LA AVENTURA
DEL ANULAR
EXTRAVIADO
Jueves - Primero/4
El Coronel Faustino Mostacedo Cuaquines detestaba al Imperio porque detestaba
la embajada del Imperio y detestaba a Mike Tosferino más que a nadie en este
mundo, pero como protegido y cómplice del Imperio no podía eludir la orden de
visitar la oficina de Tosferino en la embajada toda vez que Mike se las arreglaba
para pescarlo en su despacho y ordenarle que le visitara para tratar temas de
suma urgencia entre los que alguna vez se incluyeron los ojos de gallo del buen
aviador dedicado a represor.
Escoltado por Morgan, ese advenedizo recién llegado que parecía un anuncio de
Colgate , Tinino llegaba casi de madrugada a un edificio que era más una ciudad
vertical, o por lo menos un pueblo, para un hombre cuyos primeros años de oficio
se hicieran en la caballería. No sólo se mostraba el día más frío de lo que
correspondía a la temporada, sino que Tinino carecía de la menor respuesta para
las preguntas que imaginaba como causa de esta visita. Este fracaso profesional,
unido a la resignación muda y secreta que había nacido del convencimiento de
que jamás hallaría el legendario tesoro del General, hacía de este represor
educado por los carabineros un hombre de pocas pulgas untuoso hoy como el
aceite Cocinero. Haciendo de tripas corazón, se preparó para practicar esa
democracia a la americana que consiste en llamar a cada quien por su nombre de
pila y creer que todos somos hijos de puta.
—        Epa, Mike. ¿Cómo te las hinchan?
—        Joder, Tinino. Tú siempre de tan buen humor.
—        Al mal tiempo buena cara, digo yo.
—         Claro que, con esa cara…
—        No arriesgues la tuya tan temprano, huevales, y vamos al grano.
—         ¿Dónde está mi amigo de infancia y compañero de escuela Huascar
Endara Watson? ¿Debo enviarle una corona de flores ya? ¿A dónde, por amor
del buen Dios?
—        ¡Calla, Mike! ¡Cruz diablo! No ha de querer Belfegor que… Malhaya su
suerte, y tan simpático que parecía…
—        ¿Dónde está?
—        No sé. Con esto de los desocupados, ando con la agenda repleta de…
—        ¡…de mierda, Coronel Mostacedo! No me obligue usted a tomar medidas…
—        Chis, Mike. No te pongas cojudo, ¿quieres? Mike. ¿Mike? Mi
responsabilidad son los extremistas, y más ahora que andan crucificándose en
cada esquina o tapiándose como monjas de la Inquisición. ¿Te crees que estoy
en un lecho de rosas? Ya ni me acuerdo de la última noche que dormí tranquilo.
Loayza se murió. ¿Qué más hay que decir?
—        ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Se murió de muerte natural, asno con calvicie?
—         No me desgracies, Mike. No me desgracies. Mira que te tumbo, ¿eh?
—         Bueno, bueno. Vamos por partes. ¿Quieres un cafecito?
—        Así es otra cosa, pues. ¿Qué, acaso no somos colegas?
—        Que no te escuchen en el corredor. Es mejor que siga siendo un secreto.
—        Esa te la aguanto. También a mí me da vergüenza trabajar contigo.
—         ¿No tienes nada que decirme?
—        Bueno, Sabemos que han secuestrado a tu hija en Suiza, y que te la
cambiarán por la de Endara cualquier día de estos….
—        ¿Cómo lo sabes?
—        Planté un micrófono en tu oficina, y con esa te devolví el favor. ¿No te da
vergüenza ponerme uno en el inodoro?
—         No duró tres días.
—        Pero ya sabes que el Mosca trabaja para mí, ¿no?
—        Mira tú: no lo sabía. Pensé que había muerto. ¿No murió después de la
broma esa contra Wergeld?
—        No, sólo lo herí. Pero no se qué hará de su vida, sin orejas y manco. En fin,
que nunca tengo un día tranquilo. ¿Supiste lo del general García?
—        ¿En Chonchocoro?
—        Si, pues. ¿Cuál otro?
—        ¿Qué sabes de eso?
