De CORREO de Lima, Perú

Bolivia, Exilio
MARIANO BAPTISTA-GUMUCIO

Una novela que ha resultado un best seller en buen número de países de habla hispana y cuya
primera edición se agotó rápidamente en Bolivia, es el estudio sobre los colegios privados que
bajo el título de "Sombra de Exilio" hizo Arturo von Vacano, distinguido periodista boliviano que
trabajó en CORREO de Lima. Nuestro corresponsal Mariano Baptista-Gumucio, ex ministro de
Educación de Bolivia, la comenta.

"Sombra de Exilio", la novela de Arturo von Vacano, resulta cautivante por el retrato que el autor hace
de sus años escolares en el Colegio Alemán de La Paz.
Doce años ha pasado el protagonista en esos claustros y se pregunta: "¿Pude haber sido feliz en otro
colegio?, es decir, ¿más feliz que en este? Por cierto que ponerme a estudiar allí y ponerme entre la
clase gobernante de mi país fue la misma cosa".

LA CREMA DEL PAIS
Los jóvenes del Alemán son, o piensan que son, la crema del país. Los llamados a gobernar Bolivia. La
disciplina es férrea cual corresponde a una clase de Junkers, pero muchos quedan en el camino: "Si salí
bachiller de ese colegio y no terminé siendo expulsado, como tantos otros derrotados por las exigencias
de los estudios y la dura disciplina, fue por que cada año estudiaba en una noche lo que no había
aprendido en un año, y repetía luego la lección como un loro, salvando los cursos como si fuesen una
competencia de vallas".

En este sistema pedagógico no se cultiva tan sólo la disciplina y los hábitos de estudio, sino las
diferencias de clase y el valor de la riqueza: "A nosotros, en el penúltimo año, nos enseñaban esgrima y
nuestro sueño era llevar la cara cruzada por una larga cicatriz, como esos amigos del Príncipe
Estudiante. Entre nosotros no tener dinero era un pecado que no se perdona. A los pobres se les
acepta en el colegio porque, después de todo, es un colegio civilizado, pero se les echa en cara día a
día el que su padre no haya reunido nunca muchos centavos". Es norma que los bachilleres viajen a la
madre patria espiritual y no regresen sino munidos de un gran diploma profesional. Pero los pocos que
logran coronar sus estudios en Alemania se sienten como es lógico absolutamente desadaptados en la
pobre tierra de su nacimiento. "Por esas calles andan, caminando como zombies o babiecas, colgados
de esos diplomas europeos que atestiguan su capacidad atómica, vagabundeando en un país en el que
hay que saber de todo, desde plomería porque no hay plomeros, hasta medicina, porque los médicos
son carísimos".
Y, ¿el resto? Pues "se ha quedado por allá, renunciando a su patria, la verdadera, de un solo plumazo,
y dejando el país en manos de los estudiantes pobres de los colegios fiscales
pobres de los colegios fiscales que tanto despreciamos desde que tenemos uso de razón. O sea que,
el: buena cuenta, nos educan para que concluyamos nacionalizándonos en cualquiera de esos países
europeos tan adelantados o para que, refinados por la educación y preparados para entrar en un
mundo de altos estudios especializados y una sociedad organizada, pongamos los pies, apenas
dejamos las aulas, en un horrible pandemónium social, en este salvaje batallar de nuestro pueblo, en su
llamada revolución nacional".
° SUICIDIOS        
De veinte condiscípulos que tenia el protagonista, dieciocho han salido del país. Han quedado él,
porque su padre no dispone del dinero suficiente para enviarlo al exterior, y otro muchacho, que ingresa
al noviciado en Cochabamba y allí se suicida. No es el único. Otro estudiante, tan bueno y tan estudioso
como el novicio, enloquece en Alemania y termina matándose en California.
Y entonces Von Vacano hace la síntesis deplorable de esa educación enajenada y foránea:
"Doce años nos han tenido en esas aulas en que los profesores europeos se pasean como dioses del
Olimpo, enseñándonos a usar una serle de por lo menos ocho tenedores diferentes y a orar en cada
una de las fiestas religiosas y aprendiendo también a bailar el vals vienés y hasta hay algún levudo que
se ha entusiasmado con los pasos de la mazurca. Doce años en que nos han metido entre pecho y
espalda la visión de un mundo ordenado, limpio, decente y justo, en el que lo único que hay que hacer
para feliz es estudiar como loco, trabajar como mulo, actuar con rectitud digna de un Papa y creer en la
justicia, la honradez y el fruto del trabajo limpio. Así se prepararon durante todo ese tiempo el muchacho
del deportivo rojo y el de la sotana, para acabar matándose 23 meses después. ¿Dónde está el punto
flaco de este tipo de educación? Yo no lo sé. Lo único que sé es que todo esto me asquea".

NO SABE HACER NADA
De esa fábrica de conformismo social, que educa elites para la exportación, el protagonista es atrojado
a la calle para encontrar la experiencia brutal de un país que no conoce, agitado desde sus raíces por el
viento de la revolución (la acción está situada en torno al año 1952). En esa vorágine social, él es, por
supuesto, un inadaptado, una flor exótica. Le espera el exilio. Pero allí también tendrá que maldecir la
educación recibida. Se da cuenta de que al cabo de doce años no sabe hacer nada, "ni llevar una
cuenta corriente, ni desarmar un motor, ni vender un tranvía". El junker que debía emular casi a
Hindenburg se convierte, por obra de esa misma educación, en el zaparrastroso con hambre que golpea
inútilmente todas las puertas, en busca de un empleo cualquiera.
La novela de Von Vacano dice más sobre nuestra realidad educativa (el colegio citado es acaso un
símbolo extremo, pero el tipo de educación y los valores predominantes son comunes a los demás
establecimientos, incluso a los fiscales) que 1os sesudos informes sobre "reformas" y "contra  reformas"
que publican periódicamente los responsables de esta materia. F.W.F.

Pag. 12 CORREO. — Lima, 25 de Mayo de 1972
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