Su Opinión
Otro Escándalo Fascista
Arturo
Sus Libros

Como se sabe, nuestro país es tan pobre que el prefecto de Tarija, un pueblo que
cabe en un dedal, se gasta ocho millones de dólares en compensar a sus
compadres para que no se enojen. Pero el chiste ha variado. No sólo somos
mendigos sentados sobre un trono de oro, sino que millones y hasta billones de
dólares devaluados nos llueven cada hora, hasta el extremo de que uno se pregunta
si será necesario el presupuesto anual de USA para dar de comer una vez al día a
seis millones de caraduras protegidos por la bandera nacional. Cuente usted los
millones de que habla cada edición de la prensa “grande” y trate de explicarse
después cómo aparecen y desaparecen semejantes fortunas cada 24 horas.
Vivimos una granizada de oro estos días, si se ha creer a los titulares.
Así y todo, el estado boliviano no puede reunir diez mil pichiruchis dólares para
compensar una vez al año al autor de una novela elegida por  jueces cuyas
habilidades y méritos no voy a discutir hoy (¡Respiren, vejetes!) porque prefiero
referirme a otro escándalo inédito, como diría García Meza,
y propio sólo de un país en que lo absurdo y lo cómico baten registros universales
cada siete minutos.    
Este escándalo nace en el hecho de que ni el estado ni las numerosas y, algunas,
ricas editoriales bolivianas están dispuestos a invertir esos diez mil cochinos dólares
a fondo perdido para hacer feliz a un autor por año premiando el Concurso Nacional
de Novela.
El resultado es una situación más absurda y cruel que el resto del horizonte
nacional: en un país singular por su increíble historia social entre cuyos personajes
se dan tíos como Evo, Branko, Banzer, Tito Hoz de Vila y otros monstruos, nadie
escribe sobre política, nadie detalla la historia de los 22 años de El Alto, ciudad sin
paralelo en el universo todo, sino que la actual generación de jóvenes talentos
prefiere hacer obras maestras del genero policial, de ciencia ficción, de fantasía,
posiblemente de cocina internacional y, más que seguro, de sexualidad alterada y el
amor corrupto entre  llamas y camellos.
¿Por qué?, me lo pregunta Louise Balladars, acuciosa observadora de la escena
literaria y teatral boliviana desde la orilla izquierda del Sena, que es el lugar más
cómodo y agradable para espiar tal escena, y yo me veo forzado a contarle un
cuento triste.
Porque, como el estado boliviano es un mendigo profesional y el sector privado
boliviano es un mendigo aficionado, un editor español más bandido que Pancho Villa
decidió “invertir” en el Premio Nacional de Novela ocho mil dólares anuales con una
sola condición no escrita: Jamás premiaréis a un izquierdista, coño. ¡Jamás de los
jamases!
Obedientes como buenos colonizados, los nombres más conocidos del horizonte
cultural boliviano se sometieron a este dictado mudo y fascista y crearon escándalos
literarios anuales al tiempo que ensuciaban su flaco prestigio provinciano y local.
Aquí es necesario decir que el Premio 2007 no ha salido todavía a la venta y este
humilde como respetuoso y agachado comentarista no puede, por tanto, emitir juicio
alguno sobre el valor literario de esa obra por dos razones. Una, porque todavía no
se ha publicado ese libro pues, tontines. Otra, porque este comentarista es un
ignorante absoluto sobre cuestiones literarias y jamás he emitido juicio alguno en
ese sentido. No se atreve.
Será ignorante y viejo, pero tiene buena memoria. Los Premios 2005 y 2006 fueron
sonados escándalos y, es de suponer, de venta pobre. Entre los premiados
anteriores se cuenta el ya cuasi-joven autor cuyas relaciones con sus lectores
locales le han llevado a negarse desde ayer nomás a tocar otro tema boliviano en lo
que le queda de su pobre vida. Hasta ese extremo lo quieren y aman sus lectores
bolivianos, esos cuatro gatos. ¿Su último texto?  Sobre un Palacio Quemado en que
los “malos” son los humildes y los “buenos” son los otros, por decirlo en suave.    
Este es el país de Montenegro, el Chueco Céspedes, Jesús Lara y Don Augusto
Guzmán, sólo por citar a cuatro tigres. Es el país en que TODAS las artes se nutren
de la lucha social del pueblo boliviano, desde Don Pedro Domingo hasta la Higuera.
Miren la pintura y la escultura. Escuchen la música popular y la de cámara. Cada
obra es un ejemplo que ilustra la lucha de las izquierdas en Bolivia. Casi se diría que
cada autor que goza de cierto respeto es zurdo.
Pero, como ocho mil dólares son una cifra considerable, sobre todo en un país en el
que podrían alimentar a un tipo durante ocho mil días, los autores jóvenes y menos
jóvenes de la actualidad han decidido seguirle el juego a la editorial española
fascista y competir en esos géneros “nuevos” para la literatura boliviana. “¡Más
cornadas da el hambre, coño!”, explican su decisión, y dejan la verdadera tragedia
de Bolivia en manos de norteamericanos, ingleses y esos otros que están
escribiendo novelas sobre Bolivia desde hace buen rato. ¡Felicidades, escribidores,
y el Diablo os cargue!
A mí, y si pudiera escribir literatura, no me interesarían ni los premios ni los dineros
que ese oficio puede ofrecer en Bolivia. Ocho mil dólares me parecen minucias para
comprar una consciencia humana, así fuera para vituallas. Competir por un premio
plagado de escándalos tampoco me suena muy atractivo. Sólo Dios sabe qué  
“escritores” habrán “arreglado” con qué “jurados” esos premios. Miren nomás a ese
“Cóndor de los Andes”, Guttentag, viejo cangrejo.
Claro que los tiempos cambian y he visto algunos jóvenes prometedores entre los
que hacen sus blogs, no todos siguiendo la irónica fórmula Borges que consiste en
publicar primero y pensar luego en lo que se publicó, y que podrían darnos el gusto
de escribir una verdadera novela que nos diera un primer autor boliviano de
prestigio universal, así fuera menor.
Si tal mártir existe, deberá permitirme una sugerencia. Olvídese de la posteridad,
niéguese a esa cochina editorial fascista, escriba mil palabras cada día y comience a
guardar centavos para pagar la publicación de su libro.
La otra solución es pegarle un puñete en su cara a Reyes Villa y escaparse a
Suecia, a pedir asilo. Si se lo dan, hasta su libro se lo pagan y publican. Ah, pero
todo tiene un precio. Hay aprender a hacerse el sueco y hablar su idioma.   
Aún habría otra: expulsen al editor fascista y que se guarde sus cochinos ocho mil
dólares. Haremos vaquita entre todos y juntaremos nueve mil, pa’que vea. No. Eso
no, dicen los cumpas. No se puede, pues. Mejor, así nomás que sea para siempre.
Morir antes que esclavos vivir.     
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Mar 07