Homero adula a Paz S.

Hace unos días tuve la desgracia de leer una nota de Homero en la que adula y
defiende a su amigo Paz S., esfuerzo digno de todo encomio si no fuera porque
violenta la verdad, exagera y continúa la guerra de moscas literarias actual entre
Oriente y Occidente que comenzó con un grupo de imberbes que aún no saben
afeitarse y conforman la Banda de la Bruja Negra de la UMSA, Raquel (‘’…éramos,
digo, somos de izquierda”) Montenegro, una de los seis compinches que me robaron
cien mil dólares, mi herencia familiar.
Homero, cuya fotografía trae de modo inevitable a la memoria la triste suerte de los
payasitos chilenos de esos circos de legua y hambre cuyo truco final consiste en
enarbolar la bandera de ‘Jile’ cuando es necesario arrancar aplausos al respetable a
como dé lugar (…debe afeitarse ese bigote blanco, debe…) declara en esa nota
alineada sin duda con Oriente en la guerra de moscas antes mencionada que su
amigo Paz S. es una víctima de los conflictos sociales bolivianos y… mejor le copio:
“No le perdonaban su procedencia socioeconómica y el hecho de que se haya ido a
estudiar al extranjero. Criticaban al autor y no a la obra”, falsedad tan brutal que veo
necesario refutarla, a pesar de que sufro de la censura de la prensa escrita, hablada y
televisada desde hace varios años.
Antes que nada: a quienes pueda interesar este tema (20 ciudadanos) debo esta
aclaración:  a pesar de mis limitaciones ya anotadas y otras muchas, yo fui y soy uno
de los que criticó y critica aunque ya no lo cree necesario, NO la obra de Paz S., NO la
persona de Paz S., SINO la actitud de Paz S., y el desperdicio que hizo y hace de su
talento al tratar de ser un escritor gringo (antes) y un autor de SF (ahora) cuando su
destino era el de ser el primer Roa Bastos de Bolivia para el mundo todo.
Yo recuerdo perfectamente el día en que reconocimos al joven autor en el Centro
Boliviano Americano de CBB y tuve el gran gusto de conocer a la mamá de Paz S., una
dama amable y bondadosa, en la vereda y a media cuadra del Centro; pude
expresarle mis esperanzas sobre su hijo, “será el primer autor boliviano de voz
internacional”, dije, y me emocioné ante el orgullo y la esperanza que iluminaban los
ojos de esa señora. Veía yo una “Conversaciones en la Catedral” boliviana, una “Cien
Años de Soledad” boliviana y un joven autor apuesto y buen mozo capaz de decir las
verdades bolivianas al mundo.
La actitud de Paz S., desde entonces, le ha llevado por extraños caminos en los que
se ve forzado a usar dos caras, la de dentro de Bolivia y la de España (en Bolivia
presenta cuentos sobre Norteamérica; en España y algunos lugarcitos de la Red, es
más tirado a las derechas… cuando comenta las literaturas bolivianas ignora el
Occidente y contribuye a los mitos literarios del Oriente y cuando habla de política
boliviana (no de modo directo, siempre con sugerencias para buenos entendedores,
sermones para los ya convencidos) se las arregla para expresar su tímido desacuerdo
con el Evo de sus pesadillas… Pero jamás será claro y preciso ni adoptará la
quijotesca actitud de quien cree en sus principios.
Es en este sentido en el que Homero falsea la realidad o falsifica nuestra memoria al
decir que
“Edmundo tuvo que cargar con los prejuicios políticos heredados de mi generación,
que señalaban que debíamos ser escritores comprometidos contra las dictaduras,
contra las injusticias sociales y que no importaba ser leídos sino hacer la revolución; y
tal vez esto era lo correcto mientras hubo dictadores, pero recuperada la democracia,
a algunos nos costó aceptar que ésta inauguró diversos registros literarios, abrió el
abanico; otros se quedaron en los años 70.”
