Algunas Desventuras del Escribidor
Arturo von Vacano

No cabe duda de que la corta pero notable trayectoria de "Memoria del Vacío" es uno de esos
inesperados incidentes literarios que sería en muchas partes del mundo tema para algo más que los
chismes de café: más de 50.000 lectores han hecho muy feliz a su autor, y debo felicitarlo de todo
corazón aunque se da la rara coincidencia de que ese escribidor firma estas líneas.
Para dar una idea de lo que ese mágico "50.000" significa entre los autores criollos sería necesario
anotar que una edición de mil ejemplares se considera un gran lujo entre nosotros y que la costumbre de
que sea el autor quien financie la edición de un nuevo libro se ha establecido hasta hacerse casi ley.
También habrá que anotar, así sólo sea para los aficionados al fútbol, que otra "ley" se ha impuesto
desde hace rato, y es la costumbre general de ignorar la obra ajena: ambas costumbres malas están
envenenando nuestras letras y es posible que en un breve lapso les resulten letales. Esa desventura es
tal que, a riesgo de hacer el lelo, es necesario combatir ambos males con quijotesco empeño.

El Eco del Vacío
"Memoria del Vacío" fue presentado al publico lector con "un cierto orgullo" por NoticiasBolivianas.com,
un sitio en el Internet que muchos han calificado como el mejor de Bolivia y que es un vital y muy
importante servicio que hace Comteco desde Cochabamba al país todo al servirle las noticias del día con
el desayuno. Esta no es la primera vez que alguien se deshace en elogios para Comteco y Karim
Boudjema, creador de NoticiasBolivianas.com, y es de esperar que no sea la última: son tan escasas las
instituciones que sirven bien al país que la existencia de ese puñado debería ser defendida por cada
boliviano con uñas y dientes.
El caso fue que Boudjema invitó la aparición de "Morder el Vacío" después de invitar a otros dos autores
de reconocida trayectoria a presentar obras que también merecieron multitudinaria atención entre los
lectores que circulan por el Internet.
Pero las desventuras del escribidor no se limitan a esa preocupación ni a la vigencia de una industria
editorial reducida a lo que en otras partes se llama "fábrica de vanidades", esto es, una industria que se
limita a publicar libros cuyos autores pagan su edición, costumbre que el mundo exterior conoce ya como
enemiga del libro y, por supuesto, de la esencia misma de una democracia bien entendida. Si sólo los
que las pagan pueden publicar sus obras, esa industria se reducirá al comercio de pasquines o poco
menos.
Otro síntoma de esa enferma situación es la falta generalizada de comentaristas interesados en difundir
(así sea maldiciéndolas) entre diversos públicos las obras que aparecen en cada mercado.
No hablemos de especialistas en este caso porque estaríamos hablando de especímenes inexistentes,
pero mantengamos la esperanza, y tratemos de convertirla en realidad cotidiana, de que podemos
sostener un dialogo vivo e interesante en nuestros impresos de diversa índole sobre los pocos libros
locales que invitan nuestra atención. Tal diálogo es vital para todo país civilizado.
Nadie sueña con vivir de lo que escribe, pero la gran mayoría de los autores necesita conocer la opinión
de sus lectores del modo en que un niño presenta
su primer dibujo a su familia y le pide su aprobación. Como aprobación o condena, la opinión de su
pueblo sobra su obra es necesaria para cada autor.
Este escribidor recuerda los buenos tiempos (aunque nunca lo hubiera creído) de las dictaduras que
sufrió durante su juventud y de las páginas enteras que merecieron por entonces sus enclenques
esfuerzos. "Antón", al que más cariño le tuvo, armó un notable terremoto el día en que nació, y allí están
los archivos de Presencia, Ultima Hora y otros diarios que, siempre con sacrificios, mantuvieron
encendida la tea literaria. ¿Dónde, los herederos de esa tradición tras décadas de democracia formal?
No sólo no existen ya comentaristas ni comentarios sobre las obras más recientes (¿quién hará un
trabajo periodístico algo serio sobre el ultimo premio nacional de novela?), sino que tampoco existen
espacios (palabra de moda) donde pudieran aparecer esos sesudos trabajos.
No fue extraño, por eso que, después de enterarse sobre su lector #50.000, el autor de "Memoria del
Vacío" descubriera el "eco del vacío", el brutal silencio que nace de la prensa oral, escrita, digital y de
otros tipos ante la producción literaria del país.

