Su Opinión
La Furia del Niño
Arturo
Sus Libros
Entre los incontables (porque, la verdad, no los cuento) mensajes que recibo desde
SRZ me ha llegado el de Doña Mercedes Cuéllar, una dama de numerosos años
sobre la que pude averiguar, después de aplicarle mi programa Tracer, que es
fanática como católica y como hincha de los Tahuichis. Yo también admiro
enormemente a los Tahuichis, así que hice casi una nueva amistad con Doña
Mercedes.
Digo casi porque, después de un rápido y atrevido intercambio de mensajes, no he
podido hacerle cambiar de opinión sobre la furia del Niño y la suerte de la mal
llamada “media luna” separatista y hoy casi ahogada. Como dicen los expertos: casi,
casi siempre casi nada significa.
Doña Mercedes ha elegido las novenas para hablar con Dios, y me temo que tales
charlas se quedan siempre en monólogos porque, uno, Doña Mercedes parece una
ametralladora cuando habla y, dos, Dios ha sido rematadamente mudo desde hace
16.000 años.
Doña Mercedes ve, sin embargo, la voluntad de El Niño clara y evidente: el 15 de
diciembre pasado fue la jarana del Millón fascista, el 15 de enero pasado fue el
“cabildo” en el Plan Tres Mil de los 500 mercenarios y el 12 de febrero pasado
eligieron a Branko como símbolo, bandera y capitán general de los ricachones, los
nazis y los separatistas.
“Dejpuej, m’ijo, noj cayó el diluvio”, escribe Doña Mercedes sin abandonar su acento
natal.
Bueno, si bien es verdad que El Niño es llamado así porque existen ciertos factores
en el tiempo y el espacio que identifican sus fechas de mayor furia con el calendario
cristiano, ello no quiere decir de modo alguno que El Niño sea el Niño Dios, Jesús
por buen nombre. Menos es posible deducir de esa coincidencia increíble una
pretendida furia divina contra los políticos locales de esta o aquella ciudad en un
planeta anegado de violencia, crimen y asesinato. Pero vaya usted a convencer a
Doña Mercedes. Una vez que se le mete una idea en la cabeza, no hay quien pueda
con ella.
Tanto es así que también yo me puse a pensar que esa catástrofe era un castigo del
Niño Dios hasta que recordé que ese es un Niño que retorna en forma cíclica y que
esta visita feroz no fue la primera ni será la última.
El Niño es, a mi mejor saber y entender, producto de la ambición y la angurria de
todos los habitantes del planeta, los pobres y los ricos, los poderosos y los débiles.
Es consecuencia del calentamiento del planeta al que contribuimos cada vez que
hacemos un viaje en taxi, quemamos un bosque o nos damos el gusto de hacer una
parrillada al carbón. Y lo que es peor: hace décadas que hemos estado alimentando
a ese Niño hasta el punto en que hoy sería necesario que cada ser humano hiciera
de su parte desde este segundo mismo para quitarle algo de su ferocidad.
Esa tarea es más difícil que gobernar Bolivia. Hay seis mil millones de seres
humanos sobre la superficie de este sufrido planeta. Todos parecen dedicados a
dos deportes esencialmente: comerse el planeta y hacer más humanos por los
medios más divertidos posibles. ¿Cómo se comen el planeta? Talando bosques,
matando los peces del mar hasta liquidar especies enteras, convirtiendo las selvas y
los bosques en desiertos y quemando petróleo y sus derivados hasta asfixiar casi a
todas las especies. Para decirlo corto: nadie nos salva ya del fin del mundo. No es
cosa de que suceda o no, sino de cuándo y a qué hora.
Doña Mercedes insiste, empero, en que Branko y los ricachos han traído a El Niño a
la “media luna”. Dice también que ella y sus amistades, que son siete, pueden hacer
mucho orando día y noche para aplacar a El Niño como si fuera un Moloch
cualquiera.
Lo dice con tal convencimiento y tal entusiasmo que he terminado casi por creerle.
Por eso es que me animo a hilvanar a la rápida esta nota e invitar a todas las
señoras de cierta edad, y las señoritas y las niñas y los jóvenes y los ancianos a unir
sus súplicas a las de Doña Mercedes, buena señora ella, y rogar con el mismo
entusiasmo por la salvación, no ya de la “media luna” nomás, sino de todo el planeta
Gaia, nuestro planeta, este planeta que es el único que nos queda. ¡Aplaca tu Furia,
Niño!
Ais’tá, ¿ve? Así de convincente es Doña Mercedes.
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Feb. 07