Su Opinión
Huanuni: la Urgencia del Hambre
Arturo
Sus Libros

La tragedia de Huanuni se explica con una sola palabra: hambre. Sólo el hambre y la
desesperación pudo haber conducido a los mineros a enfrentarse entre hermanos
para disputarse las fuentes de trabajo que significa Huanuni.
Mientras Bolivia es estrangulada por la prensa grande y cuatro gatos que manosean
una Constitución destruida por leyes inventadas para explotar a las mayorías, la
realidad de la miseria del pueblo boliviano no espera. Hay que comer cada día, y el frío
y la pobreza mata gente sin piedad. La tragedia del minero boliviano es evidente: para
dar un pan a sus hijos necesita luchar contra sus compatriotas y matarlos en feroz
combate.
Por supuesto, los Prefectos y los cívicos de Tarija y Santa Cruz lo niegan,
principalmente porque adolecen de una brutal ignorancia. Pero, ¿cuán pobres son los
bolivianos? Anotamos datos al vuelo que todo ente pensante puede comprobar por sí
mismo sin gran esfuerzo:
La Fundación Jubileo anota datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística: el año
2003, la pobreza moderada aumentó a 67.3 por ciento y la pobreza extrema llegó a
39.7 por ciento de la población boliviana. Esas víctimas de la pobreza viven de un dólar
al día o menos. Estas cifras sin rostros no presentan la realidad de la pobreza
boliviana: 600.000 niños se van a la cama cada noche sin comer. Los bolivianos sufren
una tasa de mortalidad infantil más alta que la de Haití, Kenia, Nigeria y Camerún. El
Banco Mundial dice que más de la mitad de la población vive por debajo de la línea de
pobreza, es decir, no cuenta con lo mínimo indispensable para cubrir sus necesidades
básicas de consumo. En las zonas rurales apenas se sobrevive.
Es por esta miseria que los bolivianos huyen de Bolivia. Pero también de esta realidad
evidente dudan los ricachos de Santa Cruz. Preguntemos: ¿Cuántos bolivianos
quedan en Bolivia?
Algunos ingenuos en SRZ anotan la población boliviana como de nueve millones. La
realidad es muy diferente. Hace muchos meses, sino años, que los bolivianos huyen de
la pobreza, del hambre y del país. Hoy, más de 500 bolivianos salen cada día de
Bolivia. Son 182.500 al año. ¿Cuántos mueren de hambre y sus consecuencias cada
día? Este debe el secreto mejor guardado de nuestra historia, porque esa cifra
expresa mejor que ninguna el fracaso de las elites gobernantes hasta 2005. ¿Es dable
hablar de cuatro millones?
Cuatro millones que hoy, como siempre, parecen incapaces de gobernarse.
Lo parecen porque un grupo diminuto de delincuentes manipula  la “democracia”, usa
una prensa local enemiga de la población que alimenta a las agencias internacionales
para mentir sobre nuestra realidad y tratar de para postergar lo impostergable.
Cabe preguntarse: ¿Qué es la “oposición” en Bolivia?
Para mis lectores extranjeros, conviene anotar que MAS es el partido de Evo Morales y
Podemos (o Robemos, como lo llaman ahora) es el de Tuto Quiroga, la “oposición”.
Los demás son “taxi-partidos”, llamados así porque todos sus miembros pueden viajar
en un solo taxi. Porque así son, sólo piensan en sus bolsillos y hacen la “vieja política”
de los sátrapas. Pero por menudos que sean, hacen “bulto” en las noticias que eligen
los diarios. El UN es el caso más evidente: es el grupo de Sam, un ladrón que se
“prestó” diez millones de dólares del estado para fundar “su” fábrica de cemento y
hacerse rico y Presidente del país comprando votos.  
Pero veamos las cifras electorales que decidieron la composición de la Constituyente
según la Corte Nacional Electoral:
En Bolivia: MAS: 1.322.656 votos (50,7%).
