Evo derrotado por la Corrupción

El triunfo de Evo en las presidenciales de 2014 fue una victoria pírrica: después de
nueve años en el gobierno no puede alterar la gran división entre los bolivianos, esa
minoría del 40% contra la mayoría del 60% que busca su lugar bajo el sol con sus nuevos
derechos ciudadanos.
El mensaje fue claro entonces, como lo fue desde 2006: Bolivia quiere a Evo, pero lo
quiere sin sus ‘fieles’ corruptos ni una dictablanda que sólo puede derivar en dictadura.
Evo hizo milagros y estableció un antes y un después, pero a un precio demasiado alto,
posiblemente: con la derrota de Evo en 2014 (que sólo le devolviera al Palacio
Quemado, pero le quitó mucho del poder) y su derrota del 29 de marzo, cuando
repetimos nuestro eterno juego de hacer del pasado nuestro futuro como el perro que
quema la eternidad persiguiendo su cola, la vieja oposición hablará otra vez de la ‘media
luna’, Evo se habrá desacreditado (y con Evo, todos los indios) hasta perder la influencia
mágica que le hacía imprescindible y La Paz, como siempre, será la tumba de otro tirano
si Inti ha decidido castigarlo.
Costas se tomará días para colocar otra vez la horca que había preparado para Morales
en 2005 y Santa Cruz retornará al paraíso de las cunumis y los Brankos, pesadillas que
parecieron haber desaparecido hace 24 meses.
Doria Medina anunció varias veces el destino de Evo: será colgado del poste de
Villarroel, como no me cansé de predecir desde 2005. Tuto prepara maletas (quiera
Dios) y se va a Miami, a reunirse con sus amigos, los viejos rosqueros. Manfredo ha
descubierto que Washington le gusta y permanecerá allí, cómodo bajo la protección de
sus amiguitos de la CIA. Responsable de la sangre vertida en Cochabamba, a nadie se le
ocurre exigir su extradición, una pérdida de tiempo, plata y esfuerzo por lo demás.
Pero nace otra oposición: los bolivianos nunca aguantan las dictaduras.
Asociado como está con el Banco Mundial, con los oligarcas de la vieja ola y la
deslumbrante empresa privada enriquecida, Morales ya no es Evo, pero Evo tiene
todavía unos meses para demostrar que puede volver a serlo: debe eliminar los clavos
de su ataúd político, el Vicepresidente y el Ministro de la Presidencia, debe meter en San
Pedro y Chonchocoro a las tribus de indios ladrones que casi vaciaron el Fondo Indígena
aquel de tan mala fama y debe… Debe tanto, que posiblemente no podrá pagarlo todo:
Evo el de la chompa pertenece a la historia ya y aparecieron otros bailarines en esta
cueca.
Claro que la danza puede ponerse fiera: ignorantes feroces como son Branko, Costas y
Percy – los tres mosqueteros dispuestos a librar al mundo de esa indiada rebelde – no
verán que la indiada, asustada a medida que pasan los días, decidirá por su parte que el
cholo Murillo tenía razón: ‘la tea que dejo…, etc. etc.’ y cantarán a desgano el himno de
la república que pensaron (como yo, inocentón) difunta para siempre, decididos a
morirantes. (¡Cómo habrán de holgarse los rotos, Pachamamay!)
Ahora comienza la hora de Patzi, el Ollanta de Bolivia. Como se indica no sin cierto
orgullo, este indio habla los tres idiomas necesarios para hablar en casa, en la del vecino
k’ara y en Occidente. Como Olañeta, es un letrado. A diferencia de Evo, usa los libros y
sabe para qué sirven. Conoce, por decir algo, el ejemplo de Churchill, el británico que
venció a Hitler y perdió el poder político diez días después porque los británicos
decidieron negarle sus votos al no poder olvidar los abusos y las canalladas que les
infligiera el cara de dogo durante esa guerra feroz. Evo, en la luna.
Su educación permite a Patzi discernir la gran verdad histórica de que con las masas se
amasa la historia. Es con la sangre de la sal de la tierra que se escriben las glorias
humanas. Como decía Branko, el fuhrer camba a las madres humildes de su patrio lar:
‘derramaremos la sangre de vuestros hijos con gran responsabilidad’ (o algo parecido).
En pocas palabras: joderse es ley, humildes.
La posición de Evo es en verdad difícil. Los resultados de 2015, dice, son el reflejo del
‘voto-castigo’ contra la corrupción. No puede añadir, claro, que la corrupción de su
propio partido fue el ejemplo que siguieron los corruptos ‘puros’ que demostraron el mito
del amasua-amakella-amallulla.
Los indios, con fortunas en El Alto, creadores de super-empresas y nuevos estilos
arquitectónicos, son también ladrones sin conciencia pero… ¿Dónde ocultarán los
millones que se robaron? ¿Cómo harán para enviar a Suiza esa platita? ¿Qué hace una
chola (mirad el rostro de Huanca) con siete millones de…  ¿De qué? ¿USA$ o BO$?
Para Evo, ese debe ser un gran consuelo: lo único que pueden hacer los indios es
gastar su plata robada en su tierra. Ya veo a Achacollo en bikini y en Miami Beach. Eso,
comparado con Goni, es progreso: recuérdese el juicio de Evo sobre los empresarios
bolivianos: ‘son unos enanos…’ Enanos, si, acostumbrados a quebrar sus empresas y
hacer pagar al Estado los platos rotos. “No hay garantías”, lloran. Justamente donde no
hay garantías es donde se hacen los grandes empresarios: miren la historia de USA o,
más cerca, la de El Alto. Cual prefiere usted: ¿empresarios enanos o indios corruptos?  
Pero ahora, con un 66% de las alcaldías (otra vez ese maldito 40-60) todavía con el MAS,
la lucha será entre indios, entre los Evos y los Ollantas. Si Evo vence, será otro Goni si
es que no lo es ya. Si Patzi vence, Será otro Goni. El mismo Patzi anda diciéndolo. Hay
progreso: las elites podridas y apátridas (‘no hay garantías’) irán dejando el país en
manos de un indio o en las del otro. Bolivia tendrá, por fin, piel de cobre y ambos Gonis
falsificados darán paso a un nuevo líder. ¿Un Quispe, tal vez?   
Con Venezuela resbalando hacia el caos y Cuba revolucionando su Revolución, ¿qué
tenemos en el horizonte, sino tormentas?

  
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