Su Opinión
Y así, la Guerra Comienza
Arturo
Sus Libros
Este malhadado 15 de diciembre de 2006 podría ser una fecha histórica. Ha sido el día
en que Bolivia aprendió que debe pagar el precio de haber abandonado a Santa Cruz en
su desarrollo social. Mientras el país reflejaba el progreso social logrado desde 1952 y a
pesar de una generación de tiranos militares y vendepatrias mestizos, (esa democracia
formal que no contentó a nadie pero produjo nuestra serie increíble de asesinos y
ladrones), el fascismo criollo cultivado por extranjeros que vinieron como refugiados hace
medio siglo ha logrado clavar raíces profundas en la tierra que Bolivia, esperanzada en
sus recursos naturales, miraba como la cuna de un futuro prometedor.
Si los fascistas pueden pagar gente hasta llenar de bultos las fotos que difunde hoy la
prensa cómplice internacional y pueden causar enfrentamientos como el de San Julián,
no se puede dudar ya de que SRZ no puede liberar a SRZ.
El fascismo criollo se ha quitado la máscara este 15 de diciembre y vemos hoy que el
experimento de Evo puede fracasar. No se puede lograr sin violencia los cambios que el
país necesita para merecer un futuro. Eso dicen los 40 heridos de San Julián, donde
campesinos enfrentaron a campesinos (milagros del dinero) en un episodio que
recordaremos tal vez como el primero de nuestra guerra del milenio.
Este 15 de diciembre dice que no se podía perder casi un año en una Constituyente cuya
mayoría no es la mayoría suficiente para convencer al mundo de que es la expresión del
pueblo boliviano.
Esa Constituyente dice al mundo que Bolivia no es un país. Le dice que es una
desgraciada tribu de gentes que no tienen identidad boliviana sino tan sólo identidad
racial. Le dice que aquí odian al indio y el indio odia. El corazón de América es sólo un
campo de batalla para odios indomables. Los bolivianos no hemos aprendido nada en
200 años.
Con este 15 de diciembre se cierra todo intento serio de diálogo entre lo que llamamos
“oriente” y “occidente” aceptando ese divorcio trágico entre el populismo y el fascismo,
entre el pueblo y la nueva rosca, hija bastarda de un MNR traicionado, clase fantasma
que gobierna sin dar la cara desde los directorios de los bancos y otras fortalezas locales
del dinero internacional.
La primera baja de esta guerra que comienza deberá ser esa Constituyente que sólo
sirve para demostrar el fracaso de los bolivianos en su intento de crear una patria.
Dicen los enemigos de Evo que, si Evo gana en la Constituyente, Bolivia se convertiría en
un gulag socialista. Sus amigos dicen que si los fascistas ganan, Bolivia será lo que fue
con Banzer, Tuto, Goni o algo todavía peor.
El resto, esos que miran, cuentan chismes y chistes tontos y murmuran agachando la
cabeza como bueyes, nada dicen y nada dirán hasta que sea demasiado tarde. Tal su
destino de bueyes. No saben donde están parados, tienen miedo de perder los cuatro
cachivaches que han reunido en toda una vida de bueyes, y esperan la degollina sin
saber desde donde les vendrá. Creen que se salvarán si callan y se ocultan y se
disfrazan de muebles.
Pero que la Constituyente fracasó es un hecho. ¿Para qué aceptar los dos tercios,
entregando la Constituyente a los nuevos olañetas y sus argucias y triquiñuelas de
leguleyos? Terminaríamos con una Constitución peor que la que sufrimos hoy. Si hoy
vemos a vendepatrias, asesinos y traidores de la patria dirigiendo “partidos políticos” y
paseándose por las calles, esa nueva Constitución permitiría horrores peores, peores
tiranos y peores ladrones.