—        Nada. Pero tú sabes que Endara estaba a tiro de piedra de ese incendio,
¿no?
—        ¿Cómo lo sabes?
—        Como digo: el micrófono ese…
—         Tinino, ¿cómo hiciste para sacar al Mosca del Panóptico?
—        No lo saqué. Nunca entró. Te cambié el chofer a último minuto.
—         ¿Quien tiene el tesoro?
—        Lady Láyqa.
—        No bromee con mi tía Ifigenia, coronel. Puede costarle el pellejo.
—        Como mande usted, mi coronel. No sabía que le tenía tanta estima.
—        Pues ya lo sabe.
—        ¿Y desde cuándo?
—        ¡Desde siempre! ¡Déjese de preguntas insolentes, coronel!
—        Pero… ¡La última vez que hablamos de ella, usted la odiaba, mi coronel!
—        ¡Dice usted disparates! ¡Retráctese!
—        Retract… ¿Qué? ¿Hablas en serio, Mike?
—        ¡Muy en serio!
—        Pues lo siento. No quería insultar a nadie, yo. Sólo dije lo primero que me
vino a la cabeza. Joder por joder, todo es joder, ¿no?
—        Pues ya sabes. Ni una palabra contra Lady Láyqa.
—        ¿Qué te ha sucedido, Mike?
—        Nada, Tinino. Es que Lady Láyqa está protegiendo a mi hija.
—        Está… ¿No te golpeaste la cabeza antes de venir?
—        Déjate de tonterías. ¿Qué quieres decir?
—        No. Está bien, Mike. Ya lo entiendo, y te entiendo. Chupura de sapo debe
haber sido.
—        ¿Eh?
—        Nada, nada. Con perdón del Sr. coronel, licencia para volver a mi
despacho.
—        ¿Eh? ¿Qué te sucede?  
—        Gracias, Sr. coronel. ¡Fidelidad y constancia!
—        ¿Hey, para dónde vas?
—        A esperar que se mejore, mi coronel.



Desocupados en huelga de hambre se crucifican en su demanda de empleos
Decidieron crucificarse en la Universidad Mayor de San Andrés. Antes optaron por esta forma
de lucha frente la sede de la Federación de Mineros, pero fueron intervenidos por fuerzas
policiales. Otras 53 personas están en huelga de hambre.
Uno de los crucificados, Mario Salazar, dijo que decidieron las crucifixiones en la UMSA con la
seguridad de contar con el apoyo de los universitarios y del pueblo, además con la esperanza
de recibir solidaridad en su reclamo.
"Nosotros lo único que pedimos son fuentes de trabajo, que el gobierno cumpla con sus
promesas que hizo el Presidente en la campaña electoral, donde aseguró que habrán obras
con empleo y hasta ahora no pasa nada", dijo Salazar.
Si el gobierno no les da fuentes de trabajo, Salazar pidió que se les facilite un bono de
cesantía mientras no tengan empleos.
"El gobierno ha demostrado que hay plata, es por eso que se le paga 140 mil bolivianos al
embajador en Gran Bretaña, o se pagan sueldos de más de 30.000, 40.000 y hasta 50.000 a
los superintendentes, a los parlamentarios, y cómo no va ha haber para darnos un bono de
cesantía", dijo.


48 desocupados se tapiaron exigiendo empleos permanentes
En medio del llanto y la desesperación, 48 desocupados en huelga de hambre desde hace
nueve días decidieron tapiarse, radicalizando así su demanda de fuentes de trabajo
permanentes.
Los desempleados, que eran objeto de permanente vigilancia policial, optaron por el tapiado
en la sede de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), donde
cumplen el ayuno como acción de protesta.
Hubo llanto y muestras de desesperación entre la gente que quedó detrás del muro de
ladrillos y estuco. Algunos de ellos se despedían y vertían expresiones como: "Es mejor morir
luchando que morir de hambre", "Este gobierno no lucha contra la pobreza; lucha contra los
pobres y por eso quiere vernos muertos", "Este sacrificio no es sólo por nosotros, sino por
todos los desocupados del país".
Entre los huelguistas de hambre que quedaron tapiados hay 24 hombres y 24 mujeres, la
mayoría con varios hijos.
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