No se puede dudar ya de que el Experimento Evo Morales está provocando profundos
cambios en la sociedad boliviana, cambios que serán irreversibles y tienden a devolver
a las mayorías nacionales el control de su futuro.
El que estas mayorías no hablen como Cervantes el idioma impuesto del conquistador
ni sientan como propio un monstruoso sistema de justicia que ultraja la conciencia de
la humanidad toda significa que el mundo se ve privado de conocer en verdad la actual
coyuntura boliviana, falsificada como es por la “gran” prensa local y sus cómplices
internacionales, y que tal coyuntura sea vivida por sus actores bajo una red de
falsedades publicadas y otra nube de realidades ocultas por los intereses creados de
siempre.
El Episodio Goldberg es tal vez un buen botón de muestra.
De modo que no conocemos, el Presidente Morales pasó la vista por un documento de
USAID que le llevó a lanzar una acusación directa contra esa ignominia sin nombre que
los bolivianos sufren como Poder Judicial.
Sus críticos, que hacen de Evo el Presidente menos “diplomático” de nuestra historia
pero el más sincero y directo pues que Morales habla como lo que es, un hombre del
pueblo, no pueden argüir esta vez que Evo “se disparó” sin saber lo que decía. Lo que
dijo lo dijo a su modo, pero claro como el agua. Lo copio de la agencia española Efe.
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"Ha habido una investigación, no del Estado boliviano, sino de un organismo
internacional, nada menos que de USAID de EEUU, que demuestra que en el Poder
Judicial (...) se roban 300 millones de dólares por año", dijo Morales en el
departamento de Potosí.
"Ese Poder Judicial está implicado en muchos actos de corrupción", dijo Morales al
comentar el estudio realizado en 2005.
Señaló que el estudio de USAID también asegura que anualmente hay 1.500
denuncias de corrupción contra miembros de ese Poder, pero de las que sólo son
juzgadas un cinco por ciento.
Morales también insistió en que existen recientes encuestas que prueban que entre un
70 y 80 por ciento de la población considera que la "institución más corrupta del
Estado es el Poder Judicial".
Sobre la lentitud de la justicia para avanzar en su trabajo de forma global, aseguró que
las cifras demuestran que cada año sólo un 30 por ciento de los casos procesados se
resuelve con sentencia.
Según otras cifras citadas por el Mandatario, entre 1989 y 2005, Bolivia gastó en la
reforma judicial 36 millones de dólares, pero en lugar de mejorar, "empeora la justicia
boliviana".
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Hay más, pero aquí me quedo.
Me quedo, porque es necesario apelar, y apelar a grito pelado ante la conciencia de
los bolivianos: ¿En qué miente Evo? ¿En qué exagera? ¿Qué puede hacernos dudar
de la verdad que esgrime? ¿Por qué perdemos esta notable oportunidad de reformar
un Poder que nos hiere a muerte?
Cuando se habla de corrupción masiva y evidente, cuando las cifras se originan en un
documento extranjero creado por un gobierno enemigo no ya de este gobierno sino del
pueblo boliviano desde hace más de un siglo y cuando el Presidente esgrime esas
cifras para denunciar esos crímenes, ¿qué hace el pueblo boliviano?
La respuesta es horrenda, pero allí está. El pueblo boliviano calla y mira sin expresar
de modo alguno una iracunda indignación que sería la reacción más natural, pues que
ese mismo pueblo es víctima a diario de ese Poder Judicial corrupto.   
Esta actitud silenciosa y tímida que niega una tradición de lucha y defensa de
derechos y libertades, es aún más incomprensible cuando se recuerda que
prácticamente cada boliviano y cada estante y habitante del país conoce y ha sufrido
alguna vez la corrupción de ese Poder Judicial vergonzoso.
Todos los bolivianos sabemos que no existe tragedia mayor para cada ciudadano que
la de caer en manos de abogados, tinterillos y jueces por razones falsas o valederas.
Todos hemos visto cómo se cometen crímenes, asesinatos y todo tipo de delitos entre
nosotros y nunca se castiga a nadie, pues siempre se puede “arreglar” todo con
nuestra justicia.
En este caso, como en otra intervención desafortunada de otro embajador de cortas
luces, al ver los bolivianos que el embajador actual visitaba a los jueces y a ese
indigno Poder Judicial en su misma cueva para declarar ante Bolivia y ante el mundo
su complicidad con tales jueces y tal “Poder”, ¿No era natural para la conciencia de los
bolivianos la expresión de una indignación que ignorara las rencillas cotidianas de
tiendas políticas agónicas y accidentales para defender la dignidad elemental de
TODO el pueblo y TODO el país por encima de cualquier otra consideración?
Para los hombres viejos como yo, que vimos a ese pueblo en otras coyunturas más
desesperadas y trágicas y aprendimos a respetarlo porque respetamos sus acciones,
la disolución del enfrentamiento entre Evo y los jueces corruptos en un silencio popular
anodino es causa de una vergüenza triste.
Le buscaremos tal vez una causa en los treinta años de dictaduras y neoliberalismo
bárbaros que antecedieron al indio Morales, y trataremos de decirnos que tanta
canallada y tanto crimen político tienen un precio inevitable también, y que la
corrupción no ha perdonado a nadie en Bolivia desde entonces.
Pero crece el convencimiento de que ese “pueblo enfermo” no era el pastor de llamas
ni el minero de pulmones destrozados ni las imillas usadas para desvirgar mocosos
sino esos mocosos hechos “hombres”, sus respetables familias y todo aquel que
protege con su silencio a los jueces más corruptos del universo.  
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Arturo
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Evo, USAID y Goldberg
Mayo 07