De Filósofos y Demagogos

(No sé cuándo ni dónde se publicó esta nota,
pero la creo muy vigente en estas fechas.
)

Confieso que he quedado lelo ante el sesudo y claro artículo escrito hace unos días
por mi amigo Ramón Rocha Monroy sobre un filósofo italiano que dejó con la boca
abierta a los que saben leer en la llajta y cultivan la Cultura (así con C) para ayudar
a sus compatriotas iletrados a entender el mundo moderno, postmoderno y
revolucionado por las comunicaciones.
No siendo letrado, moderno ni postmoderno, no habiendo cultivado jamás la Cultura
y rechazado como siempre he sido por la academia, confieso hidalgamente que no vi
cómo carajos se relaciona el titulo con el artículo, a menos que Ramón lo haya
escrito mientras andaba entre San Juan y Mendoza, cosa no tan extraña de que se
me ha acusado muchas veces, como lamentablemente no soy el único en recordarlo.
Temeroso de volver a enredarme entre los hilos iridiscentes de su claridad
meridiana, no puedo arriesgarme a comentar las originales o brillantes ideas que
parecen haberse alojado entre esas líneas ramonescas. Aún así, me permito, ignaro
yo, anotar unas cuantas realidades para expresar con la humildad que me
caracteriza mi desacuerdo con lo que parece que dice Ramón.
Dos hechos, para comenzar: el 50% de la sufrida Humanidad (con H, porque soy
humanista) no ha usado jamas un teléfono en su sufrida vida. Tres mil millones de
bípedos parlantes no saben lo que es chismear por fono. Nunca han usado un
teléfono… Permítanme repetirlo, por si  no fue claro. Viven de dos dólares al día o
menos, como publicara oportunamente la prensa mundial. Trate usted de digerir
este dato. Gracias.
Si no conocen el teléfono, ¿podrán concebir el ordenador?  
Otro hecho: un bípedo parlante que posee una computadora para decir tonterías por
e-mail es un asqueroso privilegiado que compone menos del 4% de la población
mundial (seis mil millones, mamá, seis mil millones). Ello deja en la luna de Paita al
96%, los que sólo conocen una computadora porque las ven en la serie “Matrix”,
serie que miran y admiran pero que no entienden ni por Judas. Si las tonterías que
dice ese 4% por e-mail pueden “revolucionar” al mundo, no sé para qué tuvo que
morir el Che en Bolivia. Debe haber creído que una revolución demanda fe, sacrificio
y hasta la propia vida.
Permítanme, además, someter algunos hechos que contradicen las afirmaciones de
Ramón (no sé si son de Ramón o del filósofo italiano, la verdad) y decir la mía: repito
que el 94% de la población mundial, con computadoras, comunicaciones
instantáneas, clones, blogs y ciborgs, conforma una masa tan despistada, tan
ignorante, tan bruta y tan uniforme como lo fue desde poco después de dejar el
Paraíso sin otra cosa que una hoja de parra. Basta leer un periódico para
convencerse de ello.  
Algunas otras “referencias”, como las llaman los modernos: nunca ha sido la
humanidad más “igual” que hoy en día: viste unisexo, tiende a ser “unisexo” (pues
llegará pronto el día en que cada individuo será, obedeciendo a la moda, hombre y/o
mujer cada vez que se dedique al sexo), ve las mismas películas, lee los mismos
libros y revistas, come los mismo menjunjes y, lo que es horrible, reduce
constantemente su capacidad de pensar y hablar con cierta coherencia, lo que
transforma su música en un ruido monótono e insoportable y su lenguaje en una
colección de onomatopeyas e imitaciones de gemidos y ladridos. Este es un
fenómeno universal e indiferente a los diversos idiomas que van desapareciendo
con horrenda rapidez. Es también algo que comprueba cada día todo padre de
familia, sea abogado, carnicero o militar, en sus propios hijos, tan monos ellos.   
A diferencia de las teorías del filósofo ese (prefiero no mencionar ya a Ramón
porque es mi amigo), lo que afirmo aquí se comprueba en cualquier plaza pública del
mundo, donde se ven multitudes sin rostro compuestas de individuos(as) vestidos
(as) de vagabundos hirsutos envueltos en bolsones grises que les ayudan a
presentar el aspecto más agresivo posible ante sus hermanos humanos.
La desaparición de la cortesía, el respeto a niños y ancianas, los “Buenos días le de
a usted el Buen Dios” y cualquier expresión mínima de civilización es también
universal, y todos los países se quejan en su momento de lo brutos y salvajes que
son sus ciudadanos cuando salen a la calle.