En Bolivia: Podemos: 399.684 votos (15,3%)  
Diferencia: 922.972 votos
En Tarija: MAS - 46.292 votos (40.7%)
En Tarija: Podemos - 15.524 votos (13.6%).
En Santa Cruz: MAS - 159.205 votos (26.4%)
En Santa Cruz: Podemos 149.264 votos (24.7%).
En Cochabamba: MAS 286.143 votos (60.3%)
En Cochabamba: Podemos 76.194 votos (16.0%).
En Oruro: MAS 82.859 votos (60.8%)
En Oruro: Podemos 11.268 votos (8.2%).
En Potosí: MAS 86.189 votos (54.8%)
En Potosí: Podemos 15.300 votos (9.7%).
En Chuquisaca: el MAS alcanzó 74.979 votos (54.4%)
En Chuquisaca: Podemos 20.737 votos (15.0%).
En La Paz: MAS ganó 561.009 votos (63.8%)
En La Paz: Podemos 66.019 votos (7.5%).
En Pando: Podemos 8.646 votos (48.3%)
En Pando: MAS 6.651 votos (37.2%).   
En Beni: Podemos 36.716 votos (40.5%)
En Beni: MAS 19.329 votos (21.3%).
Estas cifras no sólo señalan a los cuatro gatos que están estrangulando el país, los
prefectos o “gobernadores” de Tarija, Santa Cruz, Pando y Beni, sino que indican el
“masivo” apoyo de que gozan en lugares prácticamente despoblados de Bolivia.
Indican también, probablemente, la desesperanza de los bolivianos: millón y medio se
interesaron en votar en un país que goza del Voto Universal y muchas veces lo ha
convertido en obligación.
En cuanto al Congreso, tan desprestigiado como todo congreso, estas son las cifras
para el Senado: MAS, doce senadores; Podemos, 13 senadores; MNR: 1 senador; UN:
1 senador. De la Cámara Baja prefiero ni hablar.  
La “oposición” de Robemos, como se ve, no se permitiría los excesos y abusos que se
permite si no fuera porque el gobierno de Morales hace esfuerzos inauditos para evitar
que se le acuse de “represión”. Para Evo, a diferencia de Goni, los muertos humildes
son seres humanos. No me cabe la menor duda de que Quiroga como opositor bajo un
régimen gonista estaría hoy en Miami: con mil muertes en su haber en menos de doce
meses, Goni hubiera usado ya sus francotiradores israelíes para acabar con esta
“oposición”.
¿Que son los Prefectos o “gobernadores”?
La Ley y la Constitución señalan que los Prefectos, o “gobernadores” como los llama la
prensa internacional, son representantes del Poder Ejecutivo y gobiernan en cada
departamento o provincia por la autoridad que el Ejecutivo delega en ellos. Hasta el
2005, eran designados por el Ejecutivo.
Los actuales fueron elegidos tras un truco inconstitucional al que se prestaron los
Presidentes Rodríguez y Mesa, ambos tímidos burgueses asustados por el Comité
Cívico de Santa Cruz, una entidad que no tiene autoridad legal alguna y es una
colección de viejos ricachos que se creen dueños del mundo.
Sanchez de Lozada no necesitaba más que estornudar para librarse de algún Prefecto
que le molestara. Los cambiaba como cambiaba de calcetines, un par por semana.
Podía darse ese gusto porque la factura en cadáveres jamás le preocupó. Morales, por
el contrario, está aprendiendo que el Palacio Quemado no es el Poder, que sus
enemigos no tienen miedo a las facturas en cadáveres y que su gobierno no puede
poner las cosas en su lugar sin impedir la violencia.
Eso, solo el pueblo puede hacerlo.
Pero los Prefectos que ignoran, desprecian, insultan al Presidente y actúan en contra
del Poder Ejecutivo son vulgares delincuentes, hayan sido elegidos o no. Cada paso o
medida que toman siguiendo su vocación entreguista viola la Constitución, las leyes y
la “democracia” neoliberal y ayuda a los enemigos foráneos de su patria.