Si Homero califica de ‘prejuicios políticos’ el deber de todo escritor (no solo los
bolivianos) de combatir todas las dictaduras, ya vemos cuáles son sus banderas; si
dice que dicen que “que no importaba ser leídos sino hacer la revolución” dice una
idiotez: si no se es leído, no se contribuye a la revolución ni se la combate. Si califica a
los sátrapas civiles como Goni de ‘demócratas’ ya vemos cómo elige olvidar “los años
70” porque mucha sangre corrió entonces pero hay quienes creen que no fue sangre
suficiente y porque no fue suficiente nos vemos en estos tiempos portentosos.
Por fin, es necesario declarar a todos los vientos que no hubo desde 1900 en Bolivia
escritor que fuera más mimado, protegido y aplaudido por las clases privilegiadas del
país que Paz S.
Nadie puede afirmarlo con más autoridad que el suscrito, cuya suerte es y fue
justamente lo contrario de lo que gozó y goza Paz S. y por las mismas aunque inversas
razones: Paz S. es y fue mimado por los privilegiados de Bolivia porque elige eliminar
de entre sus temas a la Bolivia de Evo (el país más interesante del mundo para todo
novelista) y perderse en los desiertos de Nueva México o las lunas de Saturno antes
de atreverse a mirar y estudiar y presentar a la Bolivia que el destino le dio y a
participar de sus luchas sociales, así fuera sólo con su pluma.
Los privilegiados – lo que llamo ‘clase media’ – lo reconocieron de inmediato como su
campeón y como el símbolo de una clase condenada a desaparecer o transformarse –
del blanco al cobre – y lo tienen año tras año en sendas fiestas sociales de alcurnia en
CBB y SRZ, donde gente que usa palos de golf y bates de béisbol para hacer política
(o no puede olvidar los tiempos de Branko) le hacen llover aplausos y etc. etc. Como
boliviano que usted es: póngase la mano al pecho y diga si miento.
Por el contrario, y porque proviniendo del mismo segmento social – los privilegiados
por su nombre y apellido, por su familia o por su dinero, pero no por sus talentos – el
suscrito pudo ver la verdad y la justicia desde que naciera en 1938, se propuso luchar
por ellas aunque de humilde modo y fue ‘evista’ durante el Experimento Evo porque el
60% de los bolivianos vivía de dos dólares al día, las ‘elites’ bolivianas lo condenaron a
‘muerte civil’ y hacen todo lo que pueden y no pueden por ‘borrar’ su obra entre sus
compatriotas.
Es decir, uno se ‘hace’ norteamericano en sus escritos (su persona literaria) y ataca
de soslayo el cambio social más importante que Bolivia haya visto jamás mientras el
otro reconoce la justicia elemental de ese cambio y lo defiende; ambos escriben desde
el exilio en USA (uno, verdadero, el otro, de oro’: una beca, un empleo en una
universidad de prestigio, todo el tiempo del mundo para viajar, escribir, hacer
conexiones y etc. etc.)… y ahora Homero declara a Paz S. víctima de… ¿de qué?
¿Persecuciones? ¿Hambres? ¿Injusticias? ¿Cárceles? Tales males hacen parte de la
experiencia de todo escritor boliviano de cierto peso. Son parte ‘natural’ de sus
experiencias. Son consecuencia ineludible de nuestra triste historia.  
Este error, el de des-bolivianizarse en sus obras y tratar de ‘corregir’ al destino que le
dio esa cuna para remplazarla por otra más ‘favorable’, tiene un precio que Paz S. está
pagando desde hace buen rato ya: su persecución de un best-seller que le saque de
su ‘pobreza’ y el abandono de las novelas que debió escribir y de Bolivia como su
mayor heroína le ha sacado del grupo de quijotes que escribe en busca de eso que
llamamos Bolivia aunque tengamos todo en contra y le ha añadido a la masa amorfa,
sin nombre ni suerte ni definición que entendemos como ‘escritor norteamericano’ y
está compuesto de varios millones de competidores de Paz S., ya extraviado entre
esas muchedumbres.  
