Su Opinión

Los Nudos Gordianos de Evo
Arturo
Sus Libros

Aunque tal vez es muy pronto para decirlo, la “revolución” de Evo se va pareciendo más
y más al cuento de la cholita y el ingeniero.
“¡Mi didito, mi didito!”, chillaba la cholita haciendo el amor.
“¡Nada de medidito! ¡O todo, o nada!”, chillaba el ingeniero haciendo el amor.
Eso es lo malo que tienen las revoluciones. No se pueden hacer de a poco, a plazos, sin
lastimar a nadie o respetando todas las leyes vigentes puesto que son esas leyes,
injustas, las que provocan las revoluciones.
Tal idea nos viene después de conocer la notable noticia, dada por el mismo Presidente
Morales, de que no existen bolivianos cuyo patriotismo alcance para nacionalizar ni el
petróleo ni el gas.  
Dijo Morales que ello se debe a que los bolivianos que trabajan en esas industrias
trabajan para las internacionales y abandonarían el país en hechos y palabras si Bolivia
nacionaliza el petróleo y el gas.
Nadie sabe mejor que esos bolivianos cómo son las cosas cuando se trata de gas y
petróleo, de modo que se puede decir que los bolivianos no pueden y no quieren
nacionalizar ambas riquezas. Los que quieren no pueden, y los que pueden no quieren.
Esos quieren que las cosas sigan como están, y santas pascuas.
Esto demuestra una vez más que la gente es más fiel a su raza, a su clase social y a su
billetera que al pueblo en el que nació y al país que le da ciudadanía. Digo una vez más
porque tal coyuntura, repetida hasta el cansancio, hace la historia de Bolivia.  
Pero la política es la ciencia de lo posible, y por tanto la nacionalización se va al tacho.
No se puede administrar esas industrias con expertos en bloqueos ni se puede leer
manuales internacionales cuando sólo se habla aimara. Es necesario saber inglés y
haberse especializado en una universidad gringa. Aistá, pues. Así son las cosas.
Tampoco sería muy prudente reemplazar a gringos y españoles con chinos y/o orientales
en general. Esos orientales han demostrado ser tan desalmados como los gringos y los
españoles, de modo que traer gente que nos exija que hablemos chino antes de
administrar nuestro gas y nuestro petróleo suena a mal negocio. Más vale mal conocido
que bien por conocer, decía la tía de Paulovich.
Por mala suerte, Bolivia no es una isla. Para peor, no tiene playas. Si fuera Cuba o
Venezuela, tal vez podríamos ser más revolucionarios que Cuba o Venezuela. Pero
estamos encerrados y a veces asfixiados por nuestras selvas y montañas.
Por suerte, Evo no tiene necesidad alguna de hacer una revolución leninista. Tampoco
es su problema el de crear otra Unión Soviética. No necesita imitar a Stalin. Su problema,
guardando las diferencias, no es una invasión nazi ni la suerte de 300 millones de almas
bajo un feroz infierno siberiano.
No. Su problema es dar un nivel de vida humano a la mayoría de sus compatriotas sin
caer en los excesos que provocaron la frustración de la Revolución Nacional del 52. Esos
excesos son hoy la mejor vacuna contra una revolución leninista que es imposible, por lo
demás.
El problema de Evo es negociar con el mundo interior y exterior las condiciones que
permitan a los bolivianos el ingreso al Siglo XX, no digamos al Siglo XXI. Nada más, pero
nada menos. Techo, papas, empleo, escuela, televisor y un mínimo de oportunidad para
progresar. Nada más, pero nada menos.
Pero su problema gordo, su verdadero nudo gordiano, son los ricos de este país. No
todos, claro, pero lo malo es que cuando empieza a cortar cabezas, una revolución no
distingue entre culpables e inocentes. ¿Cómo convencer a los ricos de que 1952-56
puede repetirse? ¿Cómo venderles la idea de que deben cooperar en la tarea de dar
justicia, pan y una oportunidad a los desnudos de esta tierra? ¿Cómo hacer ver a los
ciegos?
USA está cometiendo el mismo error, y por eso se habla ya del Siglo o del Milenio Chino:
los ricos de USA traicionaron a la “clase media” de USA y le han quitado el seguro social,
el empleo estable, el salario mínimo vital y etc. etc., forzando así el empobrecimiento de
todos para beneficio de unos cuantos. USA, amigos míos, es ya historia como Imperio,
aunque sólo los historiadores puedan verlo todavía.
Como recordamos quienes andamos ya calvos, los excesos del 52 no fueron una fiesta
de cumpleaños. Hubo sangre, pavor y lágrimas. Hubo capitanejos y ejércitos privados
que vivían del cuchillo y del fusil. No en balde decía la gente que el Mono Paz era un
monstruo del Averno.
Cuando ese 60% que es mayoría se de cuenta de que Evo fracasó, estallará. Es verdad
que los gringos aguantarán en su bunker un par de semanas hasta que lleguen los
Marines, pero en dos semanas se puede matar a mucha gente, ¿no? Después, el diluvio,
como predijo mi “Antón” hace 30 años.
Por eso es necesario que Evo halle un camino para negociar con los ricos de Bolivia un
futuro digno de seres humanos para todos los bolivianos. Las internacionales vendrán
luego. Por eso también sería bueno que se deje de hablar de “revolución”. Ese es un
término propio de personas mayores, y sólo los niños pueden creer que se puede
cambiar el mundo en tres meses. Se lo puede cambiar en un día, pero el truco es que
todos los bolivianos deseen ese cambio. El incidente del gas y el petróleo demuestra que
tal no es el caso. Muestra que quienes se educaron gracias al sacrificio de los bolivianos
están dispuestos a sacrificar a los bolivianos. Con gente así, ¿de qué “revolución” se
puede hablar?  
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Abr.06