Hasta hoy,  lo único que sabía yo de este autor era que parecía apenas original:
mientras otros escritores besaron nalgas para hacerse embajadores, este sobrino del
Enano Maldecido besó nalguitas hasta que el Enano le hizo embajador, pero ni así
pudo ser escritor en Madrid. Claro que en SRZ brilla por culto, pero sólo entre sus
compadres, cosa fácil. Es una gloria local.
Local o no, hoy está con la soga al cuello, o tal vez con la camisa de fuerza ya
ajustada, dada la desesperación que traiciona en las siguientes líneas enviadas a mi
computadora por alguna amistad suya. No sólo parece haber perdido la chaveta sino
un pasaje a MIA del que habla un poco al desgaire.
Debemos agradecerle, sin embargo, el haber puesto en blanco y negro el alma de los
temores que acosan a los adversarios del Presidente indio, la honestidad un poco
idiota que le lleva a confesar la soledad espiritual y material en que se sienten sus
compinches (¿dónde está el millón de Diciembre?) y una ignorancia que luce
transparente, reflejo de una vida dedicada a describir no muy bien coitos eternos.
Parece Montaner, pero borracho.
Debe estar tocado nomás si cree que Evo quiere (o puede) gobernar sólo con
desempleados, gente sin casa propia, los que nunca han estudiado, los desnudos, en
una palabra. Pero así es el miedo acompañado de una bárbara ignorancia.
En fin, he aquí el embajador en toda su gloria de escribidor. Estos son sus cucos. Me
he atrevido a agregar algunos comentarios para dar ocasión a mis enemigos de decir
que estoy más loco que Kempff y para demostrar mi calidad de demócrata.  

CON LA CUERDA AL CUELLO
Manfredo Kempff

Ya no hay para qué engañarse; estamos con la cuerda al cuello.
Y quiénes estamos´? Los que S.E. ha venido señalando con el dedo, desde hace
años, como unos invasores del territorio, unos saqueadores de riquezas que
no nos pertenecen; unos sangrientos represores de los pueblos originarios´;
unos crápulas, racistas, separatistas, violadores, narcotraficantes, y
muchos adjetivos más que se pueden agregar. Y estas acusaciones son mucho
peores, ahora, desde el Gobierno, cuando ha medido sus fuerzas y cree que
ya las tiene todas consigo.
¿Y somos los cruceños, benianos y pandinos, cambas en general, los que
estamos con la cuerda al cuello? ¡No! Son también los paceños,
cochabambinos, tarijeños y chuquisaqueños, los criollos a
quienes S.E. les echa las mismas culpas que a nosotros los orientales:
explotadores, corruptos, abusivos, dueños de pongos y de mitayos.
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Hay dos caras en esta moneda: una, la indudable corrupción boliviana, que comienza
en los lustrabotas. Es una corrupción de la que nadie se salva. Tal vez Rodríguez, el
de los missiles, es el ejemplo más evidente y dañino. Como presidente de la suprema
fue símbolo y representante de un poder judicial que avergüenza a la especie humana.
Le bastaron 15 minutos en el Palacio Quemado para corromperse, si es que los
missiles son el único caso de su corrupción.
Si todos somos corruptos, nuestra corrupción está en correlación directa con nuestros
bienes terrenales: quien más tiene, más ha robado y mayor culpable es que los
hambrientos y desnudos de nuestra tierra, un 60% de la población.
Por eso debe ser que el otro 40% de la población, esos a los que aquí se refiere
Kempff, poco o nada hicieron para castigar a los corruptos que denunció el Presidente
usando cifras y datos de USAID. Como somos cómplices de esos jueces, a nadie (entre
los que menciona Kempff) le conviene destapar esas ollas de grillos. A nadie, entre los
que tienen, le conviene alterar ese “poder”, así sea monstruoso y conspire contra la
vida del país.
La otra cara: no todos los que Kempff llama criollos (tiene miedo de la palabra
“mestizos” ese mestizo) son “dueños de pongos y mitayos”, pero sabemos que tales
entes existen en la Bolivia actual y se da la coincidencia de que la mayoría de esos
monstruos trasnochados explotan  a los humildes en esa media luna en que viven, y el
ejemplo más reciente es Villavicencio, campeón de combates de pata y mano contra
indios y mujeres. ¿Por qué no investiga a Villavicencio la corrupta y gran prensa
boliviana?
Es fuera de esa luna donde viven los mestizos que han juntado cuatro reales y han
dejado atrás (tengo la esperanza) el modo de pensar de Patiño, Hoschild y Aramayo.
