Su Opinión
Arturo
El Ejemplo de Marcelo
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Ahora que el pueblo boliviano parece decidido por fin a cambiar su destino, sería
saludable tal vez recordar a Marcelo Quiroga Santa Cruz  y su solitaria y poco
comprendida lucha contra el dictador que nubló sus días. Nadie como Marcelo para
usar la Ley contra el poder arbitrario y brutal.
Un defecto de carácter que ha conspirado siempre contra nuestro pueblo es su flaca
memoria: el puñado de criminales y sinvergüenzas que masacró, vendió a la Patria y
robó con total impunidad durante los últimos 30 años jamás vio ni temió a la Justicia,
así concebida, con esa mayúscula, y goza hoy de sus mal habidos bienes sin temor
alguno a poderes divinos ni humanos. No sólo ellos: el Clan Banzer, tan numeroso en
su día, no suena ya ni truena en Santa Cruz, pero sus miembros se dan la gran vida
donde sean que estén y no se acuerdan jamás de los desmanes que les dieron los
millones de que hoy disponen.
Evo el Presidente nos recordó este nefasto error casi sin querer: avergonzó ante el
mundo a Jaime, el creador de una mafia saqueadora singular por la indiferencia con
que comete sus tropelías y despertó a un senador banzerista cuya trayectoria
recuerda también a los grandes saqueadores de la historia.
Este problema es álgido en Bolivia, cuyo Poder Judicial debe ser motivo de vergüenza
no sólo boliviana sino universal, y cuyo último ejemplo de corrupción de guante blanco
es el retorno del anterior Jefe del Ejecutivo a la jefatura del Judicial tras un  
transparente acto de traición a la Patria que consistió en entregar a extranjeros armas
destinadas a nuestra defensa.
Si Rodríguez sabía lo que su hermano cometió, Rodríguez es responsable de ese
delito: si el Presidente Rodríguez no lo sabía, es igualmente responsable de ese delito
porque era el Presidente. Sólo en Bolivia premiamos un delito evidente dando el más
alto cargo del Judicial a un sospechoso de traición a la Patria.
Pero hay casos más oscuros que deben sufrir del peso de la Ley: ¿cuántos senadores
nacionales son agentes de la CIA? ¿Cuántos diputados? Hoy que hay nuevos signos
de amistad entre Evo y el Imperio, tal vez convenga preguntarlo con esa sencillez que
hace tan simpático al Presidente Morales: “¿Cuántos legisladores llevan la marca de la
CIA en la nalga derecha?”
Esa marca debe aparecer cada vez que algunas figuras de nuestra historia toman una
ducha. Apuesto a que Goni tiene doble nacionalidad y la tuvo durante su
presidencia… ¿No es ese un delito que castiga nuestra Constitución, por muy
maltratada que asome? Tal vez convenga mencionar también a Tuto, “made in USA”, y
Samuel, un businessman casi modelo.
¿Cuántos militares se han vendido así por un puñado de dólares? Es más que seguro
que todos los que asistieron a la rebautizada Escuela de las Américas y todos los que
aprenden la ciencia del franco tirador en Alabama, el estado “hermano” de Bolivia, son
agentes “secretos” de una potencia extranjera. ¿Es que la Ley no los va a alcanzar
nunca?
Ningún pueblo puede esperar días mejores si no establece a la Ley entre sus tesoros
más preciados. Miren ustedes lo que está sucediendo en USA hoy mismo: El Rey
Jorge despreció la Constitución de su país apenas llegó a la Casa Blanca y hoy sólo
los ciegos naturales no ven los desmanes que comete cada día contra su propio
pueblo y contra el mundo todo.  
Por supuesto, no todo se puede hacer en un día. Renovar el Poder Judicial es una
tarea que ni Cristo acometería, pero es necesario empezar esa tarea algún día, y este
parece el mejor día en casi dos siglos.
Aquí es donde Marcelo aparece como el titán que era: él solo, usando bien las leyes
malas y buenas que enmarañan nuestra justicia, empujó al dictador a la
desesperación hasta el punto en que pagó con la vida la serie de sustos que causara
al tirano y sus huestes.
No es posible creer que no existan hoy por hoy hombres y mujeres que, conociendo la
Ley, puedan imitar a Marcelo y den a Bolivia un amanecer nuevo en que nazca la
Justicia.