El Apocalipsis de Antón
ARTURO VON VACANO
Augusto Guzmán: "La Novela Situacional en Bolivia", 1985
Arturo
Nuevos Textos
Sus Links
Con su fraseología de presentación altiva y arrogante, se proclama hombre libre de nacimiento dispuesto a pagar
con la cabeza capricho semejante. Es un hablador, pero también un artista, ni duda cabe. Inaugura en las páginas
ardientes y sonoras de El Apocalipsis de Antón (1972) la novela situacional de este periodo. Antón puede ser un
personaje supuesto, como puede ser el autor directamente dispuesto a decir, entre fantasías de vuelo apocalíptico,
un puñado amargo de verdades sobre las condiciones de vida del país donde nacimos los bolivianos. No todo es
miseria y abatimiento, degradación y sufrimiento. Hay épicas grandezas y límpidas noblezas. La variedad temática
se despliega como un abanico sostenido en sus tres secciones por un estilo vigoroso, casi siempre patético, pero
también razonador y crítico en dimensiones agresivas y vibraciones execratorias. Conoce algunas veces el raro
encanto de las ironías. Los asuntos menudean originales, francos y enérgicamente comprimidos.

En la primera sección referente a los sueños de Tonina hay trece asuntos; en la segunda sección referente a las
instancias formativas de Antón, hay también trece asuntos; y en la tercera sección referente a la vida propia de
Antón y a sus trabajos para dejar algo a la posteridad hay quince asuntos. Como se ve el esquema es biográfico.
Antón es el protagonista central de la obra cuya vida tensa y alerta se desenvuelve en secuencia de situaciones
siempre impresionantes. El autor está resuelto a comunicarse en voz alta, más bien altisonante. Sus afirmaciones
son tajantes y sus negaciones maldicientes.

El relato de la primera sección comienza con la imaginaria fundación de Las Casas, al pie del Illimani: "En esta
montaña de tres picos que yo declaro mía para siempre, aquí vivirán los inmortales. Y aquí dejarán su huella los
poderosos, y de aquí mirarán al mundo los vencedores     Los augurios no pueden ser más optimistas. Luego se
habla de la construcción de un laberinto perforando la montaña "como los gusanos que invaden una manzana".
Parece una representación alegórica del esfuerzo andino en los trabajos de la minería. Después se nos presenta José
Macario firmemente clavado en su puesto de policía, agente de tránsito: sus sentimientos y sus impresiones desde
el Alto sobre la ciudad tendida en el hoyo. Breve historia de Antón hijo de Silvia que vivió mucho y sufrió poco. A
los 76 años fundó las Villas de los Santos Obrajes y declaró Tierra del Oro aquellos lugares. De pronto llega con
hermosura terrible e impactante esa situación de angustia, de serenidad envanecida y de satisfacción al mismo
tiempo; revelaciones delirantes algo esquizofrénicas iluminadas de una nobleza pálida y cruel. Vacano es un poeta
a lo Poe, metido en la robusta prosa lírica titulada "De la propia estampa, y de sus penas”. Avanzamos cautelosos
en el texto y disfrutamos un fruto de acideces incitantes en la conmovedora historia de Doña Dorotea, que ya no
podemos olvidar jamás. Pasamos el espectáculo Circo donde todos hemos ido alguna vez. Pasamos también
velozmente la imagen doliente de la Flaca prostituta que se murió de frío. "De la piel y los sentidos" es una
anotación audaz y prolija de representaciones viciosas o morbosas que combinan el dolor con el placer, la crueldad
con el orgasmo. En el capitulo de las ideas fijas presenciamos la construcción maniática de las pirámides
esferoidales y nos deleitamos con la maravillosa descripción de los resplandores illimánicos, para pasar
seguidamente a esa evocación tan personal y tan viva de los perros figurados y transfigurados que salen a ladrar en
los altos caminos de la Cumbre a los camiones atestados de pasajeros, insomnes y friolentos, acurrucados en la
noche después de sus tragos de pisco bajo el resplandor de las estrellas. El desolado y penetrante soliloquio de.
Mimí. Nada hay que saltar en este libro porque todo está contenido y nada es vacío, anodino, indiferente o
desabrido. La última pieza de la sección es una muestra clara del verbalismo mágico que caracteriza a la novela
situacional.
Este es un sitio
totalmente
improvisado.
Perdone las
molestias.
Puesto que estamos en camino de análisis completo por causa de merecimientos literarios, digamos que los muchos
personajes de este libro hablan casi siempre como presos encarcelados y encadenados a los cuales se les anuncia de
pronto la hora trágica de su acabamiento que puede ser también la hora de su liberación.

