E. — Exacto.

V. — El caso Suxo, por ejemplo, nos ha conmovido de un modo igual, y muchas cosas, como
la muerte de los 20 niños en Santa Cruz que murieron porque no había una vacuna... Pero,
claro, cuando leemos un diario pasamos rápidamente a otro tema: cuando leemos un libro, es
la misma voluntad, la misma volición de leer el libro nos empuja a  conocer un poco más
aquello sobre lo que estamos leyendo, y he aprovechado de este fenómeno para producir el
mismo tipo de impacto en el lector. Al menos, creo que lo he conseguido en varios casos…

E. — Esto, sin duda. Y... me parece que tal vez, en esa misma línea, no sé si entraría... Hay
toda una presencia muy fuerte del problema religioso, tal vez porque en nuestro pueblo,
digamos, viven nuestra religión en un sentido u otro— negativo o positivo — es muy
importante, diría que hay poco... a veces me ha desconcertado... digamos  es una especie de
ausencia de Dios, a ratos es un ataque contra las formas concretas de religiosidad, de
religión, de sacerdotes, de iglesias. A ratos parece casi una profesión de ateísmo. A ratos
parece, simplemente… Tal vez, el mismo "apocalipsis" me trae un poco e1 recuerdo de Job tal
vez, del hombre que inquiere de una manera valiente y una manera enormemente sincera
ante una serie de problemas que suenan casi a blasfemia por la sinceridad de la pregunta.
Me digo: no sé. No sé qué podría decirnos…  
V. — Si... la problemática religiosa, si es que hay una problemática religiosa de Antón... no se
refiere tanto a la inexistencia de Dios, sino a la ausencia de Dios. Como miembro de un
pueblo y de una sociedad cuya historia es a veces increíblemente trágica, Antón trata de
reflejar el desesperado deseo de que Dios se pronuncie alguna vez en la historia de su
pueblo. Y termina pues en un cierto cinismo, en un cinismo que consiste tal vez en que, como
Dios no se ha presentado nunca, ni nunca ha intervenido a fin de protegerlo o de hacerle
justicia, Dios le resulta innecesario. En este sentido hay tres o cuatro…. Vamos a decir partes
o capítulos, en los que se plantea esta problemática. Porque, si bien Dios – para mí, Dios es
un personajes muy importante en mi vida cotidiana – hago la misma demanda que hace mi
pueblo. A Dios le pregunto por qué no aparece aquí o allá cuando la suma de las iniquidades
ya parece absoluta. Entonces la posición de Antón frente al problema religioso, frente al
problema de Dios, es aquella que, sin negar la existencia de Dios, invita a mucha gente a
trabajar habiendo o no habiendo existido un Dios… Es decir, es aquella vieja apuesta de que
uno debe apostar a que Dios existe, exista o no. Porque si existe uno gana la apuesta y si no
existe, si Dios no existe, no importa perder la apuesta. Lo principal es el hombre, no Dios. En
lo que se refiere a la iglesia, en muchos sentidos, yo creo que la iglesia es una institución
obsoleta, nos distrae muchos esfuerzos como bolivianos y como católicos en general. Nos
hace construir iglesias donde deberíamos construir escuelas, nos hace gastar dinero en
misas cantadas donde deberíamos gastar dinero en pan para las gentes. Y en fin, tenemos
toda esta serie de posiciones que he tratado de defender un poco en Antón.

Tenemos toda esta serie de posiciones que he tratado de defender un poco en Antón. O sea,
en este sentido... Sí, el problema religioso se presenta, pero creo que en Antón no se ha
tratado de una manera completa. Simplemente se ha invitado a razonar un poco sobre el
tema.

E. — O sea, seria, digamos, una visión sobre todo sociológica del impacto que tiene la Iglesia
como institución, etc., ¿no?

V. — Si, por una parte. Por otra, el problema religioso mismo del modo de establecer una
relación constructiva con Dios. Digamos, no estéril ni, digamos, en cierto sentido destructiva,
¿no? Porque hay veces en que podría decirse que la construcción de una iglesia ha costado
una vida humana por cada piedra que se ha puesto en esa iglesia. De tal modo que  yo,
como religioso, no puedo ir a esa iglesia a orar, sabiendo lo que ha sucedido. O sea que, en
este sentido, Antón invita al lector a analizar un poco las cosas sin llegar, como digo, a
conclusión alguna. Ni el libro ni su autor creen que pueden decir lo que debe hacerse. Tanto
el libro como su autor están preguntando lo que debe hacerse. Nada más, ¿no?

E. — Supongo que algo parecido podría decirse de los aspectos políticos que tiene el libro. A
pesar de la confesión inicial, ¿no? (Ríe). Supongo que también hay más que una definición
en positivo, se cierran una serie de caminos y se insinúan otras posibilidades, se critican
algunas de ellas...
V. —   No...   Bueno, desde   el punto de vista del autor, que no siempre hace lo que quiere,  
sino sólo lo  que  puede, desde el  punto de vista político, el derrotero, el camino, el  relato en
el  libro nos lleva pues a un callejón  sin salida. En cierto sentido, se plantea una sociedad
injusta,  una  sociedad  muy  necesitada de cambio, necesitada de un cambio profundísimo, y
se plantea la incursión de un individuo un poco  peculiar dentro de esa sociedad, incursión
que se soluciona con  la violencia, pero la violencia no conduce a ninguna solución positiva.
El final de toda esta violencia es el final del país  mismo. De tal manera que, en cuanto a
política, lo único que estoy  buscando,  también… Digamos, mejor,  que Antón está
buscando,  es el  invitar nuevamente al lector a pensar, ¿no? No  está proponiendo, digamos,
una solución socialista, comunista,  cheísta,  maoísta.  El  libro está relatando algunas  cosas
que  todos  los  bolivianos hemos visto. El guerrillero joven que apela a la violencia y comete
una serie de crímenes. Por  supuesto,  la ficción  me permite exagerar los hechos pero, tanto
la sociedad como la encontró este joven guerrillero y él mismo se condenan a muerte y
desaparecen. No sé si el mensaje es claro en el libro, pero son "tragados" por sus vecinos,
¿no?, tanto el guerrillero como la sociedad donde se movía.
De tal manera que, en cuanto a política, no hemos propuesto un cambio espiritual, de
conciencia. Hemos criticado la politiquería y la violencia nuevamente.
SIGUE