Su Opinión
¡Fuera los Españoles Fascistas!
Arturo
Sus Libros

Una vez más, el Presidente de Bolivia se ha visto forzado a protestar contra los
desmanes de la prensa extranjera y el daño feroz que esa prensa causa al pueblo
boliviano cuando miente a Bolivia y al mundo, cuando “desinforma” y crea una dieta
diaria de absurdos y propaganda.
Esta debe ser la décima vez en que cito a El Mundo de SRZ, diario que pertenece a
la secta munista y es apátrida pero sería coreano si Moon, su fundador, tuviera
patria, hoy no para reírme de ese grupo de pretendidos “periodistas” sino para
recordar que, como sus colegas paceños y cochabambinos, trabaja también 24/7
contra los intereses del país. Sólo por repetirme diré que Moon “obsequió” a García
Meza dos millones de dólares para asesinar bolivianos. Porque el Diablo no duerme
nunca, sucede que El Mundo se ha convertido en el vocero único y preferido de ese
boliviano de pura cepa, Branko el presidentito de SRZ, abanderado de un nuevo tipo
de fascismo dictatorial, la “autoridad moral” de los cívicos que arrea desde hará un
mes.  
La Razón, impreso que adoptó el nombre de otro papel de triste memoria entre
quienes tienen el privilegio de conservar su memoria, ha llevado al Presidente a
hacer un chiste malo y a quejarse por dos de las incontables mentiras,
exageraciones, sugerencias, falsedades y abusos del lenguaje de que se hace cada
edición de esta nueva La Razón. La vieja fue un despreciable sirviente de la más
rancia rosca que sufriera este país. La nueva hace lo mismo para un lejano patrón
español.
Cuando se dice “español” en Bolivia se dice Luis Espinal. Cuando se menciona a los
españoles en nuestro país, casi siempre salta algún tipo de decente catadura que
recuerda a un español o a muchos españoles por quienes siente un cariño simple y
sincero.
Después de Espinal, que fue mi amigo y bautizó a una de mis hijas, recuerdo a dos
españolazos que ojalá hubieran sido inmortales para bien de Bolivia, José Luis
Corujo y Eduardo Berdegué.
Corujo era periodista y humorista aunque, de mirarlo, parecía desdecir de su humor
porque fue callado toda su vida, guapo, siempre de negro y siempre bueno,
paciente y generoso. El otro, Berdegué, trajo la Librería Selecciones a La Paz y fue
gracias a su bondad y amabilidad que aprendí cosas sobre mil y un libros en esos
pasillos de la Avenida Camacho en que alojó esa isla de civilización durante variados
años. A Berdegué debo yo mi afición por los toros, que Berdegué trajo para
enriquecer la vida paceña, y por la zarzuela, que trajo Berdegué para darnos
incontables noches de risas y alegría en el Muncipal.
Me sospecho que ambos, que ya se pasan del medio siglo en un mundo mejor,
vinieron a Bolivia huyendo del español más detestado del universo, causa de un
millón de muertos y “vencedor” tras la última lid entre los hombres buenos y libres de
España y el fascismo internacional. Cual sería el calibre de esos hombres buenos de
la República que se las arregló para atraer a los hombres buenos de todo el mundo
para defenderla y para fracasar en ese intento pues, ya se sabe, este mundo es de
Satanás. Pero esa gran tragedia fue tal vez causa de la venida de Corujo y
Berdegué a los Andes y de los incontables beneficios que su presencia significó
para miles de bolivianos. Hoy sólo puedo agradecerles desde el fondo de mi corazón
por  habernos visitado.  
Es la sombra de ese otro, un fascista retaco, feo y redondo, la que se proyecta
sobre La Razón hoy. Es una larga sombra que deriva en un Aznar y sus amigotes,
los que vinieron con Prisa para resucitar a ese viejo instrumento de la Rosca
tradicional boliviana para servir al fascismo internacional.
Porque tal objetivo es claro y translúcido, sólo podemos atribuir a una circunstancial
y muy remediable ignorancia en nuestro Presidente indio cuando se queja de las
maldades de esa nueva La Razón haciendo un mal chiste. No es difícil entender por
qué amenazó así Evo a La Razón cuando en verdad debería dejarse de chistes y
buscarle la salida legal que sin duda existe y que permitiría el fin, menos violento es
de desear, de esa nueva La Razón.
Sólo los gobiernos que son colonia económica y cultural del Imperio y sus asociados
universales permiten la existencia local de una prensa dedicada a servir intereses
claramente opuestos a los de su país y su pueblo, como es el caso de la “gran”
prensa boliviana y la de sus vecinos en el Continente de la Desesperanza.
Sólo un malentendido feroz permite la libre expresión diaria de los enemigos de la
nación y el abuso de las libertades democráticas hasta el extremo en que tales
enemigos pueden socavar la existencia misma de un país mediante sus falsedades y
mentiras.
Que tal labor logra sus objetivos lo demuestran los últimos meses de la política
boliviana, cuando las falsedades de la prensa local son copiadas, repetidas y
aumentadas por sus cómplices internacionales que informan mal y mienten al mundo
entero.
Que deben existir argumentos legales e internacionales para defenderse de esta
plaga es un supuesto, pero que el arma mejor contra ella es la voluntad soberana
de los pueblos y su necesidad vital de liberarse de tales males es  evidente.   
La Razón callará o cambiará sólo si los bolivianos se lo exigen, y si se lo exigen a
gritos. ¿Cómo se puede construir una nueva Bolivia cuando su vieja prensa se
dedica a hundirlo todo en un mar de mentiras? ¿Cómo podemos hablar de la Bolivia
nueva que decimos buscar cuando no movemos un meñique para poner a fin a ese
veneno diario que se vierte sobre nuestros ojos y nuestros oídos para engañarnos y
conducirnos a otra etapa de colonialismo económico y cultural?
Se han escrito muchos tomos y se ha reconocido a nivel mundial, por fin, este mal
social que es la prensa “internacional” en combate incesante contra los intereses de
cada pueblo en particular. Hoy, los hombres buenos del mundo libran una desigual
batalla para vencer al capital apátrida que financia una prensa apátrida para
engañar a mil millones. Como siempre y como en todo, nada es más efectivo que la
decisión individual, la de cada persona, de combatirla día a día, y esa decisión es
sencilla: no leer esa prensa apátrida, no ver nunca su TV, no aceptarla nunca, hasta
matarla de indiferencia.
En el caso boliviano, y dada la tradición de rebeldía y ánimo de combate que nos
distingue, tal vez no sería necesaria una medida mayor a un simple gesto de repudio
general expresado mediante una petición repetida por los pueblos en sus diferentes
órganos sociales. Sindicatos, asociaciones, clubes deportivos, hermandades y etc.
etc. y etc. deberían repetir un corto mensaje hasta lograr resultados. Es un mensaje
literalmente de tres palabras: “Españoles Fascistas, Váyanse!”
Una verdad triste puede empujarnos a apresurar ese repudio: si la prensa “grande”
boliviana continúa su nefasta labor, puede acabar con el Experimento Evo y
conducirnos a esa guerra civil que todo boliviano consciente debe evitar a toda
costa. La plata extranjera y un puñado de “periodistas” pueden matar, y pronto,  
todas nuestras esperanzas. Así de letal es esta plaga.




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Mar 07