LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Lunes - Tercero/2
Dios le había dado una mirada tan burlona que forzó a su padre a abofetearlo
durante el sepelio de su madre, y Mike Tosferino supo desde siempre que esa
mirada sería su muerte si no aprendía a disfrazarla. Fue con ella que recibió a
Huascar Endara en su despacho.
— ¿Qué dices, huasquiri*? ¿Qué tal el viaje?
Con ese juego de palabras que combinaba un viejo apodo con el nombre de su
visitante, Juan Tancara Moscoso, alias Crnl. Johnny Tancara, alias Crnl. Mike
Tosferino, esperó con las botas sobre el escritorio la entrada de su viejo
camarada de la escuela alemana para párvulos en la que ambos compartieran
una primera década. Endara el estudioso no había soportado los años con la
salud de un militar y lucía tal como era, un burócrata prematuramente
envejecido.
—        Ya puedes imaginarte mi viaje. ¿Sabes algo nuevo?
—        Nada. Nada más. Pero estamos trabajando a fondo en este asunto. Sé
que no vas a creerlo, pero lo lamento como el que más. No. Digo más bien que
lo lamento más que nadie… Porque…
Tosferino bajó las botas. Perdió por un momento la mirada que lo distinguía.
Miró de frente a Huascar y no volvió a parpadear. Se puso de pie.
—… Porque un error estúpido es causa de tu tragedia y de mi buena fortuna.
Sin dejar de mirar a su visitante, deslizó una fotografía sobre el escritorio.
— Atraparon a tu Isabela porque la confundieron con mi Silvia Susana.
—        ¿Qué dices? ¿Qué dices, Johnny?
"Quiero ver a mi hija. Sólo quiero verla".
Endara se sentó ante el escritorio y tomó la fotografía. La muchacha que
sonreía en blanco y negro desde esa foto oficial no podía ser más diferente de
Isabela. Su hija era rubia y tenía los ojos verdes. Esta niña era morena y su
cabello era azabache. Tenía los ojos negros de una gitana. ¿Quién en este
mundo pudo haber sufrido una confusión tan torpe?
— Digo que Lucifer no tiene feriados. Digo que atraparon a tu hija en el único
momento y lugar en que pudieron confundirla con Silvia Susana entre otras
doscientas chicas como ellas y digo que ya sabemos dónde y cómo fue que se
llevaron a… a…
— Isabela.
— Isabela.
Tosferino volvió sentarse y se rascó la cabeza. Pareció buscar sus palabras por
un instante.
— Lo que no sé es cómo decirlo y que tú me lo creas.
Endara trató de controlar su respiración y miró al militar. Nunca podría creerlo.
Pero tampoco pudo creer que Tancara estuviera detrás de este juego absurdo.
— Si no me mientes, te equivocas de medio a medio, murmuró Endara.
— Ni miento ni me equivoco. Pero no tengo tiempo para más. Si vuelves a verla
viva algún día será porque no perdimos ni un minuto. Y lo que hubiera entre tú
y yo no cambia nada. ¿De acuerdo?
Endara movió apenas la cabeza. Luchando por controlarse, miraba a Tancara,
el mismo Johnny de siempre, envejecido también pero muy al control de todas
sus piezas. Escucharía, pues que no podía hacer otra cosa.
— Huascar, es porque estoy convencido de esa confusión que he decidido
encontrar a tu hija. Sé que hicieron esta canallada para atacarme, para
convencerme de que debo dejar todo esto y olvidar este país. Creyeron que
este sería el medio de alejarme… De ganar esta partida. Pues, no. No voy a
marcharme, no voy a ceder un paso. Voy a encontrar a tu hija, o lo que vayan a
dejar de ella, aunque tenga que remover el país entero. Y bien sabe Lucifer que
puedo removerlo.
Endara encontró un cigarrillo y acabó con él en dos suspiros. El problema de
Tancara no era Isabela, pues. Era la guerra secreta que libraba este hombre
contra sus enemigos, los extremistas. Oficialmente, al menos, Tancara nada
tenía que ver tampoco con el tráfico de cocaína. Nacido en este país, había
logrado la ciudadanía de otro como piloto de combate en Viet Nam y luego
había pedido esta misión diplomática especial para acabar con los extremistas
criollos. Sólo su odio contra ellos podía ser mayor que su amor por su patria.