En un escritor como Paz S. es inexplicable que haya decidido perseguir un best-seller
que, por definición se hace con textos mediocres: para gustar a las muchedumbres
mediocres es necesario descender a su mediocre nivel: un best-seller es fabricado en
serie para ser ‘consumido’ en masa por las masas, lo contrario de las ‘elites’
verdaderas. Si Paz S. cree que Dostoievski pensaba en los guetos de San
Petersburgo como su mercado literario, se equivoca, creo.
Pero la elección determina la obra: uno de los rasgos de la crítica que persigue a Paz
S., es la mediocridad: de todos los apellidos que le aplauden, nadie sabe quiénes son.
Cuando le aplaudieron en México casi  nadie sabía de dónde ni cuál era el diario en el
que le aplaudieron… Cuando le aplauden hoy el problema es el mismo: firmas como
Solano Salvatierra no dicen nada a nadie y, porque nadie se ocupa de aclarar quién
es Solano Salvatierra, la opinión de este misterioso señor vale nada o casi nada.
Homero comete ese error también: si alguien tuvo dudas sobre el premio Juan Rulfo,
¿por qué no dar el nombre y apellido de ese alguien? Sin ese nombre, es posible
pensar que toda la anécdota es sólo un invento. ¿O es que estamos entre señoritas
que confunden el pudor con la estupidez?  
Y, por fin, y sin haber leído la obra, algo sobre el impacto de la obra: se ha dicho ya
que los ecos críticos que despierta una obra de más de una década son mediocres
dada la mediocridad de los autores de tales críticas. Se objetará que algunos entre
ellos son nombres ‘bastante’ conocidos; quien busca tales opiniones para hablar ‘en
serio’ encuentra que es mejor dejar las cosas a la boliviana: así nomás que se queden.
Ni con la ayuda de Alfaguara, su dinero y su influencia, ha podido salir de ese
pantano: como sucedió con otro autor boliviano endiosado en LPB, CBB y SRZ, este
tampoco puede escapar a las honestas opiniones de personas sin intereses ocultos.
Por ello es que invito a quien quiera darse ese trabajo que visite “Norte” en Amazon.
com y lea el comentario de una lectora totalmente neutral sobre esta obra. Encontrará
lo que sigue:

“On Norte Vintage Espanol
1.0 out of 5 stars Norte, October 8, 2013
By Isabel Leibowitz - See all my reviews
Amazon Verified Purchase
This review is from: Norte (Vintage Espanol)
I didn't like this book. I couldn't finish reading because describes horrible crimes.
I don't see the need to go in details about it.”

Ahora, cuando vaya a las lunas de la SF, descenderá una vez más y se entregará al
mercado de la SF, otro universo tan distante de Dosto y Joyce que parecerá perdido
para siempre.
…pero claro, los sacerdotes falsos de la literatura boliviana lo habrán incorporado ya a
la lista de privilegiados locales que hacen de la literatura boliviana algo igual al fútbol
boliviano: sólo sirve para consumo local y sus héroes pierden siempre por seis a cero.
Visto así, el destino solitario de quien fue condenado a muerte civil hace años pero
puede sobrevivir en sus obras ofrecidas desde el Internet al mundo todo no parece tan
triste: uno no ha traicionado su conciencia, no ha dicho nunca nada por defender
intereses creados y hasta se da el lujo de tener algunos amigos y admiradores en
varios países del mundo.
(Siguiendo una vieja costumbre, publico por aquí el texto de Homero, robado sin
piedad alguna a La Razón, que lo publicó a fines de enero/14. Busque “Homero” si ha
llegado usted hasta aquí, y tenga un buen día).       
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