LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Lunes - Segundo/3
Después de cerciorarse de que Endara desembarcara como el resto de los
mortales, Tinino cruzó el aeropuerto como si fuera su casa y se metió en la
camioneta verde botella del Ministerio del Interior cuyo color es anuncio de tortura
y lutos para el resto de los mortales. Llevaba en la mano izquierda la revista que
pescara en el avión para amargarse el hígado. Ordenó al chofer que lo dejara en
su despacho antes de leer, entre frenadas, bocinazos y saltos, otras opiniones de
la publicación anónima a la que daría prioridad entre sus labores diarias. Leyó:
"El aeropuerto de La Paz, la pista más larga del mundo porque en ese aire tan
escaso de oxígeno los aparatos necesitan de un galope inacabable para
zambullirse en un despegue que siempre amenaza con ser el último, se distingue
porque está en crisis eterna: sufre de la misma restauración desde que lo
fundaran. Jamás pierde el aire de la caseta de aluminio huérfana sobre la que se
fueron improvisando sus demás edificios ni nunca perderá el grupo de mafiosos
que, vestidos de verde caca de vaca, se dedican a extorsionar a los pasajeros
con el pretexto de que descubren contrabando en cada maleta".
'Este tipo tiene que ser de aquí mismo', se dijo el coronel. 'Conoce estas cosas
casi tan bien como yo'. Ya en la ceja de El Alto, la carretera de doble vía e
impecable asfaltado le facilitó la lectura.  
"Las siete décadas transcurridas desde la fundación de la línea nacional por un
grupo de alemanes emprendedores parecen no haber transcurrido porque los
recién llegados imitan reclusos en fila india y la operación de cruzar ese odioso
canchón oscuro toma su hora y media de disgustos, mentiras blancas, esfuerzos
varios por controlar el vientre porque no hay donde aliviarlo y temores disfrazados
de toparse con algún comisario prepotente que bien puede dejar a un arzobispo
en calzoncillos".
'Ya las pagarás, maldito, por insultar así a las fuerzas del orden. Ya las pagarás',
murmuró Mostacedo, mordiéndose el bigote mexicano.
— ¿Jefe?, preguntó el conductor, masticando su acullico* con gran entusiasmo.
— Maneja callado antes de que te saque la mierda, le espetó el coronel, expresivo
como siempre.    
Veterano de esas lides, el hombrón uniformado sonrió por un costado de la boca
dejando escapar un hilillo verde coca por el otro y se empeñó en no matar a nadie.
"El patio sembrado de paja brava al que deriva el recién llegado una vez vencida
esa experiencia aduanera inédita no contribuye a levantar la moral; sólo la
majestad y la maravilla del Illimani consuelan al foráneo que se pregunta dónde
estará la ciudad de la que ha escuchado tan poco. El horizonte, arriba, es una
serie de cabezas titánicas nevadas casi tan bellas como la Reina de las Montañas;
abajo, es un mundo plano de zinc y adobe hecho de la misma tierra que pisa y
nadie podrá convencerlo de que ese paisaje se repite hasta alojar a más de un
millón de pobres hechos pioneros a la fuerza, creadores de la ciudad más nueva
de la nación".
'Bueno, esto de pioneros suena mejor. No va a ser todo insultos de cabo a rabo',
opinó Mostacedo sin muchas dificultades. El párrafo siguiente volvió a encenderlo
en ira.  
"El Alto, que dio su nombre al aeropuerto, es un conglomerado de vericuetos que
sólo los nativos y los extranjeros suicidas se animan a visitar sin una escolta
armada. Es una ciudad por derecho propio que crece a simple vista porque cada
día acoge sin desearlo a más miserables llegados de los cuatro puntos cardinales.
Los éxitos económicos logrados por los presidentes elegidos en las urnas o
impuestos por los tanques obsequiados con tanta generosidad por el Tío Sam han
vaciado el campo y forzado la migración que hizo posible este milagro al revés".
Tinino hervía: 'Esto es insubordinación, incitación al motín y el baño de sangre.
¿Quién será el pendejo que lanza estas cosas? ¿Quién? Deja nomás que te
agarre, cangrejo'. Curioso, siguió leyendo, empero:
"Carente de servicios públicos, experto en el robo de energía eléctrica y maestro
en el arte de sobrevivir, este lumpen progresa de hora en hora sin nadie que le
ayude. Ha designado su propia ley y su propio estilo y parece una amenaza
constante para los paceños que se lavan el cuello y se dicen civilizados porque
viven al fondo del embudo antes mencionado. El día en que se decida a
descender hasta Calacoto, ese fondo, será la hora en que los yanquis, que han
construido una fortaleza de 24 pisos capaz de resistir un asedio de cuatro meses
para alojar a su embajador y sus sirvientes, demostrarán sus habilidades
diplomáticas por las troneras que ocultan ametralladoras y son parte tan distintiva
de ese rascacielos".
'Ah, no. Pero… ¡Esto no tiene perdón de Dios! ¡Estos malditos no respetan a
nadie! ¿Cómo es posible que…? ¿Pero, qué hace mi gente? ¿En qué pierde su
tiempo? Hoy mismo voy a… Voy a…' El coronel miró el papel en sus manos como
si fuera una bomba. No pudo resistirlo y leyó:
"Pero esta atmósfera de refrigerador y colores tan vivos es vencida sin duda
alguna por el buen humor, las ocurrencias, las picardías y los chistes de los allí
presentes, taxistas, policías, vendedores ambulantes y esto o aquello,
acostumbrados todos a combatir el frío del cuerpo con el pisco más macanudo del
mundo y el del alma con el humor más picante del continente de la desesperanza".
'Si, pues. No hay duda. Este es nacional', se mordió un bigote el coronel.
'Extremista desgraciado, ya verás la que te espera'.
"Habrá gentes que dirán feos a estos tibetanos de Sudamérica, pero no habrá
quien se resista a la simpatía que provocan apenas se les da oportunidad de
demostrar que son tan humanos como George W. Bush o, tal vez, más. Esta debe
ser una de las causas por la que tanto gringo decidiera quedarse por allí y tanto
visitante añora durante años su paso breve por ese poblado. Nada es más difícil
de olvidar que la generosidad y el optimismo de un pueblo condenado a la miseria
y amenazado por el genocidio que canta, baila y se divierte con cada tronar de
cohetes".
'De esto se encargará el Bruto Morales, decidió Mostacedo. Nadie como él para
enseñar periodismo a patadas. Hoy mismo. Si, señor. Faltaba más'. Empeñado en
preservar su salud, el coronel se sentó sobre la manoseada publicación y se
dedicó a mirar a las chicas que pasaban por la calle. Sólo su oficio le gustaba más
que las mujeres, y en ello nunca habría de cambiar.    
3* Acullico = coca, saliva y
"lejía", pasta sólida hecha
de alcalinos y ceniza.
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