Su Opinión
Un embajador diferente
Arturo
Sus Libros

Durante los últimos 20 años que me tocó vivir en USA, jamás vi que un embajador
boliviano hiciera otra cosa que encerrarse en la embajada (porque no hablaba una
palabra de inglés), atender a sus negocios personales y darse una vacación larga a
costa de todos los bolivianos para luego retornar al país y lucir su condición de ex-
embajador.
Hasta hoy, cuando encuentro con orgullo y placer la nota que traduzco luego sobre
Gustavo Guzmán, ese muchacho con aire de hippie melancólico con el que apenas crucé
una palabra, del que dudo que me recuerde y que es enviado de Evo, mi Presidente
favorito.
Guzmán no es sólo causa de la historia que presento robándomela desvergonzadamente
de Marcela Sánchez, una columnista del Washington Post cuyo trabajo encontré en el
Post-Intelligencer de Seattle, sino de un "debate" con Eduardo Gamarra, uno de los
falsos "gurus" a los que apela el Imperio cuando de atacar a Evo, Chávez, Fidel y otros
políticos zurdos se trata. Pero esa es otra historia.
Hoy me contento con traducir el artículo de Sánchez, que dice así:
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Viernes 27 de abril, 2007
Bolivia cambia su Relación con el Mundo
Por Marcela Sánchez
Washington – La invitación al cuerpo diplomático latinoamericano comenzaba como
cualquier otra: "La Embajada de Bolivia se complace en invitarle..". Lo que seguía -- "Si
tiene usted una empleada doméstica, le ruego animarla a acompañarnos" – era un poco
menos predecible pero lógico para un evento destinado a celebrar el Día Internacional de
la Trabajadora Doméstica.

¿La respuesta? "Absoluto silencio", según Gustavo Guzmán, embajador de Bolivia y
anfitrión del evento del 30 de marzo. Un representante de la Sección de Intereses
Cubanos hizo acto de presencia, pero no apareció ningún embajador. Ello forzó a los
organizadores, algunos activistas locales, políticos y unos cuantos empleados
domésticos, a celebrar la fecha solos.

Es obvio que la invitación estaba destinada a sacudir un poco el universo de la vida
social de Washington con la cortés sugerencia de que los invitados hicieran algo fuera de
norma –  vida social con sus empleados domésticos. Pero indicó también el cambio de
poderes que tiene lugar en Bolivia, donde Evo Morales, el primer presidente indio de ese
país, ha estado guiando a su nación en un "desplazamiento de las clases gobernantes",
en palabras de Guzmán.

Ese giro también ha significado un cambio en el modo en que Bolivia se relaciona con el
mundo, y Washington en particular. Morales, un socialista y, antes, un cocalero, ha
rechazado los dos elementos que definieron durante largo tiempo las relaciones de
Bolivia con Estados Unidos – las reformas pro-mercado y la erradicación de la coca.

Durante casi dos décadas, Bolivia se sometió a las recetas económicas del Fondo
Monetario Internacional para controlar una desenfrenada hiperinflación. Esta "terapia de
shock" condujo a violentas protestas que eventualmente derrocaron al presidente
Gonzalo Sánchez de Lozada y abrieron el camino hacia la elección de Morales en 2005.
El año pasado, Morales dejó que expirara la línea de crédito de Bolivia con el FMI y el
país se presta ahora dinero principalmente de la Corporación Andina de Fomento, una
entidad de base regional que tiene menos condiciones para sus créditos.

También el año pasado, Morales nacionalizó la industria del gas natural. Este acto en
extremo popular (en Bolivia) ha significado mayores ingresos para los productos de
energía bolivianos, ayudando a crear un excedente fiscal sin precedentes. Morales dice
que ello significa que Bolivia ya no será un "país mendigo" y tendrá mayor independencia
frente e las instituciones de crédito de Washington.

A fines de los 1990s, Bolivia lanzó su Plan Dignidad para erradicar la coca, en particular
la del Chapare, la segunda región más grande del mundo productora de coca. El plan fue
en extremo exitoso y logró los aplausos y el apoyo de Estados Unidos. Pero también
enfureció a los cocaleros y dio más fuerza a Morales como dirigente de su asociación.

Ahora como presidente, Morales dice que planea elevar el límite de la coca legal de
12.000 a 20.000 hectáreas, industrializarla para usos legales alternativos y concentrarse
en una erradicación cooperativa. Aunque USA no estuvo feliz ante las decisiones de
Morales, ha evitado en gran medida una confrontación con las autoridades de Bolivia.
Observadores latinoamericanos creen que esa actitud es resultado de la siempre
decreciente influencia de Washington en la nación andina.

En una entrevista reciente, Guzmán recordó su alivio cuando, apenas días después de
presentar sus credenciales ante la Casa Blanca en septiembre, el gobierno de Bush
decidió no descertificar a Bolivia por fracasar en la lucha contra las drogas ilegales. Esta
primavera pareció ratificar esa posición al continuar reconociendo los éxitos de Morales
en cuanto a la prohibición y las capturas de la droga mientras expresaba, por supuesto,
su seria preocupación ante algunas de sus propuestas.

Guzmán se preguntó si el hecho de que Bolivia se ha hecho menos dependiente de
Washington ha creado "tal vez una saludable distancia". Por ahora, parece que
Washington desea dar a Morales más espacio para maniobrar. Morales, entre tanto,
enfrenta el desafío de mantener unido a su país tras un cambio tan drástico de su
estructura de poder.

"Quienes están hoy en el gobierno (de Bolivia) serán los dirigentes políticos, tecnócratas
y burócratas durante los próximos diez años", dijo en una entrevista Thomas Shannon,
secretario asistente de Estado para asuntos del hemisferio occidental. Shannon dijo que
el desafío en Bolivia es similar al que enfrentaron los dirigentes negros tras el final del
apartheid  en Sudáfrica.

Hubo un tiempo en que muchos en la Washington oficial hubieran pensado más bien en
la necesidad de frenar – y revertir – los hechos en Bolivia. Tal vez Morales está logrando
en verdad sacudir algo de la tradicional pesadez de Washington, mucho más allá de su
vida social.
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Sólo me queda llamar la atención sobre la singular importancia de la declaración de
Shannon para Sánchez.
Si esa fuera la posición oficial del régimen de Bush y de quienes le seguirán, hasta
Branko deberá reconocer que los cambios que trajo Evo a Bolivia son irreversibles.
Si USA entiende la elección de Evo Morales como el final estrepitoso de una falsa “elite”
cuya trayectoria política y moral es vergonzante para todo ser humano de conciencia
recta, si USA se hace amigo del pueblo boliviano en su lucha por dar días mejores al 60%
de su población sumido aún en una miseria abismal, ese sería el primer día de unas
relaciones novísimas entre ambos pueblos en el que por fin podríamos decir con seriedad
que USA es amigo de Bolivia, una declaración en verdad revolucionaria tras casi un siglo
de intervención y explotación por el Norte de todo el Continente de la Desesperanza.
Será el día en que Bolivia podrá mirar un futuro sin los Banzer, los Tutos ni los Gonis, sin
las jornadas de masacre y crimen que manchan tanto nuestro pasado.
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