Si la Constituyente fracasa, habrá gentes que hablen del fracaso de Evo. Alguna gente
habrá notado lo que dice el periodista Raúl Bustamante, quien escribe sobre “la horca
instalada en el Cristo, en pleno Siglo XXI” y en pleno cabildo, hablando de este 15 de
diciembre, del Cristo de SRZ y de la horca que está lista ya para Evo Morales.
Apenas ganó las elecciones, escribí el riesgo que Evo corre de seguir a Bush y a
Villarroel como víctima del fascismo criollo. La horca de que habla Bustamante confirma
mis temores. Evo será pues, necesariamente, otra víctima de esta guerra. Pero que nadie
diga que los fascistas no anunciaron sus intenciones. Sólo en la España de la Guerra
Civil se vieron usos más bastardos del Cristo y de la horca como símbolo criminal.
Bien visto, y si fracasa, ¿qué otro destino tendría Evo? Evo no quiere ni puede escaparse
a Miami como militar asesino. No puede irse a La Habana para sufrir una muerte anónima
y lenta. No puede dejar a sus gentes, por las que ha luchado desde que se destetó. El
día en que Evo se hizo Presidente, Evo hizo como Allende y sabe donde y como va a
morir en esta guerra. Es una guerra en tres etapas.
La siguiente será la guerra sorda, si los enemigos de Evo prefieren evitar un máximo de
violencia. Sólo los idiotas incurables pueden creer que Chávez enviará un solo soldado
venezolano a “luchárselo” para Evo a menos que busque una invasión de gringos,
brasileños, argentinos, chilenos y hasta paraguayos para convertir al país en un nuevo
Irak. Sería una invasión que acabaría con el mismo Chávez en Caracas, invadido por las
mismas fuerzas de la “democracia”.
La guerra sorda es una guerra de desgaste. Es una guerra de diez o quince muertos por
día que amanecen donde menos se imagina uno. Piénsese en El Salvador, Nicaragua,
Guatemala, esas fábricas de cadáveres en cuyas guerras no hubo vencidos ni
vencedores. La cuestión, en ese caso, es lograr que los bolivianos maten la mayor
cantidad de bolivianos que fuera posible porque boliviano que muere hoy es un boliviano
menos que tendrá que matar el invasor cuando venga.
Aquí es donde se da la noticia de que el nuevo presidente del senado de USA, Harry
Reid, ha decidido pasar estas Navidades en Bolivia, acompañado de cuatro o cinco
colegas. Quiere informarse de primera mano con los “cívicos”, me imagino, sobre ese
dictador de Evo.
Cuando Reid cumpla su misión y Tuto retorne al Palacio Quemado, la guerra será caos
constante, y ya conocemos esa guerra porque es la que vivimos durante treinta años.
Volveremos a los bloqueos que paralizan el país, a las masacres de obreros y
campesinos, a los buenos tiempos en que los fascistas bolivianos eran felices, en dos
palabras.
La última etapa de esta guerra será el exterminio del indio, como se hizo en USA. Para
entonces, los fascistas de hoy estarán bajo tierra también porque no todos los muertos
serán de un solo bando, pues, y Bolivia tendrá nuevos dueños.   
A menos, claro, que El Alto se decida a emigrar a tierras más calientes hoy mismo,
cuando inunda de heces al Lago Titicaca y puede ver por sí misma que no hay gran
futuro para esa ciudad, así tenga seis orquestas sinfónicas.
A menos que los bueyes recuperen su calidad de toros y se pronuncien de una buena
vez en defensa de sus propios intereses tanto en SRZ como en el resto del país, y el país
mismo descubra que ninguna función fascista hará posible un retorno de los Banzer, los
Goni y los Tutos.
Porque lo peor de este 15 de diciembre es que ha logrado disfrazar el hecho de que los
cambios en Bolivia son inevitables, los indios de Bolivia ya no son animales de carga y si
es necesario que el mundo arda para que haya justicia y esperanza en Bolivia, el mundo
arderá.    
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Dic. 06