Si yo dijera a los jóvenes que El Prado fue una vez un lugar limpio, bonito y bien
cuidado, se reirían en mis barbas. Lo mismo sucede en todas las ciudades de la
tierra, y ello se debe a la homogeneización de la especie, cuya gran mayoría sabe
que jamás saldrá de su brutal miseria cotidiana y ha decidido hacer la vida imposible
a cada quien que se le cruza. Ven en la TV lo que jamás podrán tener y deciden
joder hasta hastiarse.
Como sabe cualquier artista menor, una  virtud mucho más escasa que la virginidad
es la originalidad: nos sobran los dedos de las manos para contar a los individuos
verdaderamente originales que hacen nuestra historia.
Este hecho evidente hace fatal otro, que Ramón y su filósofo no parecen ver: el 99%
de los humanos copia de los demás lo que lee, come, piensa, regurgita, bebe y
joroba. Es decir, el 99% de la gente es una copia tonta de algún “original”  tonto que
está de moda durante 15 minutos. Por  tratar  de ser “diferentes” todos terminamos
siendo iguales hasta el absurdo. Gracias a las comunicaciones, lo que antes sucedía
en cada pueblo sucede hoy en el Villorrio Universal: jamás han sido más
“homogéneos” los seres humanos. Los “modelos originales” son universales:
Madonna, J. Lo y/o Britney Etc.  
Hemos descubierto así que los cosacos saltan y danzan de modos muy parecidos a
los Diablos, que las comidas del mundo son las mismas en esencia, ponga o quite
esta salsa o aquel adobo, que las ideas que rigen al mundo no son más de cuatro…
y que no es necesario pensar, a despecho de lo que digan los filósofos.
Por ello sucede que las gentes ya no quieren saber de elecciones (casi nadie vota
en el Primer Mundo: todos se contentan con el pan y el circo sempiternos). Tampoco
quieren cuidar de sus padres y abuelos (en Francia murieron 150.000 ancianos este
verano porque sus hijos y nietos gozaban de sus vacaciones y los abandonaron). Se
entiende la vida humana como coito y violencia, las verdaderas religiones del día.
¿Por qué?
Porque, además de que las masas saben que jamás tendrán ni el 3% de las cosas
que ven en la TV, las elites se fajan por domar a las masas: uno de cada tres
norteamericanos es brutalmente gordo y el cine de USA, el instrumento de
propaganda más poderoso que se haya visto, se hace para satisfacer los gustos de
ese adolescente americano, un ignorante imbecilizado por el alcohol, la droga y la
violencia, gustos que explican (¡por fin!) “Terminator 3”, “Kill Bill” y otras “obras de
arte” que admiramos cada fin de semana.
Como ya me alargo mucho, afirmo que los hechos desordenados que anoto aquí
niegan ese libre albedrío y esa originalidad individual que el filosofo de Ramón cree
descubrir en ese cholito que paga dos centavos para hacer su nada original e-mail
(“¿vamos al cine esta tarde, Santusa?”) y afirmo que ese pobre chico no es más que
una copia lamentable de Tom Cruise, lamentable porque Tom es blanco, gringo y
alto y Santuso es bajo, oscuro y cholo pero imita a Tom porque se muere de ganas
de ser Tom y no conoce otro ejemplo (“paradigma”) que Tom porque no tiene más
ojo para explorar el mundo que el televisor de su tía Genara.
Y no me habría molestado en componer mal esta nota si no fuera que acuso de
inmoral, falto de ética, demagogo y mentiroso a todo aquel que trata de hacer creer
al Santuso y sus copias cholas que son originales, que “estrenan un modo de ser
extremadamente barroco, un barroco más que mestizo cholo, barroco cholo formado
de partículas culturales de todo el Planeta”, cuando en verdad lo que hacen es imitar
servilmente los malos ejemplos que les dan la TV, el cine, las revistas y los libros
extranjeros que caen en sus manos y convertirse en los nuevos bárbaros “unisexo”
que ni saludan ni respetan a niños ni ancianos.
Decir al mundo que puede transformarse sentándose ante una computadora para
emborracharse de imágenes y sonidos que no entiende y para escribir estúpidos
telegramas es la mentira más terrible e inmoral que puede lanzarse hoy en día
contra la especie.   
Su Opinión
Arturo
Sus Libros
Nuevos Textos
10/30/13
Arturo
Counter
Nov 13