En la segunda sección mientras el creyente perora sobre Dios y aparece la carta de Max interesantísima y copiosa
en la variedad de las cosas que trata moscardoneando ágilmente de un tema al otro, encontramos, como una mancha
de tisis o de lepra, la crónica sucinta y pavorosa de la Peste Negra que baja desde Panamá tal si fuera una serpiente
exterminadora para sacrificar indios, mestizos y blancos en las tres zonas geográficas del país. Pesadilla
verdaderamente apocalíptica. Está claro que Las Casas, no es precisamente La Paz, sino otro pueblo sin duda
arrimado a las ondulaciones caprichosas del Illimani. Después de la peste negra la ciudad convalece y resplandece
como una joya. Allí entra Tony el hijo de Antón. Acepta resignado el destino de ser universitario en la Facultad de
Filosofía y Letras donde ingresa falsificando a mano su título de bachiller en humanidades. Después de haber
pasado hambres y soportado enfermedades venéreas, conoce a un señor llamado Angélica y se hospeda con él
como compañero de cuarto. Se hizo un estudiante silencioso y taciturno mientras añoraba terriblemente su
residencia en Las Casas. De alguna parte, nunca se sabe, le vino como una paloma mensajera el regalo de una nueva
carta de Max, siempre tan inteligente y perspicaz como sabedor de todas las cosas buenas y bellas que rodean una
juventud saludable y despierta. Una crónica dolorosa e intensa sobre la muerte del niño de su amiga Aída Luz. Una
historia local sobre el éxito en la vida. Don Carlos y sus circunstancias matrimoniales y paternales, buscando sin
fruto el porvenir de sus seis hijos borricos. Don Carlos, un personaje típico de clase media en la batalla de hacerse
rico y notable desde su negocio de farmacéutico sin escrúpulos. Frustrado en parte y en parte satisfecho en estilo
de mediano burgués. Otra carta de Max a propósito de experiencias curiosas entre campesinos de algún país que no
sabe precisar. Parece la recomposición de un sueño sin determinaciones lógicas. Elaboraciones truncas del
surrealismo. El éxodo de los trabajadores bolivianos al Sud para convertirse en esclavos sin protección ni patria.
Otras miserias de las que no se puede hablar sino a los muros helados y callados como la piedra.

Una opinión difícil y nebulosa, en ocho líneas, a toda página, sobre el Che y su fracaso. Otra carta de Max llega
echando brasas de protesta por el ruido de los aviones y de los motociclistas que perturban su soledad entumecida;
a estos sobre todo quisiera cazarlos a tiros de revólver como a pajarracos molestos desde un árbol sobre el camino.
Piensa en el vaquero del Oeste que mató a su hijita de doce años, en una demostración de feria, porque le falló el
pulso. Inquilino malqueriente, prevenido y rencoroso habla pestes de la dueña de casa y de sus hijas apetecibles a
las cuales sin embargo nunca llegó a desearías como a la inquilina del piso alto y a la sirvienta. Su odio es gratuito,
detractador y por lo mismo divertido. Son casi siempre los retoños amargos y picantes de la soledad masculina.
Otra nota insolente y escandalosa pero también divertida a propósito de una fornicación consumada con astucias
de seductor en un closet de la Facultad de Filosofía y Letras. La poseída consentidora se da por ofendida y
alborota proclamando que ha sido violada, violada, violada. Todo finalmente sin consecuencias por mantener la
respetabilidad institucional.
(Sigue)
Antezana
Barnadas
Azit
Baptista
Sandra Lee
C.I.R.A.
Quiros
Guzmán y Sombra
Comentarios sobre "Morder el Silencio"
Nuevos Textos
Arturo