Nadie le había preguntado a cuál de ellas amaba más. En una guerra sucia que
duraba más de una década en su caso, Tosferino era una personalidad local:
un Presidente anterior había pedido su retiro al Imperio porque veía en este
desnacionalizado que mataba nacionales un aborto de la naturaleza, y otro
Presidente había solicitado su retorno porque veía en este aborto de la
naturaleza una garantía de que no dejaría títere extremista criollo con cabeza.
Pero esas cabezas se multiplicaban día a día según Tancara y la guerra contra
los extremistas era hoy la misma que se libraba contra los cultivadores y los
traficantes de cocaína. Endara había conocido esta historia antes de marcharse
dos décadas antes y había evitado siempre un contacto con este enemigo de
infancia. Hasta hoy, cuando comprobaba que el militar recordaba muy bien a
Endara el huasquiri y no daba dos centavos ni por él ni por su hija.
— Por supuesto, yo sé lo que piensas de mí, Huascar, y me tiene sin cuidado.
Si estás aquí es porque en algo podrás ayudarme mientras busco al carajo que
ha hecho esto. Si tengo suerte, recuperarás a tu hija… Si no, por lo  menos le
darás una tumba decente. No tengo que decirte cómo son mis enemigos. Tal
vez tú, que te pasaste la vida como izquierdista de escritorio, ves mejor algunas
cosas que yo, militar de profesión, tomo por dadas. Tal vez encuentres una
pista, una huella, un objeto, qué sé yo, algo que me ayude en este asunto. Tal
vez aprendas un par de cosas sobre este lugar que dices amar tanto. Si, algo te
he leído. Sólo para conocerte, aunque te conozco desde siempre.
Tosferino le dio la espalda. Tras suyo, allí abajo, la ciudad despertaba en
sordos rumores. Golpeó el cristal de la ventana con el índice.
—  Pensando en los cabos que hoy vemos a este asunto, Morgan y yo… ¿Ya
conoces a Jim, verdad? Será tu sombra desde este momento. Jim y yo, decía,
creemos que tú hija está allí afuera y que la tienen oculta bajo nuestras narices.
La cuestión es: ¿cuán buenas son nuestras narices?
Tancara se volvió para mirar a Endara con la misma mirada con que lo
recibiera, como si estuviera riéndose de él a carcajadas. Lució la dentadura
perfecta que desnudaba su sonrisa y la gentileza con que destapó la botella.
— Pero vamos a comenzar bien… ¡Jim! ¡Hey, Jim!
Morgan atravesó la puerta en dos zancadas. Sin vacilar un segundo, cogió el
vaso y lo sostuvo mirando fijo a su superior.
— Por nuestro éxito. Por otra victoria. Por nosotros… ¡Bah! ¡Por los tres
mosqueteros!     
Endara bebió sin prisa y sintió que el pisco le devolvía el alma al cuerpo.
*Huasquiri = estudioso,
trabajador
Dos "secuestros express" inquietan a la Policía
La Policía se encuentra en alerta ante la aparición de los temibles "secuestros express",
denominados así por plagio de personas por delincuentes organizados a cambio de
pequeños montos de dinero. Estos hechos delictivos sembraron pánico y terror en Brasil y en
la última crisis económica en Argentina.
El supuesto pago de tres mil dólares por el rescate de una joven estudiante en Oruro y la
misteriosa desaparición en Santa Cruz de un empresario petrolero el domingo pasado dejan
pocas dudas de la presencia de esta práctica delictiva en el país, aunque la Policía prefiere no
alarmar a la población.
La Policía Técnica Judicial y el Departamento de Inteligencia se encuentran intrigados por el
presunto secuestro del empresario Alejandro Torrico López, quien fue visto por última vez el
domingo pasado en la plaza del Santuario de Cotoca, cuyo móvil no fue el robo de su lujoso
vehículo, ya que éste fue encontrado a la vera de la carretera a Trinidad.
"Aparentemente se produjeron los secuestros. La Policía investiga con perfil bajo porque hay
que cuidar la vida de las personas que pueden haber sido plagiadas", afirmó el comandante
de la Policía, Rolando Fernández.
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