¡Ay, esos Chilenos!
Un incordio que ha acosado a este escribidor durante su vida entera ha sido la búsqueda de un editor
para su magra obra. Los escribidores saben cuan importante es un editor, no sólo como el ángel que
presentará su libro a Su Majestad, el Público, sino también como la autoridad de gruesos lentes que
quita y pone las comas, los puntos, los párrafos y a veces hasta las ideas que parecen sobrar o faltar en
cada manuscrito. Por eso se dicen editores, aunque los de hoy en día lo hayan olvidado. La ausencia de
un editor explica los gazapos, por suerte no muy abundantes, que asoman en "Memoria del Vacío".
Tal ausencia, sufrida durante seis décadas, fue el acicate que llevó a este escribidor a aprender un poco
sobre las computadoras y no parar hasta presentar al mundo ancho y ajeno una librería digital, una
librería que vive en el aire literalmente pero es tan buena como cualquier otra para ofrecer libros al
mundo.
Imagine el improbable lector el entusiasmo con que esa librería fue lanzada al Internet. Imagine el
entusiasmo con que su administrador ofreció esos estantes etéreos a sus colegas compatriotas para que
presentaran versiones digitales de sus libros al mundo entero y las vendieran por uno o dos dólares
porque si la idea fuera hacer dinero todos seríamos políticos.
Imagine la tristeza que domina a ese administrador cuando, años después de lanzar esa iniciativa, sólo
uno de sus colegas entendió la idea y ofreció su libro por ese medio: Andrés Solíz Rada con su "The
Fortune of the President", cuya versión en español aún no llega, aún no llega.
Pero le visitan lectores de otras latitudes. No son miles, sino uno o dos por día, pero son. Desde la
aparición de "Memoria del Vacío" hace un par de meses, varios cientos de "copias" digitales de esa obra
se vendieron en esa librería, la mayoría a lectores chilenos, interesados tal vez en el vacío que creen
detectar al otro lado de los Andes. avonvac,com recibió lectores de todo el Continente menos de Bolivia,
y así el "eco del vacío" le alcanzó también.
El ciclo se va cumpliendo. La falta de editores capaces de editar (y no sólo de manejar máquinas de
calcular), la falta de comentaristas interesantes (ahora que parece que Cachín parece dedicarse sólo al
fútbol) y la falta de espacios de papel o digitales nos ha dado otro fruto podrido de la democracia formal:
una industria editorial que ilustra esa agonía de nuestra cultura que todos sufrimos a pesar del interés
del pueblo que lee.
Un pueblo sin libros es un pueblo sin futuro; sin libros, no puede estudiar ni evaluar el pasado, no puede
entender el presente y sólo puede crear un caos perenne. El que muchos piensen que es justamente
eso lo que hemos creado con nuestra democracia formal tampoco es consuelo para nadie.
Durante los 9 meses en que “Memoria del Vacío” aparece en NoticiasBolivianas.com Comteco, el libro ha
sido leído por 98.834 personas y 63.632 lectores lo bajaron como texto completo.
Un diez por ciento de estas cifras hacen ya historia en la industria editorial boliviana y compiten con los
éxitos de circulación de las principales capitales del mundo.
Arturo sólo puede agradecer de modo muy especial a Karim Boudjema, creador de NoticiasBolivianas.com, y
a Comteco por acoger a “Memoria del Vacío”.
Hoy, Enero 4 de 2005, la cuenta continúa…
Pero en Enero 4 de 2006 la cuenta terminó
.
El libro sigue en NoticiasBolivianas.com.
Gracias, Karim.
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