Fuentes Suárez, la esforzada dama a cargo de la cocina, era una de las
razones del éxito local de La Perinola, un restaurante muy bonito al borde de la
carretera que atiende a buena parte de los habitantes de Ivirgarzama en el
Chapare. El gigantesco aparato de aire acondicionado que dañaba su falso estilo
colonial era la otra. La mayoría de los empleados del DAI (Development
Alternatives Incorporated) y de ADECON (Alternative  Development Efforts
Consolidation), cuyas siglas no lograban disfrazar del todo su naturaleza de
"contratistas", habían adquirido la fácil costumbre de almorzar en La Perinola
entre la una y las tres de cada tarde.
La tarde que nos interesa iba por su hora segunda cuando una bala disparada
sólo Dios sabe desde dónde perforó la frente de Danny Hill, un hombre enorme
como una montaña dueño del humor más sencillo del mundo. Entrando por
encima de la ceja izquierda, la píldora de plomo congeló la sincera sonrisa con
que Danny viviera tras haber aprendido a falsificarla durante trece horas
continuas ante el espejo de la academia militar. Sentado como estaba en una de
las cómodas silletas de La Perinola, Danny no perdió el aplomo al tomar la ruta
del infierno; apenas se desinfló un poco dentro de su guayabera roja y quedó
inmóvil.
Las habilidades de Danny Hill importaron un carajo al resto del mundo todo para
entonces, interesados como estaban los treinta clientes de La Perinola por
esfumar el bulto mientras corrieran vientos letales por el restaurante. "Asesores
especiales", guapas y escotadas jóvenes venidas desde el Beni y Santa Cruz para
ayudarles a solucionar acrósticos y palabras cruzadas y chóferes locales muy
gordos se tiraron al suelo con el entusiasmo de renacuajos en el barro.
De poco les sirvió el esfuerzo, pues la lluvia de balas que siguió al balazo exacto
que diera un tercer ojo a Danny duró siete minutos, penetró en el local cruzando
sus 16 ventanas y lo dejó hecho una ruina lastimosa; el silencio de tumba que
siguió a las andanadas es ya clásico en las producciones mejores de Hollywood.
Una patrulla de hombres robustos con la cara cubierta por pañuelos multicolores
se metió en el salón a toda prisa tosiendo y maldiciendo y buscó la entrada más
directa al semisótano en el que Doña Yola practicaba su deliciosa profesión.
Haciéndola de lado sin consideraciones a pesar de su notable volumen, se
dedicaron a empujar y patear las paredes del lugar con renovado brío y escaso
sentido común. Estaban por abandonar esa tarea tan agotadora en el calor
tropical cuando una de las laterales traicionó con un crujido sordo su engañosa
naturaleza y cedió el paso a la patrulla enardecida.
La habitación secreta se ofreció a su inspección en un silencio húmedo de castillo
medieval. Eran también medievales los instrumentos que colgaban de las paredes
y se disputaban el espacio de una gran mesa central de aspecto repelente. Dos
rejas estrechas y ocultas entre las sombras añadían su tono oscuro al  ambiente
bien logrado de la cámara de tortura. Sólo la ausencia inoportuna de una víctima
agónica privó a los inspectores de una impresión total.   
—        Dile al jefe que aquí no hay nadie.
—        Voy corriendo.
Uno de los improvisados comandos unió la acción a la palabra y salió como ratón
de desagüe en busca del sol de media tarde. Los demás, respirando como fuelles,
mantenían las armas listas para dar el pasaporte a cualquier tipo de asesoría.
Ramiro Ordoñez del Pozo, vestido todo de blanco como un dandy dispuesto a
pasar la tarde jugando póquer en un vapor del Mississipi, penetró en la cámara
con rebuscada indiferencia. Miró a diestra y siniestra, movió hierros y artefactos
con un bastón de caña la mar de elegante, extrajo un pitillo magnífico de una
tabaquera de plata, lo encendió con el chasquido amable de un fósforo de fin de
siglo y dictaminó:
—        Tanto plomo perdido, para nada. ¿Será que se han vuelto más
inteligentes?
—         Pudo haber estado aquí hace un par de minutos. Mira la reja, Ramiro.
Ordoñez afiló la mirada y vio en el piso una máscara multicolor que quería ser la
caricatura de un negro pero exhibía labios extremadamente exagerados. No la vio
toda, sino partida en dos.   
—        La chica tenía una así cuando la agarraron.
—        ¿Estás seguro?
—        Todos nos han dicho lo mismo.
Ordoñez clavó la punta del bastón en el ojo del negro, apuntó al cielo con esa
punta y la media máscara se deslizó por el bastón hasta dar con su mano
izquierda.
—        Voy a quedarme con ella. Me servirá cuando vea al Tinino.
Giró de modo harto elegante y salió a paso vivo. La patrulla le siguió sin vacilar un
segundo.
—        ¿Cuántos muertos?
—        Todos.
—        ¿Cuántos, digo?
—        Treinta y cuatro.
—         Carajo. Esto ya parece el Far West.
De retorno a Cochabamba en un vehículo blindado disfrazado de camión frutero,
Ramiro se rascaba el mentón, pensativo.
— Llama a Huascar. Dile que me espere un poco más. Dile que no hay Tinino ni
Grover ni bruja maldita que pueda engañarme dos veces.      


600 cocaleros asaltan oficinas en el Chapare
Aproximadamente unos 600 productores de coca asaltaron ayer dos oficinas de proyectos de
desarrollo alternativo en la localidad de Ivirgarzama, a 223 kilómetros de Cochabamba. Los
cocaleros de la federación Carrasco Tropical se reunieron a las 13:00 horas, marcharon sobre
la carretera y realizaron bloqueos esporádicos.
Una hora más tarde, los manifestantes llegaron hasta las oficinas del DAI (Development
Alternatives Incorporated, por sus siglas en inglés) y de Concade (Consolidación de los
Esfuerzos del Desarrollo Alternativo).
Inmediatamente asaltaron las oficinas, quemaron dos computadoras y una motocicleta,
muebles y documentos, y se llevaron un par de ordenadores y cuatro motocicletas nuevas.
También en Eterazama - a 180 kilómetros de Cochabamba - hubo toma de oficinas.
"La toma fue pacífica", justificó el dirigente Ponciano Mercado.
En ninguna de estas oficinas hubo resguardo policial o militar.
(El "alternative" a que se
refieren ambas siglas
cubre una serie de
productos agrícolas que el
gobierno de USA "sugiere"
al Chapare como cosecha
alternativa, pero ninguno
compite con la hoja verde
en lo que se refiere a su
valor por hectárea. Por ello
son necesarias las
periódicas
"consolidaciones" a base
de píldoras de plomo y los
cada vez más numerosos
"asesores especiales"
especializados en el
asesinato científico cuyos
cuarteles apestan a
cocaína, pero esa es
probablemente otra
historia).
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