Son los que creen que se puede vivir en Bolivia, hacer un hogar, sin robar a diestra y
siniestra ni corromper ni ser corrompido. Son la única esperanza de Bolivia, si es que
se ponen por fin los pantalones y escuchan a su consciencia y toman partido.
O sea que las acusaciones de Evo no vienen de la luna (la verdadera) sino que
reflejan una realidad nacional que es horrible pero evidente. Quienes saben leer
saben que esa verdad es como la luz del sol. Quienes prefieren el estado de cosas
que dejaron Banzer, Tuto y Goni lo prefieren porque no pueden ver más allá de sus
intereses enanos. Quienes ven más lejos saben que los cambios que vive Bolivia son
irreversibles y serán buenos a la larga o a la corta, todo depende de cada boliviano.
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Kempff escribe:
Si observamos bien el panorama que se cierne, aquí no se trata de un
enfrentamiento entre oriente y occidente.
Eso quieren hacernos creer para fomentar el regionalismo. La
pugna está entre quienes entienden lo que leen y los que no.   Entre quienes
tienen una casa y los que no. Entre quienes han estudiado y los que no.
Entre los que tienen un empleo y los que no.
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Esta estupidez es hija del modo de pensar que domina a los cívicos de SRZ, CBB y, tal
vez, TJA. Como tales cívicos gobiernan sus regiones (la “autoridad moral” de Branko)
tal modo de pensar domina esas regiones. Pero vimos al millón de diciembre reducido
a los 500 mercenarios del Plan Tres Mil. Ya vemos la debilidad de Branko y sus
compinches. Ya vemos a donde va Kempff.
¿Es cierto lo que escribe  Kempff? Puede gobernar Evo con los desnudos, los
hambrientos, los que no pueden escapar de la miseria, Y SOLO CON ELLOS?
Esta estupidez, la de dividir y separar a los que tienen de los que nada tienen, sólo
puede darse dentro de una mentalidad racista. Un ejemplo de tal desviación es el Sur
de USA durante su Guerra de Secesión. Así pensaba ese Sur pobre regido por
“nobles” ricos a base de la esclavitud. No sólo perdieron esa guerra porque no
disponían de los medios materiales para ganarla sino también porque su moral,
despreciable, mereció el desprecio final de los más. En lo práctico, porque  sus
desplantes y pretensiones eran sólo una burbuja.
Por lo demás, en toda guerra, quien más pierde es quien más tiene, pero quien nunca
he tenido nada lucha muy bien porque algo quiere tener. ¿Por qué no lee  la “media”
luna “Lo que el Viento se Llevó”? Debe haber por lo menos una copia en SRZ. Debería
leerla antes de que el viento se lleve a los cívicos.
Pero el caso es simple: no es Evo quien divide y separa. Es que hoy, gracias a Dios,
cada boliviano debe decidir la Bolivia que quiere para sus hijos y debe hacer algo más
que agitar la sin hueso. Ningún destino es peor que el que hicieron los Banzer, los
Tuto, los Goni. Si hay gentes que prefieren a esos personajes, ¿no será mejor para el
futuro que el viento se las lleve? Cuando se vive mirando para atrás se asesina el
futuro.
Póngase la mano al pecho: ¿Cómo hubieran actuado Goni o Banzer en la coyuntura
que vive Evo? ¿No estaríamos lamentando una o dos masacres? ¿Ha tratado el país a
cualquier Presidente del pasado como trató SRZ a Evo?
Ese es el racismo que lleva a Kempff a escribir su disparates suicidas.
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Kempff escribe:
Así que cambas y collas de una clase social distinta a la que impera en el
MAS (una clase media o acomodada) están condenados a ser avasallados si no
se defienden o si no se entregan como ovejas. Lo mismo va a suceder cuando
los masistas quieran la revolución de verdad, con los que viven en
Equipetrol en Santa Cruz, Calacoto en La Paz o en El Prado cochabambino.
Ojo que no existe revolución sin asalto a la propiedad privada. El MAS no
concibe avasallar a los cruceños y dejar a sus espaldas enclaves blancos o
mestizos que no lo respalden. Van a cortar a todos por el mismo
rasero. A los que se creen a salvo no los va a salvar ni su ingenuidad.
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Todos sabemos que esa clase social de que habla Kempff es ínfima. Los ricos de hoy
son, en su gran mayoría, hijos de la corrupción, pero no hacen legión. Podemos
señalarlos con un dedo. Los conocemos a todos. Si hubieran dejado algunos huesos
para los pobres, nunca hubiéramos llegado a este día.
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Arturo
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