Si Evo fuera Goni, ya los hubiera metido en una jaula. Pero Evo es demócrata y no
quiere ensuciarse las manos. ¿Qué Presidente de Bolivia anterior hubiera sobrevivido
los ocho meses que sobrevive Evo sin ensuciarse las manos? Ninguno, pero
Urriolagoitia nos viene a la memoria: su deprecio por el pueblo provocó nuestra guerra
civil de los 50.
Si, pero después de Evo, ¿qué?
Huanuni es un síntoma del hambre de las mayorías. La paciencia del pueblo se acaba.
La costumbre tan boliviana de despreciar las normas elementales de conducta humana
y “atreverse a todo” sin considerar las consecuencias de cada acto, nos acerca a una
solución “a la argelina” de nuestros problemas. Ese es el error de “hacerse el macho”.
Se ganan batallas inicuas pero todos pierden la guerra, y la patria también.
Todos, y hasta grupos minúsculos, copian la actitud de los Prefectos y sorprenden al
país con actos irresponsables como el combate de Huanuni. Otra fue la “iniciativa” de
irse al monte a preguntar a las cuatro familias que viven allí su opinión sobre la
Constituyente, las Constituciones, el Orden del Mundo y la decencia de los Prefectos,
probablemente. Vimos líneas arriba lo que son esas “multitudes” en ese mundillo
deshabitado. ¿Qué otras sorpresas guardan los Prefectos para distraer al país y
postergar lo impostergable?
¿No pueden ver el significado histórico de las elecciones de 2005?
El triunfo de Evo en 2005 significa el final de los partidos políticos “tradicionales” y de
la política entreguista de nuestra riqueza, de lo poco que queda. Es, en cierto sentido
muy nacional, una coronación parcial de los sacrificios de 1952. La Bolivia de 1950 era
muy diferente de la de 1953, y esas diferencias jamás desaparecerán. Jamás seremos
propiedad de tres barones mineros.
Del mismo modo, el 60% del pueblo boliviano, ese pueblo que muere de hambre y
anda en andrajos, jamás será el mismo pueblo que masacró Sanchez de Lozada en
2003. Podrá ser asesinado por tropas extranjeras, podrá ser perseguido por
torturadores y francotiradores israelíes, pero cuando advirtió, “Goni, si no te vas te
matamos”, la advertencia no fue sólo para Goni.
Esa es otra ventaja de la era de Evo: los sufrimientos del pueblo no lucen eternos hoy.
Nadie dice que esta historia tiene que acabar bien, pero que acaba, acaba. Los
bolivianos la acabarán como pueblo civilizado o como bárbaros pero, gracias a los
dioses, la acabarán. Peor era el genocidio silencioso y secreto, horrible y cruento que
llamamos nuestra Historia Nacional.    
Para acabarla basta con poner en una jaula a esos cuatro gatos y juzgarlos, así sea
usando las malas leyes que sufrimos hoy, producto de los abuelos de esos
delincuentes. La nueva Constitución, que es la única Constitución posible, es también
la única posibilidad de un futuro nacional para los bolivianos.
La idea de que “la indiada” es la mayoría nacional y que merece y debe recibir la
colaboración y la ayuda de los privilegiados hasta que alcance un nivel de vida digno y
humano es la primera idea en verdad “nacional”. Si la aceptamos, hacemos nación. Si
la rechazamos, elegimos el caos.
Porque eso es lo que viene después de Evo, acabe como acabe Evo: el caos.
Los cívicos de Santa Cruz, con toda la plata que tienen, no pueden digerir esta idea.
Ese racismo brutal puede destruir un país, pero no puede devolvernos a la era del
Goni.
En su próxima gran fiesta, cívicos, el indio estará allí, lo inviten o no.
Ese es el significado inescapable de diciembre de 2005.
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Oct. 06